"SEGUNDAS OPORTUNIDADES" Capítulo 18 — La canción
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Capítulo 18 — La canción

(Presente — Juliana)

La ceremonia fue esa tarde, celebrada en el jardín principal del hotel bajo un arco decorado con las mismas peonías blancas que habían generado tanto drama esa mañana, y fue hermosa de una forma que me hizo llorar genuinamente — no exactamente por la boda en sí, sino porque Camila se veía tan segura, tan completamente convencida de haber encontrado a la persona correcta, que despertó en mí pensamientos que había pasado años enteros evitando pensar directamente.

Los novios eligieron, para su primer baile de la noche, una canción que reconocí de inmediato en cuanto empezaron los primeros acordes.

No era exactamente la canción de Alejandro y mía —nunca tuvimos, formalmente, una canción propia— pero era de la misma época exacta, del mismo verano específico en que todo entre nosotros había empezado, y bastó para transportarme de vuelta, sin ningún aviso previo, a un cuarto de estudiante con las ventanas abiertas al calor de agosto y su voz leyéndome algo en voz baja mientras yo fingía trabajar en mi laptop.

Lo busqué con la mirada entre los invitados, sin poder evitarlo, casi como un reflejo incontrolable. Lo encontré ya mirándome, del otro lado del jardín, con una expresión que no supe leer del todo — quizás porque no quería admitir lo que sí reconocía en ella.

Ninguno de los dos dijo nada. No hacía falta ninguna palabra.

Nicolás, mi acompañante oficial para el fin de semana —un colega de producción con quien había trabajado en tres proyectos distintos, nada más que eso, aunque Camila insistía, con una sonrisa sospechosamente insistente, en llamarlo "tu cita"— me pasó un pañuelo de tela sin preguntar nada.

—Las bodas siempre te ponen sentimental —comentó, sin tener idea alguna de la mitad exacta de lo que estaba ocurriendo dentro de mi cabeza en ese momento preciso.

—Algo así —respondí vagamente, guardándome cuidadosamente el resto de la explicación.

Al otro lado del salón, vi a Alejandro sacar discretamente su teléfono y escribir algo con rapidez, como quien necesita capturar un pensamiento fugaz antes de que se le escape por completo.

Me pregunté, no por primera vez esa noche ni tampoco por última, qué estaría anotando exactamente.

Me pregunté, con una mezcla incómoda de esperanza y temor, si tendría algo que ver conmigo.

Aparté la mirada primero esta vez, por una vez en todo el fin de semana.

Se sintió como una pequeña victoria personal que no supe explicarme del todo, ni siquiera a mí misma, mientras la música continuaba y los novios giraban lentamente en la pista, ajenos por completo a la tormenta silenciosa que se desataba a pocos metros de distancia.