101 noches: El jeque viudo y la niñera virgen (Sangre Real 1) Capítulo 28
43%

Capítulo 28

Jeque Khaled

Bajo la Espina

«Si oprimes a quien está por debajo de ti, no estarás a salvo del castigo de quien está por encima».

—Proverbio árabe.

Nunca antes me habían llevado debajo del palacio. Los guardias reales me guiaron por pasadizos secretos confusos hasta que llegué a una mazmorra cuya luz principal emanaba de una abertura allá arriba en el techo, como una alcantarilla, dejando entrar la poca luz del día.

Antorchas en las paredes también intentaban iluminar el lugar, pero el centro era más sombrío.

—Khaled —oigo la voz de mi padre—. Acércate.

Doy unos pasos hasta que puedo ver a mis dos hermanos. Omar está llorando, Rashid está todo sucio; a su lado, un charco de vómito.

—Un poco más, hijo —pide.

Yo solo tenía 7 años.

7 años cuando vi a mi madre marcharse.

7 años cuando maté por primera vez.

—¿Qué está pasando, papá? —Miro a mi alrededor.

Decenas de guardias reales están a nuestro alrededor, nos observan. Mi padre, el rey, camina alrededor de un hombre que está de rodillas. Otros dos, uno a cada lado, ya están muertos, su sangre lava el suelo.

—Ven, Khaled, ven. —Estira la mano y se la sujeto, voy a su encuentro.

Papá no volvió a ser el mismo desde que mamá se fue.

Su corazón se endureció, perdió toda empatía y su mano deseaba sangre, sin parar.

Se casó con incontables esposas, tuvo hijos, a muchos ni siquiera los reconoció oficialmente, viajó por el mundo, compró todo lo que quiso, pero nunca se recuperó de no volver a tener a la única mujer que amó.

—Tus hermanos mayores son débiles e incapaces. Solo puedo confiar en ti, mi heredero, mi muchacho, mi propia imagen. —Me acaricia la cara y yo esbozo una sonrisa por el elogio.

—¿Quién es él, papá? —Señalo con la cara al hombre.

No lo reconozco al principio, la cara está llena de hematomas y ensangrentada. Al mirarlo de nuevo, me doy cuenta por los ojos de que era uno de los guardias personales de mamá. Creo que los que están en el suelo también lo eran.

—Es un traidor. Y los traidores solo pueden tener un único final. —Da media vuelta y se queda detrás de mí, me sujeta los hombros.

El llanto de Omar y Rashid ahora son solo sollozos.

—Siempre fuiste mi preferido, desde que naciste. —Me acaricia el pelo—. Mi hijo, mi imagen, mi sucesor. —Me besa lo alto de la cabeza—. No me decepciones.

—¿Qué tengo que hacer para no decepcionarlo, papá? —pregunto.

Más tarde entendí la forma en que mi padre me miró.

Apostó sus fichas por mí, tras probar a mis dos hermanos, que fracasaron.

—Voy a enseñarte la parte más difícil de ser un hombre poderoso, vamos a ver si eres apto o no.

—Se agacha a mi lado—. Este hombre. —Señala con el índice al guardia, su cara se contorsiona—.

Él es el motivo por el cual crecerás sin madre, Khaled.

Él es el motivo por el cual tu padre es infeliz.

Él es la razón por la cual no sabrás qué es el amor.

— Khaled —el guardia murmura con todas sus fuerzas.

—Tus hermanos nunca podrán reemplazarme porque son débiles. —Me masajea los hombros—. ¿Eres débil, Khaled?

—No, papá.

—Pregúntale, Khaled. Pregúntale dónde está tu madre.

—¿Dónde está mamá? —digo irritado al guardia.

— Khaled —gime el hombre—. No.

—Dile, Khaled, que no tendrás una mamá, alguien para contarte historias para dormir, alguien para amarte y protegerte de todo, porque la dejó escapar.

Yo repito las palabras.

No tenía madurez para entender exactamente lo que decía, pero el calor del momento hizo que cayeran lágrimas de mis ojos mientras rechinaba los dientes.

—¡Dime dónde está mamá! —grito.

—Eso, Khaled. Continúa.

—¡Quiero a mamá! —grito.

—Muy bien, hijo mío, mi heredero.

—¡Devuélveme a mamá! —grito.

— No... puedo... Khaled.

—Entonces, Khaled, solo hay una salida. —Mi padre saca de la cintura su puñal favorito.

Es precioso, siempre me llamó la atención desde la primera vez que lo vi, tiene un ojo grabado.

—Córtale el corazón.

Ese fue el único momento en que volví la cara para mirar a mi padre y asegurarme de que realmente me lo estaba pidiendo. Quizá fue en ese punto cuando mi cerebro entendió por qué Omar lloraba y Rashid había vomitado.

— Córtalo —gruñe mi padre junto a mi oído.

Yo tenía 7 años.

Solo 7 años.

A esa edad, nuestros padres son como dioses. Lo saben, pueden y hacen todo. Quieren lo mejor para nosotros, nos aman y no nos pondrían en peligro bajo ninguna circunstancia.

— Aquí. —Me muestra dónde tengo que clavarlo.

Mirando a los ojos del hombre que un día protegió a mamá, le perforo el pecho hasta ver brotar la sangre. Mi padre aprueba con un leve gesto de la cara y me indica que vaya lo más profundo posible con el puñal.

Los ojos del hombre se quedan estáticos, pero aún respira. Surge un olor asqueroso a orina y cuando quise apartarme, mi padre sujetó el mango y me obligó a rasgar el pecho del hombre hasta abrir un agujero.

Rashid vomita otra vez. Y Omar llora aún más fuerte que antes.

Yo tenía solo 7 años cuando mis dedos, mi mano, mi cuerpo sintió el calor y los últimos latidos del corazón de un hombre, para, por fin, callarse.

Con toda su historia, secretos y aliento de vida.

—¿Cómo está su corazón? —pregunta mi padre.

—No late, papá —digo con los ojos abiertos como platos, sin entender lo que acababa de hacer, intentando por todos los medios no procesar lo que ocurrió.

—Como el mío, el día en que tu madre me dejó. —Se agacha y me besa la frente—. A partir de hoy eres mi heredero —sonríe de un modo paternal y me abraza—. Prométeme que enseñarás así a tus hijos.

—Lo prometo, papá.

Youssef tiene 7 años.

Me despierto del sueño, si es que puedo llamarlo así.

Algunas personas lo verían como una pesadilla, yo sé que es mi pasado. Me limpio el sudor de la frente y del cuello, observo a Raffaello viendo a una mujer bailar en la televisión de la sala de cine del avión.

—¿Por qué siempre ves estas mierdas en los viajes? —Parpadeo y me acomodo en el sillón.

—Ah, me encanta ver a mujeres bailando, me distrae. —Su dedo índice se mueve al compás de la música—. ¿Pesadilla?

—Algunas personas lo verían así. —Encojo los hombros.

—No le des muchas vueltas, acabamos de entrar en el espacio aéreo del Septentrión y vamos a aterrizar para la coronación del rey Haakon.

Despertarme y ver a Raffaello viendo vídeos así se ha vuelto tan frecuente en nuestros viajes que a veces siento que vivo en loops temporales interminables. Tardo un rato en recobrar los sentidos y enfrentarme a algo peor que mi pasado: mi presente.

—Jeque Khaled —la voz del piloto resuena en el altavoz de la sala—. Vamos a iniciar la maniobra de aterrizaje, por favor, póngase el cinturón.

Me acomodo en el sillón y me preparo.

*

La coronación de mi amigo Haakon fue muy bonita. Los rituales vikingos del Septentrión se han mantenido durante siglos, algunos dirían incluso que más de un milenio.

Ver llegar al trono a mi gran amigo después de todo lo que enfrentó me llenó de alegría y de la certeza de que tuvo razón en todo lo que hizo y, sobre todo, me alegré por haber cumplido mi juramento y haberlo ayudado a luchar contra la conspiradora que intentó exterminar a su familia y arrebatarle todo.

Después de la ceremonia, el Custodio de la familia nos reunió en el salón del trono y nos dio un panorama de todo lo que ocurrió:

El Septentrión es un reino de 4 países, cada uno regido por una familia, pero una de ellas gobierna el reino: los Linkalter, Saavedra, Iranovichk y Kjaerlighet, estos últimos los unificadores de los pueblos y la familia más rica de toda Europa.

Resultó que los Kjaerlighet tenían mucho poder e influencia y eso no agradó a otras familias del mundo que, en una conspiración, se unieron para matar a todos los descendientes.

—El Rey Loco Saavedra mató a su propia esposa, que era de la familia Kjaerlighet, y conspiró para acabar con todos los que tuvieran aquella sangre. Entonces estalló la gran guerra; los Iranovichk y los Linkalter se unieron para deponer al rey y poner fin a su reinado —explica el Custodio.

Conozco esta historia.

Mamá a veces me la contaba, fingía que tenía que ver con las 1001 noches, pero Sherezade, los 40 ladrones y la lámpara mágica no tenían nada que ver con los vikingos y sus guerras por poder y dinero.

—Cuando derrotaron al Rey Saavedra, los Linkalter, que eran muy cercanos a los Kjaerlighet, quisieron devolverles el favor. Intentaron matar a todos los miembros de la familia del Rey Loco, pero los Iranovichk los escondieron y los enviaron por el mundo, junto con lo que quedaba de los Kjaerlighet.

Toda esta historia se le cuenta al nuevo Rey del Norte porque el Custodio tiene documentos que prueban que se encontraron descendientes del linaje perdido, venidos de Luma Kjaerlighet, madre de Elizabeth Boccutti.

Esa mujer, también conocida como La Gitana , es muy influyente en la Colmena y sus hijos también.

Juntos luchamos para acabar con algunas familias que continuaron conspirando para exterminar a otras.

En resumen: las personas con poder y dinero solo quieren dos cosas: más poder y más dinero. Y para ello intentan destruir a otras familias, robar sus bienes y asumir el control de lo que tenían. Lo hacen infiltrándose, casando a hijos, hijas, hermanos, en fin.

Vivimos días difíciles que involucraron el tráfico de mujeres, pero todo eso ya se ha superado gracias al esfuerzo colectivo de Ethan Evans, el propio Haakon, el presidente de los Estados Unidos Jacob Parker, yo, obviamente, todo bajo la supervisión de Elizabeth.

Toda esta conversación me toca algo sensible.

Nosotros, los Al Makariam, somos la Séptima Familia.

Eso significa que, en el mundo entero, existen familias que controlan la economía, la cultura, la política, dicen cuándo empiezan y acaban las guerras. La mía es la séptima en poder. Tenemos dinero, tenemos poder, tenemos familias vasallas muy poderosas.

Mi padre quiere casarme con Khadija Al Bawari porque, así, cuando yo sea Emir, seremos la Sexta Familia. En unos años, la Quinta.