Capítulo 28 #2
Los Al Bawari no forman parte de las trece familias, pero han conseguido unir vasallos poderosos; pueden no tener dinero suficiente, pero poseen influencia y entrada en todos los rincones del mundo.
Algunas personas la llaman Colmena. Otros la llaman Illuminati. Yo la llamo mafia, porque es lo que es. Mafia.
El mundo está hecho de familias que controlan mafias que ostentan el poder sobre organizaciones criminales encabezadas por grandes empresarios que tienen a sus políticos de bolsillo con sus propias bandas particulares con gánsteres peligrosos.
Hasta aquí hemos llegado, siglo 21, bienvenido .
Personas como el Rey Haakon y yo somos la cima de la pirámide, pertenecemos a las selectas familias que sujetan los hilos de las marionetas y mantienen el mundo en funcionamiento.
Si la guerra existe, si la pobreza existe, si parte de la población es analfabeta y zoquete, eso es bueno para nosotros, porque así las jerarquías que están por debajo lucran y la controlan sin gran resistencia.
Cuando mi abuelo empezó a transformar Awmaj y los Emiratos, éramos la duodécima familia. Con el tiempo, mi padre nos convirtió en la octava. Desde que asumí los negocios somos la séptima, y todos esperan que convierta a los Al Makariam en la Quinta Familia .
—¿Quién crees que conspiró para matar a los Kjaerlighet? —le pregunto al rey Haakon tras la reunión.
Solo estamos él, Raffaello, su primo Svar, que es su mano derecha, y yo.
—No tengo ni idea. Después de todo lo que habéis dicho me he puesto a pensar... No lo sé. Y no sé si quiero descubrirlo. No soy cobarde, Khaled, pero ¿queremos realmente que nuestras esposas pasen por esto? ¿Vivir guerras y vivir bajo vigilancia constante? ¿Con miedo?
—Perdóname, Haakon, reyezuelo del polo norte. —Pongo los ojos en blanco; Raffaello ya empieza con su cachondeo—. Pero la guerra continúa. Tus esposas, hijos, nietos, todos pasarán por esto. Quien está por debajo en la lista del poder quiere subir; quien está en la cima, impedirlo.
—Para ti es fácil decirlo, Raffaello. —Le lanza una mirada dura.
—Tiene razón —Svar suspira—. No consiguieron terminar el trabajo, exterminar a todos los Kjaerlighet. Tú estás aquí, eres el nuevo jefe de la familia. —Le sujeta el hombro a su primo—. Van a venir a por nosotros.
—Ya están aquí —recalco.
En la coronación del rey, un Custodio y un integrante de cada familia estuvieron presentes.
—Alguna de esas 13 personas tenía que estar detrás, no solo del exterminio de los Kjaerlighet, sino del tráfico de mujeres. —Raffaello cruza los brazos.
—Y detrás de Amélia —Svar recuerda.
—¿Qué familias eran aliadas de los Saavedra? Podemos hacer ingeniería inversa —sugiero.
—¿Cómo?
—Mapeamos a los aliados de los Saavedra. Reunimos toda la información sobre Amélia. Y sobre todos esos otros que ya fueron descubiertos para encontrar una invariante. Una familia, una persona que esté en todos los casos. —Amplío la idea.
—Es una buena sugerencia —Haakon sonríe—. Yo me encargo.
—Y... —suspiro—. Raffaello y yo estamos investigando una cosa rara que está ocurriendo en Awmaj, al parecer en el hotel Al Jamah.
—¿El tráfico de mujeres ha vuelto? —Haakon se sienta detrás de su mesa.
—Tráfico de armas. —Raffaello cruza los brazos—. Tenemos varias sospechas.
—Solo tenemos que hablar con Ethan, él puede tener la respuesta —Svar dice enseguida.
—El problema es que... —Yo también me siento, en un largo suspiro—. El señor Evans ahora trabaja para el gobierno de los Estados Unidos.
—Sí.
—Y, ya lo sabéis, es un país con un historial. De mandar armas a Oriente y generar el caos.
Todos lo entienden de inmediato y un silencio cubre la sala.
—¿Crees que el presidente Jacob Parker está intentando llevar la guerra a tu país? —Haakon me mira de la forma en que el tema merece ser tratado: con seriedad.
—Sí —el Turco asiente—. O alguien quiere hacer que lo creamos. Llegamos a un hombre llamado Luigi Heder y, atención. —Pone unas fotos sobre la mesa—. ¿Quién es este tío con él?
El rey no necesita demorarse en lo que ve.
—Ethan Evans —dice enseguida.
—Americanos bombardeando Oriente, nada nuevo bajo el cielo. —Es la conclusión a la que llego.
—Podemos preguntarle sobre esto, no tendría motivos para mentirnos. Somos amigos —Haakon quiere ser pacificador.
—Prefiero continuar con las investigaciones y ver adónde nos lleva. Nadie —doy énfasis a esa palabra—. Nadie va a amenazar la soberanía de mi país y de mi pueblo. Y yo haré todo lo que esté a mi alcance para impedir cualquier conspiración en mis tierras. Sea de enemigo o de amigo.
El rey Haakon me tiende su brazo y yo le tiendo el mío.
—Sabes que siempre estaré a tu lado, sea cual sea la guerra, contra quien sea, hermano.
—Esa es la respuesta correcta. —Asiento con la cabeza.
*
Dandara no respondió a mis mensajes ni a mis llamadas. Supe por las personas de mi confianza que embarcó hacia Brasil junto con Youssef.
Mientras tanto, intenté, junto con Haakon, rebuscar los documentos secretos del palacio para descubrir una sola, mísera pista sobre el hilo que conectaba todo esto.
Tráfico de mujeres. Tráfico de armas. Muerte de los Kjaerlighet.
Tenía que haber algo en común en todo esto, pero no conseguíamos encontrar el hilo que nos guiara fuera de este laberinto.
Entonces, al final de la tarde de mi penúltimo día en el Septentrión, el nuevo custodio del rey entra, acompañado de una mujer. Mi amigo y yo estamos tan ocupados que ni les prestamos atención.
—Majestad —la voz del hombre sale algo embargada.
—Sí, Leonardo —dice, y yo sigo revolviendo la estantería.
—Mi madre, Elizabeth Boccuti, llegó a Pelmúria, como era su gran sueño, conocer la tierra donde nació su madre —dice cada palabra muy despacio, concentrándose para no llorar.
En ese instante alzo la cara y veo que de verdad tiene pésimas noticias. Pero no es eso lo que hace que mi corazón deje de latir.
—Vengo a informarle de que ha fallecido, señor —sonríe de un modo suave—. Fue un tránsito tranquilo, mientras dormía en el palacio.
—Leonardo, mi más sentido pésame. —Va enseguida a estrecharle la mano al hombre.
Se detiene por un segundo para observar a una mujer que se parece mucho a la madre de Leonardo, solo que veinte o treinta años más joven.
—¿Quién es esta? —Arquea la ceja.
—Al llegar al palacio, mi madre conoció a su sobrina, hija de su hermana Kaya.
— Otra Kjaerlighet —dice feliz Haakon al reencontrar a otra pariente.
—En el árbol genealógico se llama Anis Kjaerlighet —la presenta Leonardo—. Pero también se la conoce como...
—Crystal —se presenta al rey del Septentrión, que la saluda con mucho cariño—. Es un placer conocerlo, majestad.
—El placer es todo mío, Anis. ¿Quiere que la llame Anis o Crystal? —pregunta entusiasmado.
—Como sea su deseo, majestad.
—Crystal. Suena muy bonito —sonríe.
Tras el cordial saludo, la mujer se planta delante de mí con una sonrisa que me devuelve al mundo real, como un tirón súbito o un sueño en el que uno se cae de un árbol.
—Hola, hijo mío. Mi niño. —Me toca el rostro.