Capítulo 29 — La llamada de Valentina
(Presente — Alejandro)
Valentina me llamó dos semanas después de la boda, mientras revisaba fotos finales del evento para enviarle a Camila y Sebastián.
—Tengo una foto tuya que creo que deberías ver —dijo, con un tono divertido en la voz—. La tomé esa noche, cuando estabas mirando hacia el otro lado del salón con esa cara de poema trágico de la que hablaba tu amigo Sebastián, aparentemente.
—¿Sebastián te habló de eso?
—Sebastián le habla a todo el mundo de todo. Es adorable, pero no muy discreto. —Se rió—. De todas formas, te la voy a mandar. Creo que necesitas verla desde afuera para entender cuán obvio era todo lo que estabas sintiendo.
Me envió la foto minutos después: yo, apoyado en la barra, con una expresión que efectivamente no dejaba lugar a dudas sobre hacia dónde estaba dirigida toda mi atención, y al fondo, ligeramente desenfocada pero inconfundible, Juliana riendo con Camila cerca del pastel.
—Es bastante incriminatoria, tienes razón —admití.
—¿Cómo va todo eso, por cierto? ¿Terminaron hablando, o sigues siendo el hombre del poema trágico no resuelto?
—Terminamos hablando. Mucho, en realidad. Y de hecho—. Dudé un segundo, sin saber exactamente cómo resumir las últimas semanas—. De hecho está yendo sorprendentemente bien.
—Me alegra genuinamente escuchar eso, Alejandro. —Y sonaba, para mi alivio considerable, completamente sincera—. Guárdame la invitación a la boda, entonces, cuando llegue el momento. Puedo ofrecerte una tarifa de amigos.
Nos reímos juntos, y colgamos con la calidez fácil de dos personas que, sin haberse conocido en las circunstancias correctas para algo romántico, habían encontrado de todas formas una amistad genuina que valía la pena conservar.