Capítulo 20 — El café pendiente
(Presente — Alejandro)
Valentina me encontró de nuevo cerca de la barra, ya entrada la noche, con esa naturalidad suya que no exigía nada, simplemente ofrecía compañía.
—Sigo esperando ese café que te debo, o que te debo yo, en realidad no recuerdo quién invitó a quién —dijo, apoyándose casualmente en la barra a mi lado.
—Yo tampoco lo recuerdo con precisión. Pero acepto de todas formas.
—¿Mañana, antes de que todos se vayan? Hay una cafetería en la plaza que hace un espresso decente para ser un pueblo tan pequeño.
—Mañana suena bien.
Lo dije con sinceridad, en ese momento — Valentina era, sin ninguna duda, el tipo de persona con quien una conexión sencilla y sin complicaciones históricas hubiera sido perfectamente posible, incluso deseable.
Pero mientras lo decía, mi mirada se desvió, casi sin mi permiso consciente, hacia donde Juliana conversaba con Camila cerca del pastel, y algo en mi pecho reconoció, con una claridad incómoda, que ya no estaba completamente disponible para esa posibilidad, sin importar cuánto sentido lógico tuviera.
—Estás mirando hacia allá otra vez —dijo Valentina, sin ningún reproche real en la voz, más bien con una observación divertida—. La productora, ¿verdad? La que te pone esa cara.
—Es complicado.
—Siempre lo es, con las historias que valen la pena. —Sonrió, sin ninguna amargura aparente—. No te preocupes, Alejandro. El café sigue en pie, pero no como una cita romántica que ninguno de los dos parece querer del todo. Como dos personas que probablemente se van a llevar bien de todas formas.
Sentí un alivio genuino ante su franqueza, junto con un respeto renovado por alguien que, evidentemente, tenía una claridad emocional que a mí todavía me faltaba considerablemente.
—Gracias por entenderlo antes que yo mismo.
—Es un talento que desarrollé fotografiando bodas. Se aprende a leer estas cosas rápido.