101 noches: El jeque viudo y la niñera virgen (Sangre Real 1) Capítulo 47 #3
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Capítulo 47 #3

—No puedes —me sacudo en sus brazos para que me suelte—. ¡El ejército! ¡Mis hombres armados! ¡Van a matarte!

—El ejército sirve al presidente de los Emiratos Árabes —me recuerda bajito al oído—. Y yo soy el presidente ahora. Tus hombres armados... qué chiste... —ríe—. Lo malo de tener mercenarios protegiéndote es que van a servir al que pague más.

—¡Suéltame!

Khaled golpea mi cabeza contra el pomo de la puerta de entrada varias veces, hasta el punto de que me apago.

Cuando despierto, sobresaltado y con movimientos bruscos, está agachado frente a mí.

—¿Qué está pasando? —Miro la sala que parece medio vacía.

Estiro el cuello para espiar fuera, veo que las estatuas de oro ya no están allí. La casa parece desplumada.

—¿Qué has hecho?

—Tus guardias, protectores y guardaespaldas se llevaron todo, Samir Al Bawari —me acaricia la cara con dos rosas en sus manos.

Lentamente empieza a arrancar las espinas de las dos flores.

— ¿Qué es esto?

—Tus riquezas son mías ahora —sonríe—. ¿No fue así como hicieron con los Kjaerlighet y otras familias en el pasado? —Desliza los pétalos de la rosa por mis labios—. Por desgracia no tendrás el mismo final que los otros, Samir. Mis negocios contigo necesitan resolverse de otro modo.

—¿De qué modo?

Veo al fondo a varias mujeres corriendo, algunas desnudas. Reconozco al instante a algunas, otras ni recordaba que mantenía cautivas. Este palacio es tan grande que algunas de estas chicas las aprisioné en cuartos que nunca más visité.

—Va a ser así —Khaled me entrega cada espina que sacó, una a una—. Tú vas a quedarte aquí en la puerta y vas a recibir una visita.

— ¿Visita?

—Sí —Khaled dice despacio, como si le estuviera explicando algo a un niño—. Omar. ¿Te acuerdas de él?

—¿Tu hermano?

—Sí. Le echas de menos, ¿no? Lo usaste y lo descartaste tan fácil, Samir —se humedece los labios—. No. Vosotros merecéis estar juntos.

—¿Por qué viene tu hermano aquí?

¡Lo que me faltaba! ¡Que el hermano de este imbécil se redima matándome!

—Va a ser así —Khaled sonríe—. Voy a arrancarte los ojos.

Va a doler, pero después habrá algo muy bonito en su lugar —gira las rosas entre los dedos—.

Entonces, cuando yo esté en la puerta trasera, sonará el timbre.

Y las bombas pegadas al cuerpo de Omar van a explotar y a destruir medio palacio, el resto va a caer encima de vosotros, porque las estructuras no aguantarán las explosiones.

Son tantas informaciones que me pierdo.

¿Qué dijo que hará con mis ojos?

—Las imágenes serán enviadas a periódicos de todo el mundo. La historia: el Emir Khaled vino a avisarte y a salvarte, a avisar de que hay una conspiración en marcha, todos los Emires han desaparecido...

—¿ Han desaparecido? —No lo sabía. ¿Cómo así?

—Eres el último que sigue vivo, Samir, ¿no te lo dijeron?

—Arquea la ceja—. En fin... no me escuchaste.

Y Omar, que fue usado en esta conspiración, vino a finalizar el proceso.

Quiso aprovechar para matarme, pero conseguí salir a tiempo, junto con mujeres que rescaté del palacio, cogimos el helicóptero y sobrevolamos los escombros.

—Estás loco —abro mucho los ojos.

—Las imágenes se centrarán en mi cara de desesperación, voy a gritar y a llorar, porque perdí a mi futuro suegro y a mi hermano.

—Ah, sí —Raffaello le pasa hollín por la cara a Khaled y a la suya propia—. No podía olvidarme de eso, por supuesto.

—Gracias —el otro sonríe—. Y entonces les diré a los periodistas, frente al mundo entero, que unos terroristas asesinaron brutalmente a los Emires de mi país —pone cara de profunda tristeza—.

Hombres a los que tanto quise y respeté...

, pero que tenía que ser fuerte para sobrevivir a este atentado y proteger a mi pueblo.

— ¡Desgraciado!

—No estoy loco, Samir. —Saca un puñal de la cintura, es afilado, la hoja brilla frente a mis ojos—.

Solo soy cruel con quien lo merece. Porque tu conspiración me convirtió en esto.

Ahora yo soy el inicio y el fin. El fin y el inicio.

Aquí se cierra todo lo que tú y los tuyos hicieron durante todos estos años y yo comienzo lo que voy a hacerle a cada uno de vosotros y de los que están o estén al lado vuestro.

—Cinco minutos —Raffaello avisa.

—¿Estás listo?

—¿ Listo? —Miro de uno al otro.

—Sí —Khaled asiente—. Listo para mi conspiración.

Dicho esto, lo último que veo es la hoja brillante venir frente a mi rostro y el mundo se apaga.

Pasan minutos.

Me contorsiono en el suelo, gritando de dolor, siento la sangre en mis dedos, nado en el líquido que mantiene la vida dentro de mi cuerpo, pero buena parte está fuera ahora.

Oigo el timbre.

Pasa un segundo.

No sé qué llega primero. El calor profundo de las llamas del infierno, que toman mi cuerpo y carbonizan cada parte de mí, o el sonido estridente que revienta mis tímpanos.

De todos los planes que mi padre hizo sobre el futuro, en ninguno estaba el final de nuestra familia.

Todo se apaga. No oigo nada más. No huelo, ni siquiera me arde la piel. Hay el completo y profundo vacío.

Este es el fin.