101 noches: El jeque viudo y la niñera virgen (Sangre Real 1) Capítulo 48
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Capítulo 48

Emir Khaled

El Presidente

«La sonrisa es el lenguaje de las personas inteligentes».

—Proverbio árabe.

Tras todos los acontecimientos que pusieron nuestro país patas arriba, los 6 Jeques, herederos de los 7 clanes, se reunieron.

Junto con los miembros más mayores, consejeros y guardianes de las familias, los 7 clanes de las 7 ciudades que formaban nuestro país — los Emiratos Árabes — se sentaron en una mesa redonda para discutir el futuro de nuestro país.

Todos sabemos de dónde venimos.

Igual que nuestros abuelos, sus padres, también nosotros nacimos en medio del desierto. Que nuestros ancestros intentaron transformar en un gran paraíso, un buen lugar para vivir.

Hay un elemento inédito en esta reunión, sin embargo:

—¿No va a venir nadie de Ras Al Bawari? —Rhayan Al Abdulla pregunta.

Me alegra verlo aquí, Raffaello y yo queremos hacerle algunas preguntas al nuevo Emir, sobre todo respecto a Vanessa, la mejor amiga de Dandara.

—No —Mustafá se acomoda en la silla que perteneció a su padre—. ¿Estabas fuera de los Emiratos, hermano? —Se ajusta la túnica.

—La verdad, sí —Rhayan mira a cada uno de los nuevos reyes—. Semana de la moda en París, tengo mucho dinero invertido en eso.

Saludo al Emir de Ambörj y tomo la palabra.

—Emir Rhayan, todos los cabezas de los clanes han desaparecido —miro a cada uno de mis dignísimos colegas—.

Por eso todos nosotros, herederos de nuestros padres, asumimos sus papeles para mantener las ciudades y el país funcionando.

Estamos aquí reunidos porque solo el Consejo de los Emires puede votar para elegir al presidente de nuestro amado país —explico con calma.

—Gente, ¿qué pasó con los Emires? —Rhayan se queda desconcertado, creo que este no solo estaba fuera del país, estaba fuera de la realidad.

—Secuestrados por Hashashins —Mustafá dice sin paciencia.

Es el único que sabe qué final tuvieron realmente los Emires.

—¿ Hashashins? —el cuchicheo se extiende, todos se miran entre sí, hacen demasiado ruido.

—Emir Khaled —Mohammed Al Yasin se dirige a mí—. Cuando usted fue Ministro de Defensa del país y su amigo Raffaello el director de la Central de Inteligencia de los Emiratos, ¿no tenían datos sobre esto? ¿Les pasó desapercibida esta amenaza?

—Es una amenaza externa —Raffaello toma la palabra y sorprende a todos, solo lo hace porque fue citado, estaba debidamente callado detrás de mí—. El Emir Khaled no tenía conocimiento, se ocupaba de la defensa interna del país. Fue error mío, y exclusivamente mío, lo admito.

Todos parecen interesados en el discurso de mi amigo.

—Siempre fue consenso en Oriente que la secta de los asesinos extremistas se había acabado hacía diez siglos.

Bueno, al menos en los Emiratos y alrededores —suspira—.

Pero otros países permitieron que esta secta renaciera, con otro nombre, ropaje y caras, pero las mismas ideas fundamentalistas que pasan un mensaje erróneo sobre nuestra cultura, pueblo y religión.

En esto todos están de acuerdo de inmediato.

—Nuestra religión es religión de paz, de prosperidad, de fe. Nuestra religión no va de matar a quien no se convierte, ni de herir a nuestro propio pueblo solo porque las mujeres ocupen altos cargos en el gobierno o de matar a los homosexuales.

El Emir Rhayan se queda inquieto en su silla, mira con discreción a los lados para ver la reacción de los otros Emires. Nunca fue secreto entre nosotros aquí su sexualidad, Rhayan solo se lo esconde al público, al pueblo, no a nosotros.

Técnicamente somos todos parientes.

Nuestras tías, madres, hermanas, sobrinas están casadas con alguien de las 7 familias, de alguna forma estamos todos interconectados y mantenemos un bienestar de gobierno por eso.

¿Discrepamos? Sí. ¿Discutimos? Como toda familia en una buena comida de domingo. Pero al final del día tenemos que protegernos, sobre todo de las amenazas externas.

—Siendo así, sí, fuimos informados por la inteligencia americana sobre el regreso de esta secta de asesinos, todavía no sabemos dónde está su sede...

—Quizá ni tengan —otro Emir comenta—. Se esparcen, se mezclan en la sociedad, se infiltran para implosionar gobiernos y tomarlos.

—Tenemos que reaccionar rápido y mantener el control de nuestro país, antes de que estemos demasiado vulnerables y frágiles —es la contribución de Mustafá.

El dolor, la decepción y la tristeza en su corazón son muy grandes.

No quiso creer que su padre era uno de los conspiradores, hasta verlo con sus propios ojos.

Eso le dolía más que el final que tuvo su padre.

—Por eso tenemos que votar al nuevo presidente de los Emiratos —Mustafá explica—. Desde ya me gustaría retirar mi nombre, porque no me siento apto para gobernar. Soy mejor como consejero que como gobernante.

Eso me sorprende. Pensaba que se presentaría y quizá yo mismo lo votaría, porque confío en mi amigo.

—Yo sugiero el nombre de Khaled, entonces —Emir Rhayan dice—.

Creo que de todos nosotros, él es el más apto.

No solo fue CEO de la mayoría de las empresas de la familia, en las que más que cuadruplicó la fortuna, sino que también fue Ministro de Defensa y gobernó Awmaj mientras su padre estaba impedido.

Uno a uno los hombres asienten, nadie más pone su nombre.

La votación secreta tiene lugar.

La lista de votación nominal es esta:

AWMAJ – Emir Khaled

HAZA HAL – Emir Mustafá

AMBÖRJ – Emir Rhayan

DAWARÿ – Emir Mohammed

ARBIJKAH – Emir Rahman

RAS AL BAWARI – Ausente

ZARDI BADI – Emir Yasin

—1 voto para Mustafá, 5 votos para el Emir Khaled —el mayor de los clanes saca los papeles firmados por nosotros de las urnas—. El Emir Khaled es el nuevo presidente de los Emiratos.

Todos se quedan sorprendidos, porque esperaban una segunda votación para decidir al vicepresidente del país. Pero como pide la tradición, si hay otro nombre incluido en las votaciones y está en segundo lugar, debe ocupar el puesto de vicepresidente.

—El Emir Mustafá es el vicepresidente.

Todos asienten y el asunto se da por cerrado.

Menos para mi amigo.

—¿Por qué me votasteis a mí? —Mustafá dice indignado—. No sé si puedo ocupar el cargo a la altura que pide, porque soy mejor aconsejando.

—Una posición estupenda entonces, como vicepresidente —digo yo, que lo voté, pero como el voto es secreto, no tiene por qué saberlo—. Voy a escoger a los ministros del gobierno hoy mismo, me gustaría saber si los Emires están dispuestos a ayudarme en este gobierno.

Todos asienten, así que estupendo, cada uno recibirá un cargo alto para que se sientan representados.

—Señor presidente —ahora es así como Mustafá se dirige a mí—. ¿Qué haremos respecto a la silla vacía de Ras Al Bawari?

—¿No se ha localizado a ninguno de los herederos? —Rhayan dice intrigado.

—No —digo con sencillez.

—¿Ningún primo? ¿De segundo... tercer grado? ¿Parientes en el extranjero? ¿Nadie?

—Nadie —Mustafá refuerza, porque Rhayan no parece haber entendido.

—¿Y los niños? ¿Ni siquiera los niños?

—Ninguna señal de ellos —respiro hondo.

—Creo que la primera actitud de nuestro presidente debería ser desvelar ese misterio, también para que nosotros nos sintamos a salvo —Rhayan se encoge en la silla.

—No hay misterio. La secta de asesinos está de vuelta, capturó a nuestros padres y exterminó a una familia entera, ¿qué parte es difícil de entender? —Mustafá se irrita—. Querían debilitar nuestro país, pero fuimos más ágiles. Ahora tenemos un presidente para protegernos de ellos.

Rhayan sonríe aliviado, se acaricia el propio cuello.

—Si es así, me alegro por la seguridad de todos nosotros —asiente con una tranquilidad que hasta cambia su expresión.

Sabe que si hay una secta de asesinos fundamentalista, él sería el primero en caer. Y los otros no se quedarían atrás, cada uno tiene su esqueleto en el armario que quieren guardar y mantener lejos del público.

—Señor presidente, ¿qué hacer respecto a Ras Al Bawari?

Que el desierto cubra aquella ciudad y que mueran todos.

—¿Señor?

Pestañeo rápidamente y miro a Mustafá solo para asegurarme de que no he dicho mis pensamientos en voz alta.

—Raffaello, vuelves al mando de la Central de Inteligencia —digo de inmediato—.

Envía a tus mejores hombres a Ras al Bawari y encuentra a algún heredero que pueda ocupar la silla, si no es de la familia Al Bawari, que sea de la segunda familia más rica de la ciudad, el cabeza del clan o el hombre más mayor.

—Sí, señor.

—Quiero revocar toda y cualquier medida de Mohammed Al Khalifa en el periodo en que ocupó la silla de presidente —aviso a todos—.

No obligaré a ninguno de vosotros a nada.

Pero este gobierno no creará prohibiciones sobre las mujeres en la política, en la enseñanza ni nada por el estilo.

Las ciudades tienen su libertad para decidir, sin imposiciones de este presidente.

Todos asienten en silencio.

—Nada más que tratar, reunión cerrada.

*

Tras la reunión que me convirtió en presidente del país, periódicos del mundo entero intentaron extraer la máxima información posible, mis próximas medidas, cómo sería mi gobierno, si habría alineación con las declaraciones del presidente interino que duró pocos días.

Todo lo que dije fue para calmar los ánimos de todos.

Reafirmé el compromiso de mantener el país como un paraíso turístico, respetando las libertades de las personas y observando la ley de nuestros ancestros, pero sin exageraciones que los extremistas tanto querían.

Intentaron obtener más información, pero yo tenía un día cargado por delante.

Me encerré en el despacho para repasar actas, documentos, deshacer toda la mierda que esos conspiradores desgraciados intentaron hacer con el gobierno.

Después de todos estos años seguían sometidos a una familia que solo quería la desgracia de nuestro pueblo.

¿Cómo se atrevían? ¿Cómo tenían ese valor?

Me quedé solo para poder expresar mi odio con libertad, hasta que horas después, el pomo de la puerta giró.

Lo intentó una, dos veces, de forma torpe. Después vinieron unos golpecitos suaves.

—¿ Mmm? —Estiro el cuello para espiar la sombra debajo de la puerta.