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5 · GABRIEL

GAbrIEL

A las seis de la tarde, Adrián ya no sabía qué creer.

Cada pieza por separado tenía una explicación. El audio podía ser artificial. El vídeo del parking podía estar manipulado. La llamada podía haber sido borrada por cualquier motivo. Las fotografías antiguas quizá pertenecían a una vida de Clara que él no tenía derecho a conocer al detalle.

Juntas formaban otra cosa.

Clara estaba sentada en el sofá con las piernas recogidas. No había comido.

—Tenemos que hablar —dijo Adrián.

—Llevamos todo el día hablando.

—No. Llevamos todo el día evitando hablar.

Ella dejó el teléfono sobre la mesa.

—Pues habla.

—¿Salía Gabriel en las fotos que estabas borrando?

El silencio fue suficiente.

—Joder.

—No es lo que piensas.

—Ni siquiera sé qué pienso.

—Fue hace muchísimo tiempo.

Adrián se quedó quieto.

—¿Qué fue hace muchísimo tiempo?

El móvil de él vibró.

Número desconocido.

Una fotografía.

Un restaurante. Una mesa junto a un ventanal. Gabriel sentado frente a una mujer.

Clara.

En la esquina inferior aparecía una fecha.

14/09/2026 - 21:34.

Veinte días antes.

Adrián levantó los ojos.

—Dime que es falsa.

—Lo es.

—¿Estuviste en ese restaurante?

—No.

—¿Viste a Gabriel ese día?

—No.

Amplió la imagen. El pelo de Clara, su reloj, incluso el abrigo color arena que él le había regalado el invierno anterior.

Debajo llegó un segundo mensaje.

PREGÚNTALE POR QUÉ TE MIENTE.

Adrián le mostró la pantalla.

—Te lo pregunto.

Clara se llevó una mano a la boca.

—No puedo.

—¿No puedes qué?

—Hablar de esto.

—Un hombre está muerto.

—Ya lo sé.

—Tengo tu puta voz diciendo que lo mataste.

—¡Ese audio es falso!

—¿Y la foto?

—También.

—¿Y Gabriel?

Aquella vez el silencio fue distinto.

Adrián bajó el teléfono.

—¿Quién era Gabriel?

Clara empezó a llorar sin ruido.

—Lo conocías.

Asintió.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de conocerte.

—¿Qué era?

Clara miró la fotografía del teléfono.

—Mi novio.

Adrián sintió una punzada desagradable, no por celos sino por la facilidad con que una vida entera podía contener habitaciones que él no sabía que existían.

—¿Por qué dijiste que no lo conocías?

—Porque si te decía quién era tenía que contarte lo demás.

—¿Qué demás?

Clara cerró los ojos.

—Gabriel y yo hicimos algo hace quince años.

Adrián dejó el móvil sobre la mesa.

—¿Qué hicisteis?

Ella abrió los ojos.

Parecía aterrorizada.

—Matamos a un hombre.