Capítulo 23 — El baile
(Presente — Alejandro)
—Baila conmigo —dije, extendiendo la mano hacia ella, sorprendiéndome incluso a mí mismo con la valentía repentina de la propuesta.
Juliana miró mi mano un segundo entero antes de tomarla, con una vacilación que no supe si interpretar como buena o mala señal. —Esto es una mala idea.
—Probablemente la peor idea de todo el fin de semana.
—Voy a hacerlo de todas formas, entonces.
Nos movimos juntos entre las demás parejas en la pista, no particularmente bien coordinados al principio, riéndonos genuinamente de nuestra propia torpeza compartida como si los últimos cinco años enteros simplemente no hubieran ocurrido nunca.
—¿Recuerdas cuando intentamos aprender salsa para la boda de tu prima? —preguntó ella, y sentí una calidez inesperada al notar que todavía recordaba, con tanto detalle, algo tan aparentemente pequeño.
—Fuimos absolutamente terribles.
—Fuimos *catastróficos*. —Se rió, una risa completamente real, la misma exacta que había escuchado por primera vez en la biblioteca hace tantos años—. El instructor nos pidió, con una amabilidad forzada, que por favor practicáramos en casa antes de volver.
—Y practicamos. Durante semanas enteras.
—Y seguimos siendo terribles después de todo ese esfuerzo.
—Pero nos divertíamos siéndolo juntos, al menos.
Nos quedamos en silencio un momento, moviéndonos lentamente, más cerca de lo que la canción técnicamente ameritaba.
Podía sentir su respiración cerca, el calor específico de su mano entrelazada con la mía, y por un instante completo el resto del mundo entero —la boda, los invitados, los últimos cinco años de silencio acumulado— pareció volverse distante, casi completamente irrelevante.
—Juliana—
—No lo digas —susurró, aunque no sonaba exactamente como una orden, sino más bien como un ruego genuino—. Todavía no. Tengo miedo de que si lo dices en voz alta, y esta vez tampoco funciona, no vaya a ser capaz de soportarlo otra vez.
Asentí lentamente, aunque una parte considerable de mí quería decirlo de todas formas, sin importar el riesgo.
La canción terminó poco después, y con ella, el momento — casi, pero no del todo, un beso que ninguno de los dos se atrevió finalmente a completar, quedándose suspendido en el aire entre nosotros como una pregunta sin responder.