Capítulo 31 #2
—¿Podemos verlo juntos? —Hasta las orejas del niño se movieron de tanta alegría—. Claro, si el señor no está ocupado, papá.
—A partir de hoy siempre tendré tiempo para ti, hijo mío —lo llamó a su regazo.
Juntos, empezaron a hojear cada página muy despacio. Yo los dejé en paz para que tuvieran ese momento íntimo y me fui a la cocina a ayudar a la abuela.
Jana estaba en el sofá viendo dibujos animados, Raffaello estaba ya duchado, con el pelo ligeramente húmedo, comiendo solo en la mesa. La abuela, que no aguanta estarse quieta, estaba en la cocina ordenando las cosas.
—Pareces aprensiva —comentó el Turco cuando pasé junto a él—. Si te conociera bien, diría que ha pasado algo malo.
Mi primera reacción fue cambiar el semblante y fingir que todo estaba bien, bebí un vaso de agua y me senté delante de él en la mesa. Intenté de todas las formas llamarla, enviarle mensajes, busqué storys, notificaciones, el mínimo «me gusta» que fuera.
Les mandé mensajes a otras amigas de Vanessa, fueran las de Recife o las del Bolshói, para pedir noticias, pero nadie las vio ni respondió con celeridad.
—Si no me lo dices, no tengo cómo ayudarte —Raffaello continuó saboreando la comida, elogiando a mi abuela casi a cada bocado.
Esperé a que comiera tranquilo mientras intentaba todo lo que estaba a mi alcance.
Cuando se acabaron todas las alternativas, busqué en Google un nombre, abrí una foto que mostraba el rostro de un hombre bastante atractivo y le giré el móvil.
—¿Lo conoces?
— Mmm... —Miró la pantalla con interés e hizo un movimiento sutil con las cejas—. ¿Qué pasa con el Jeque Rhayan?
—¿Está casado? —Posé el móvil en la mesa.
—No —Raffaello se hizo cargo de llevar el plato al fregadero y lavarlo, regresando sin prisa y sentándose frente a mí de nuevo—. ¿Por qué el interés?
—¿Tiene novias? ¿Pretendientes? ¿Es hijo de un Emir? —Solté la información que tenía.
—No, no tiene novia, sí, debe de tener pretendientes. Hijo del Emir Zahid de Ambörj —dijo sin necesidad de consultar Google, como yo, lo cual debía significar que sí conocía al chico, o por lo menos ya había oído hablar de él—. Si me dijeras qué quieres saber, quizá pueda agilizarte la respuesta.
—Bueno... —respiré hondo—. Por dónde empiezo... tengo una amiga, se llama Vanessa.
—Vale.
—Ella es bailarina también, ¿sabes? Tuvo más éxito que yo, fue a Rusia, hizo carrera...
—Intenté organizar tantas cosas en la mente que suspiré por la dificultad—.
Después tuvo que volver para cuidar a la familia.
Ella es la que me animó a ir a cuidar a los príncipes del Septentrión, tiene muchas amigas que son niñeras.
—Punto para ella —Raffaello juntó las dos manos en el regazo.
—Lo que pasa es que... Vanessa es insensata.
O sea, muy, muy insensata —intentaba no decir loca .
¿No vio Salve Jorge? ¿No sabía lo que les pasa a las mujeres que se ponen a hablar con desconocidos por internet y van a su país sin tener la certeza de quiénes son?
—Y mantenía contacto con el Jeque Rhayan.
— El ... —hizo una pausa sonora y frunció el ceño—. Vale. Continúa.
—Lo que me dijo es que hablaba mucho con ese Jeque, que la había visto bailar una vez en alguna obra y se quedó fascinado; cuando la encontró fue como, guau, te he encontrado —intenté defender a mi amiga también para mostrar que la historia tenía sentido en su cabeza.
—Sí, le gusta el ballet —evaluó.
O sea, la historia tenía fundamento; ya empecé a pensar que Vanessa estaba bien.
—Entonces hablaron durante meses, hicieron videollamadas, ella lo invitó a venir a Brasil, pero ya sabes, esos hombres están ocupados...
— Mucho —Raffaello se rascó la nariz puntiaguda—. Muy ocupados.
—Sí. Entonces la invitó a ir a los Emiratos Árabes. Ambörj, ¿has dicho?
Asintió enseguida.
—Ya que lo conoces, ¿podrías ponerte en contacto con él? ¿Preguntarle por Vanessa? Necesito saber si mi amiga está bien. —Me desesperé de golpe, pero con calma, porque mi abuela estaba allí mismo y no quería que perdiera la cabeza también.
—Espera, déjame ver si entendí. —Abrió la palma de la mano hacia mí—. ¿Tu amiga fue a los Emiratos a encontrarse con el Jeque Rhayan?
—¡Eso es!
—Llámala. Ahora.
—Ya la llamé. La he llamado, le he mandado mensajes en todas las redes, busqué actualizaciones, fotos... —y casi tirándome del pelo—. ¿Quién viaja a los Emiratos y no sube una foto?
—Pues sí —concordó, como si fuéramos dos comadres cuchicheando en la acera; solo faltó que dijera: «pues sí, nena», pero no sé si en Turquía cuchichean así.
—¿Puedes contactar con ese Jeque? Por favor. ¡La madre de ella está desesperada!
—Puedo, claro que puedo llamar al Jeque —Raffaello sacó el teléfono del bolsillo y mis esperanzas regresaron—. Lo que pasa es que, en cuanto a lo que le gusta a tu amiga, el Jeque Rhayan se traga el hueso. Si se pudiera, dormiría con el hueso dentro solo para ver si crece un árbol dentro de él.
Voy asintiendo, observándolo teclear, después llevarse el teléfono a la cara.
— Espera. —Hice el mismo gesto abriendo la palma de la mano hacia él—. ¿Qué?
—¿No has entendido la parte de la pepita? ¿Del árbol que crece? ¿O que tu amiga está en serios peligros?
—¿ Cómo? —Me quedé paralizada.
—El Jeque Rhayan es gay. —Me lanzó una mirada que decía que esa información no podía salir de aquí bajo ningún concepto.
Ser gay en los Emiratos no es solo «un error», es un delito.
—Oye. Tenemos un código violeta, una chica llegó a los Emiratos hace... —me pidió esa información y yo se la di con los dedos—. 3 días. Se llama Vanessa... —De nuevo me pide la información.
— Sá.
Apretó la mano contra el altavoz del teléfono.
—Sí, Vanessa. ¿El apellido?
—Sá —repito.
—¿Se llama Vanessa Sá? —Se extrañó por la repetición de la sílaba y no es para menos, debe de ser raro—.
Oye —volvió al móvil—. Vanessa Sá. Tiene...
20 años. Foto —me pidió—. Sí, voy a enviar algunas y rastreas a todas las chicas que llegaron a los Emiratos en los últimos tres días.
Restringe la búsqueda, es brasileña, tiene 20 años, se llama Vanessa Sá y no importa dónde haya aterrizado, su destino final parecía ser Ambörj.
Tras decir una serie de «ajá» el hombre colgó.
—¿Está en un lío? —Me sujeté las manos para no morderme las uñas.
—¿Qué se os pasa por la cabeza a vosotras para hablar con un hombre que no conocéis por internet? Y, peor, aceptar su invitación de ir a un país que quizá ni siquiera hablas el idioma! —dijo indignado.
—Está loca —digo, por fin, me cansé de defender a mi amiga.
—Loca no, tonta. —Puso los ojos en blanco—. En el mejor de los casos, el Jeque Rhayan va a compartir su harén de hombres con tu amiga.
— Dios mío. —Abrí mucho los ojos.
—Dandara, los hombres musulmanes exitosos no pasan el tiempo en internet cazando pretendientes. Ellas llegan hasta ellos a través de familias ricas. —Encogió los hombros—. O las conocen en la universidad, en el estadio de fútbol, en una carrera, en la calle, qué sé yo —pensó un poco más.
—Lo sé. ¡Y lo peor es que vio Salve Jorge!
— ¿Qué?
—Una telenovela. —Di el tema por terminado.
—Claro que puede haber casos de hombres musulmanes que quieran hablar contigo por internet, pero nunca van a pedirte cosas raras, sobre todo que tú vayas a verlo —dijo irritado—.
¡Un hombre musulmán, encima árabe! —De hecho me doy cuenta de que está indignado—.
Él es quien viene a verte. Él es quien toma la iniciativa.
Él es quien hace que las cosas pasen y nunca te pone en peligro, nunca.
—Lo sé. —Puedo decirlo porque me estoy relacionando con un hombre árabe y musulmán, sé muy bien cómo se comporta un hombre así.
Y, de hecho, es muy diferente de todo lo que los estereotipos me hicieron pensar.
—Cuando regresemos a Recife voy a ir a casa de la madre de Vanessa a ver lo que dejó atrás, para encontrar alguna pista.
—Si pudieras llevarme contigo...
—¡Claro! —Me sentí aliviada de que se ofreciera.
Raffaello no es solo la mano derecha de Khaled y su hombre de confianza, sino el jefe de inteligencia de los Emiratos. Si alguien puede desentrañar un misterio, sin duda es él.
—¿Qué pasa? —Khaled apareció en el pasillo y vino hacia nosotros.
— Nada —el Turco aseguró.
—No. Solo estaba diciendo que estoy preocupada de que la lista de espera para la cirugía pulmonar de mi hermana se demore... —suspiro—. El médico dijo que si fuera solo el corazón ya operaría mañana.
El Jeque asintió despacio y en cierto momento confirmó si era eso con Raffaello, que lo firmó.
—No te preocupes. —Me pasó la mano por la espalda—. Vete a descansar, yo me ocupo de todo.
En aquel momento me reí. ¿Cómo iba a ocuparse de todo?
Al día siguiente, al final del día, el doctor Guilhermo nos llamó para decir que tenía el pulmón. 7 días después Jana entró en la sala de operaciones, el procedimiento duró 10 horas.
Tuve que abrazar al doctor Guilhermo cuando nos dijo que la cirugía había sido un éxito. Ahora solo necesitábamos quedarnos unos días más para la recuperación de Jana y volver a casa.
¡Por fin todo parecía estar saliendo bien!