"SEGUNDAS OPORTUNIDADES" Capítulo 27 — El café de la mañana
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Capítulo 27 — El café de la mañana

(Presente — Alejandro)

No esperé pasivamente una respuesta que quizás nunca terminaría de llegar. En vez de eso, a la mañana siguiente, toqué decididamente la puerta de su habitación con un café en cada mano y absolutamente ninguna certeza real sobre cómo sería recibido.

Juliana abrió la puerta, todavía en pijama, visiblemente sorprendida de encontrarme ahí.

—Sé que anoche te fuiste porque necesitabas espacio para pensar, y respeto completamente eso —dije, antes de que pudiera cerrar la puerta de nuevo o inventar alguna excusa rápida—.

Pero hay algo que necesito decirte de todas formas, y prefiero decírtelo ahora mismo, aunque no estés completamente lista para escucharlo, a quedarme callado otra vez como hice, cobardemente, hace cinco años enteros.

Ella no dijo nada de inmediato, pero tampoco cerró la puerta frente a mí.

—La primera vez, dejé que te fueras porque pensé, equivocadamente, que era lo más generoso que podía hacer.

Pensé que amarte de verdad significaba no convertirme en un peso adicional en tu camino hacia el éxito.

Pero he tenido cinco años completos para darme cuenta, con mucho dolor, de que eso no fue generosidad genuina en absoluto — fue cobardía disfrazada cuidadosamente de sacrificio noble.

Debí haber peleado por lo nuestro con todas mis fuerzas.

Debí haber dicho claramente que no me importaba en absoluto la distancia si eso significaba seguir estando contigo, en vez de rendirme con tanta educación aparente que ni siquiera llegamos a pelear de verdad por lo que teníamos juntos.

—Alejandro—

—Déjame terminar de decir esto, por favor.

—Respiré hondo, intentando mantener la voz firme—.

No estoy pidiéndote que confíes ciegamente, sin ninguna prueba, en que esta vez todo va a ser completamente distinto.

Sé perfectamente bien que la confianza real se reconstruye poco a poco con acciones consistentes, no se declara simplemente con palabras bonitas.

Solo te estoy pidiendo la oportunidad genuina de demostrártelo, con hechos concretos, durante todo el tiempo que sea necesario.

No me voy a ir a ninguna parte esta vez, Juliana. No otra vez, pase lo que pase.

Ella tenía los ojos visiblemente brillantes cuando finalmente habló. —¿Y si me asusto otra vez en el camino? ¿Y si termino huyendo de nuevo, como acabo de hacer anoche mismo?

—Entonces voy a estar aquí esperando pacientemente, tantas veces como sea necesario.

—Sonreí, un poco tembloroso pero genuino—.

Soy escritor, después de todo. Se me da relativamente bien esperar el momento correcto para las palabras realmente importantes.

Puedo aprender a esperarte también a ti, con la misma paciencia.

Ella tomó finalmente el café de mi mano extendida, con los dedos ligeramente temblorosos, y por primera vez en toda esa conversación tan cargada, sonrió de verdad, sin ninguna máscara.

—Eso fue una frase bastante buena, para haber sido improvisada a las ocho de la mañana sin ensayo previo.

—Llevo cinco años enteros practicándola mentalmente, si quieres que sea completamente honesto contigo.