Capítulo 19 — Máscaras en la recepción
(Presente — Alejandro)
La recepción tenía ese tipo específico de música que obliga a bailar incluso a las personas que preferirían firmemente no hacerlo.
Vi a Juliana en la pista con Nicolás, riendo genuinamente de algo que él le había dicho, y sentí un tirón incómodo en el pecho al que no tenía, técnicamente, ningún derecho legítimo.
—Deja de mirarla así —dijo Sebastián, apareciendo a mi lado con dos copas de whisky y entregándome una sin siquiera preguntar si la quería—. Vas a hacer que alguien note algo evidente.
—No estoy mirando de ninguna forma en particular.
—Alejandro. Te conozco desde la universidad, hermano. Esa es exactamente tu cara de "estoy componiendo mentalmente un poema trágico en este preciso instante".
No pude evitar reírme un poco, a pesar de que no tenía muchas ganas reales de reírme de nada.
—¿Qué se supone exactamente que haga, Sebastián? Han pasado cinco años completos y todavía…
—¿Todavía qué?
No terminé la frase en voz alta. No hacía falta pronunciarla para que fuera absolutamente cierta.
—Mira —continuó Sebastián, con un tono más serio del que solía usar—, no sé exactamente qué pasó entre ustedes dos hace cinco años, nunca quise preguntar los detalles porque no era asunto mío.
Pero llevo dos días viéndolos orbitar el uno al otro como dos planetas que se niegan a admitir que comparten la misma gravedad.
—Es más complicado que dos planetas, Sebastián.
—Siempre lo es. Pero desde afuera, hermano, se ve bastante simple: los dos siguen sintiendo algo, y los dos están demasiado orgullosos, o demasiado asustados, para decirlo en voz alta.
No respondí de inmediato, dándole un trago largo al whisky mientras observaba a Juliana reírse de nuevo con Nicolás, un sonido que, para mi propia incomodidad, no lograba sonar del todo genuino a la distancia.
Valentina se acercó en ese momento con su cámara colgada del cuello, comentando algo divertido sobre una toma espontánea que acababa de capturar de los novios.
—Deberías sonreír más esta noche —me dijo, levantando la cámara, lista para el momento—. Se te ve bien cuando sonríes de verdad, no esa sonrisa de cortesía que le has estado dando a todo el mundo.
Sonreí, por pura cortesía inicial, mientras por el rabillo del ojo veía a Juliana reírse de algo al otro lado del salón, y pensaba, con una claridad incómoda que se negaba a desaparecer, que llevaba cinco años enteros fingiendo, con distintos grados de éxito, que estaba completamente en paz con cómo habían terminado las cosas entre nosotros.
—¿Todo bien? —preguntó Valentina, notando mi distracción evidente.
—Sí. Solo… pensando en cosas viejas.
—Las bodas hacen eso. Remueven cosas que uno prefiere mantener quietas. —Se encogió de hombros, con una sabiduría casual que no esperaba de una conversación tan breve—. Avísame si quieres esa foto para cuando estés listo para sonreír de verdad.
Se alejó, dejándome con el whisky, la música de fondo, y la vista clara, del otro lado del salón, de Juliana quitándose delicadamente uno de sus zapatos bajo la mesa, un gesto tan pequeño y tan característicamente suyo que sentí que el pecho se me apretaba de una forma que ya no podía seguir ignorando.