Capítulo 28 — Lo que ambos temían
(Presente — Juliana y Alejandro)
Nos sentamos juntos en el pequeño balcón privado de su habitación, con el café enfriándose lentamente entre nosotros sobre la mesa pequeña de metal, y por primera vez desde el reencuentro inicial en aquella cena de ensayo, hablamos completamente sin ninguna cautela adicional.
—Tengo mucho miedo de fallar de nuevo —confesé, mirando fijamente el paisaje del pueblo despertando lentamente frente a nosotros—.
No exactamente en el sentido de que la relación en sí misma fracase.
Más bien en el sentido de que sea yo quien termine arruinándolo todo otra vez, porque nunca aprendí realmente cómo confiar en alguien sin necesitar controlarlo absolutamente todo a mi alrededor.
—Y yo tengo mucho miedo de volver a desaparecer detrás de mis propias buenas intenciones mal dirigidas —respondió él, con una vulnerabilidad que no le había visto mostrar tan abiertamente antes—.
De pensar, equivocadamente otra vez, que protegerte significa necesariamente alejarme de ti, en vez de quedarme presente e incomodarme genuinamente por tu bienestar.
—Entonces, en el fondo, los dos tenemos exactamente el mismo miedo, solo que con nombres ligeramente distintos.
—Parece que sí, efectivamente.
Hablamos durante horas enteras esa mañana — de todo lo que habíamos aprendido individualmente durante esos cinco años de separación, de cómo cada uno había cambiado profundamente como persona, de lo que necesitaríamos hacer de manera distinta esta vez si de verdad queríamos intentarlo con seriedad: comunicación genuinamente honesta en vez de silencios educados y evasivos, decisiones importantes tomadas siempre juntos en vez de sacrificios unilaterales disfrazados falsamente de nobleza personal.
—No va a ser nada fácil —dijo Alejandro en algún momento, con una honestidad realista—. Todavía vivimos, técnicamente, en ciudades completamente distintas. Todavía tenemos carreras profesionales que nos exigen mucho tiempo y energía.
—No, definitivamente no va a ser fácil en absoluto.
—Sonreí, sintiendo, por primera vez en años enteros, una esperanza genuina que no venía acompañada del pánico habitual—.
Pero esta vez, al menos, sabemos con exactitud qué fue específicamente lo que no funcionó la primera vez.
Eso, sin duda alguna, tiene que valer para algo importante.
—Tiene que valer para todo, Juliana. Absolutamente todo.