Capítulo 6 — Nicolás, antes de todo esto
(Presente — Juliana)
Conocí a Nicolás casi tres años después de la ruptura, en un rodaje complicado para un cliente exigente que nos tenía a ambos trabajando dieciséis horas seguidas bajo un sol implacable, tratando de capturar la toma perfecta de un atardecer que se negaba obstinadamente a cooperar con nuestro cronograma de producción.
—Si tuviera que adivinar —me dijo, sentado a mi lado en el suelo del set improvisado, ambos completamente exhaustos—, diría que odias este trabajo con la misma intensidad exacta con la que lo amas.
—Es una observación sorprendentemente precisa para alguien que acabo de conocer hace ocho horas.
—Tengo un don. —Sonrió, ese tipo de sonrisa fácil que, descubriría con el tiempo, era prácticamente su estado permanente de existencia—. También diría que hay una historia detrás de por qué trabajas tanto que nunca me vas a contar en este rodaje.
No se equivocaba, aunque tampoco insistió en averiguarlo, algo que agradecí profundamente en ese momento y que se convirtió, con los meses, en una de las razones por las que trabajar con él se sintió tan sencillo.
Nicolás nunca exigió las partes de mí que no estaba lista para compartir.
Se conformaba, con una facilidad casi sospechosa, con la versión de mí que sí ofrecía voluntariamente: la profesional dedicada, la amiga de risa fácil, la colega confiable en cualquier crisis de producción.
Con el tiempo, ambos entendimos tácitamente, sin necesidad de una conversación explícita al respecto, que lo nuestro nunca sería romántico — había probado, una vez, torpemente, después de demasiado vino en una fiesta de fin de proyecto, y ambos habíamos coincidido, con una claridad casi cómica, en que besarnos se sentía más parecido a besar a un hermano que a cualquier otra cosa.
—Entonces somos oficialmente mejores amigos de trabajo que fingen ser pareja en eventos sociales incómodos —había resumido él esa noche, con una practicidad que encontré, para mi sorpresa, un alivio enorme.
—Es una descripción bastante precisa de nuestra relación, sí.
—Perfecto. Puedo trabajar con esos términos.
Y así habíamos seguido, durante los últimos dos años, siendo exactamente eso el uno para el otro: compañía cómoda, cobertura conveniente para bodas y eventos familiares donde la pregunta "¿y tú por qué sigues soltera?
" se volvía insoportable, un hombro disponible sin ninguna de las complicaciones emocionales que Nicolás, con una perceptividad que rara vez mostraba abiertamente, sospechaba que yo llevaba evitando desde mucho antes de conocerlo.
Cuando me pidió acompañarlo a la boda de Camila —"así los dos evitamos la sección incómoda de preguntas sobre nuestra vida amorosa", había bromeado—, acepté sin pensarlo dos veces, sin ninguna sospecha de que ese fin de semana terminaría poniendo a prueba, de maneras que ninguno de los dos anticipaba, los límites cuidadosamente establecidos de nuestra amistad.