101 noches: El jeque viudo y la niñera virgen (Sangre Real 1) Capítulo 39 #2
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Capítulo 39 #2

Mi padre era un buen hombre. Pero cuando perdió el motivo de vivir, se volvió cruel. No murió cruel. Reencontró a su amor, miró al pasado y vio cuánto se había equivocado.

Era mi ejemplo.

Aun viejo, de corazón duro e impenetrable, asumió sus errores.

Yo ya no quería ser igual a él, no.

Desde que llegó Dandara, me di cuenta de que no era igual a mi padre desde hacía mucho tiempo. Quizá igual al joven y enamorado Rashid que amó a una extranjera y le prometió todo, sin saber que su padre tenía otros planes.

Al final de la oración, en medio de los saludos —muchos de ellos dirigidos a mí por ser el heredero de mi padre—, llega su primer heredero, que llevó su nombre, mi hermano Rashid.

La silla de ruedas motorizada viene sola, va vestido de blanco. Se detiene ante el cuerpo envuelto en la mortaja y cierra los ojos. Por padecer ELA, apenas puede mover el rostro o las manos; solo sus ojos azules muestran todo el sentimiento que carga.

Mi hermano enfermó algunos años después de la partida de nuestra madre. Papá intentó de todo, lo llevó a los mejores médicos, viajaron por el mundo entero, pero poco a poco mi hermano fue perdiendo los movimientos hasta quedar así.

Creo que eso ayudó a endurecer el corazón de mi padre, porque lo encaró como una especie de castigo divino por todo lo que había hecho.

—Gracias por venir, hermano —yo soy el primero en saludarlo, le sujeto los hombros y beso cada lado de su cara.

Pestañea muy despacio; puede comunicarse, simplemente no quiere.

Habla solo con Youssef.

Uno a uno mis otros hermanos lo saludan, después los Emires, por último, todos los presentes. Si hay un momento en que todos dejamos nuestras cuestiones de lado y seguimos adelante es cuando perdemos a uno de los nuestros.

Llevamos a nuestro padre al cementerio donde será enterrado; eso lleva un poco porque espero a que mi hermano suba al coche y vaya con nosotros.

En el lugar donde su cuerpo va a descansar, el Emir no se llevará su fortuna, sus palacios, mujeres, petróleo y oro.

Como pide la tradición, será enterrado sin ornamentos, sin mausoleos ni estatuas, sin grandes adornos, solo la vieja tierra de la que venimos y la tierra a la que vamos; cubrimos su cuerpo usando nuestras propias manos, a nadie le importa quedarse con las uñas llenas de tierra y las palmas sucias, un día todos estaremos ahí, despojados de nuestros bienes.

—¿Quieres cenar con la familia hoy? —le pregunto a Rashid cuando estamos a punto de salir.

Reflexiona un poco, pestañea dos veces, lo que significa sí.

—Estupendo, será bueno tener a toda la familia reunida. Voy a redistribuir algunas funciones y organizar unas cosas del gobierno...

De camino al palacio me llevo una gran sorpresa cuando encuentro a Ethan Evans ya en la entrada.

—Señor Evans, pensé que tardaría un poco más.

—Siempre voy un paso por delante, ya lo sabes —sonríe con esa actitud creída y arrogante que detesto—. Mi más sentido pésame por su pérdida.

—Gracias. ¿Tuvo un buen viaje?

—Sí, me encanta el calor de tu tierra, es acogedor.

— Mmm —miro a mi alrededor—. ¿Dónde está el presidente?

El hombre levanta las cejas un momento. Hamzah me informó que el presidente de los Estados Unidos, el señor Jacob Parker, vendría a los Emiratos, no sé si a presentar sus respetos o qué quería con eso.

—Tienes mucha prisa —Ethan sonríe—. Todo pasa en su momento.

—Sí. Tú y tus frases idiotas de efecto —pongo los ojos en blanco.

Voy a ducharme y a ponerme ropa nueva; cuando regreso, la casa está llena, la gente bebe y come en silencio, cuando conversan, hablan de buenas historias con mi padre.

Samir Al Bawari es la última persona a la que querría saludar, lo hice por educación dentro de la mezquita, aquí no veo motivo para hablar. Aun así tengo que ser cortés con él.

—Rashid fue un hombre muy bueno, fiel a la tradición y a sus palabras.

—Sí.

—Para honrar su memoria, deberías casarte con Khadija, como él quería.

—Samir...

—Escucha —me interpela—. Puede ser la segunda esposa. La tercera, vale. Lo importante es mantener el lazo entre las familias.

—Ni segunda, ni tercera. No necesito una esposa más.

—¿No necesitas o no quieres?

—No necesito y no quiero. —Doy la conversación por terminada y voy a saludar a otras personas.

Encuentro a Haakon y Ravena junto a Dandara, me alegro de verlos juntos; la última vez que estuvimos reunidos fue en la despedida de la familia real de vuelta al norte y en aquel tiempo tenía mucho miedo de que mi mujer se fuera.

—¿Ya sabes la noticia? —Me dirijo a Ravena.

—Sí, lo siento mucho, Khaled, me hubiera gustado mucho ir al funeral, pero las calles estaban llenas...

—No es por eso —minimizo su preocupación—. Tu antigua niñera —miro a Dandara—. Ahora es una reina.

Ravena arquea las cejas y mira a la otra con cierta sorpresa.

—Claro que sabía que os habíais casado, pero pensaba que era algo secreto y con fecha de caducidad —mira a cada uno en este pequeño corro, Haakon evita el contacto visual, se lleva la copa a la boca y bebe en silencio—. ¿Entonces es oficial? ¿Vais a quedaros juntos?

—Eso no me lo contaste —Dandara cruza los brazos.

—¿Que vamos a quedarnos juntos?

—Que ahora soy una reina.

—Bueno, si yo soy el rey, tú eres la reina, ¿no es así como funciona? —Le descruzo los brazos y le paso la mano por encima de la barriga—. Y con más miembros de la familia real en camino.

—¡Dandara! ¡No me lo contaste! —Ravena abre mucho los ojos.

—Sí... —mi mujer sonríe avergonzada, apoya el brazo junto al mío y me da un pellizco—. Sí. Ya iba a contártelo.

—¡Son noticias maravillosas! —Ravena casi salta.

—Me hubiera gustado que tuviéramos esa conversación en otro momento... no quería que pensaras mal de mí.

—¿Pensar mal? —Ravena arquea la ceja—. Si os gustáis y estáis juntos por eso, ¿por qué iba a pensar mal?

El suspiro que Dandara suelta parece venir junto con incontables preocupaciones que guardaba dentro de sí.

—Ahora es baby shower, ajuar, preparar la llegada de este príncipe... ¿o sería princesa?

—Todavía no lo sabemos —dice un poco tímida y encogida.

Se nota cuánto respeta a su antigua jefa, pero no tiene ni idea de que ahora son iguales. Si comparamos por riqueza, por ejemplo, mi familia es mucho más rica que la de Haakon.

—¿Te he hecho sentir incómoda? —Le acaricio el brazo.

—No... solo me corté, tuve miedo de lo que Ravena fuera a decir...

—¿Estás bien?

—Sí, solo... —respira hondo—. Estoy un poco cansada.

—Sí, llegamos de viaje y todo pasó tan rápido. —Le acaricio la espalda—. ¿Pueden llevártela a descansar? ¿Dónde está Raffaello?

—Fue a llevar a la abuela, a Youssef y a Jana a casa, estaban muy agotados. Yo me quedé cuando llegaron Haakon y Ravena.

—Vale. Ve a descansar, habibit. —Le sujeto la mano y le aprieto los dedos con cuidado.

Estoy rodeado de personas y trato de prestarles el máximo de atención a todas, pasa un buen rato hasta que salgo de toda la aglomeración, inmediatamente encuentro a Omar, Samir Al Bawari y Ethan Evans juntos, hablando.

—¿Podemos hablar contigo, hermano?

—Claro.

Vamos al gabinete, Omar y Samir entran y se acomodan, yo intento ordenar el desorden más visible. El señor Evans se quedó fuera, así que voy a buscarlo.

—Solo te estamos esperando, Lucy Liu. —Cruzo los brazos.

Está al teléfono, la cara está vuelta hacia mí, pero no me presta atención. Dice lo que tiene que decir muy rápido y cuelga.

—¿ Lucy Liu? —lo llamo.

Guarda el móvil en el bolsillo y extiende la cabeza enseguida, se ajusta la chaqueta.

—¿ Lucy Liu? —Insisto y no obtengo respuesta—. ¿Señor Evans?

—Sí —se ajusta las gafas—. Necesitaba contestar.

—Está bien. Pase. —Le doy espacio en la puerta para que pase.

Si este es el verdadero Ethan Evans, entonces yo soy Beyoncé.