Yo te pago 1. Preámbulo
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Yo te pago

Yo te pago

Por Mar Rodriguez

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1. Preámbulo

Preámbulo

C uando escucho la propuesta de Mira, la obligo a repetir sus palabras.

—¿Qué?

—¿De verdad no escuchaste la primera vez?

No le respondo. Le toca a Mira decidir si quiere repetir la locura que dijo antes.

Se remueve a mi lado en el coche, vuelve la vista hacia la ventanilla y otra vez sonríe, rozándose un diente con la punta de la lengua. Aun bajo estas circunstancias, no puedo evitar pensar en lo bella que es. La belleza de Mira la tomo como una ofensa.

—Necesito dinero. Urgente. Te propongo tener sexo conmigo a cambio de dinero —me dice mirándome a los ojos, con la sonrisa todavía flotando en los labios como si estuviera gastándome una broma para ponerme a prueba.

Lo que comenzó en mí como incredulidad ahora se siente como humillación. Mira sabe muy bien por qué me está haciendo a mí esta propuesta. Todos estos años y siempre lo ha sabido. Yo he sido una ingenua, ella una manipuladora. Nada nuevo bajo el sol.

—¿Has perdido la cabeza?

—La pequeña Ken, siempre tan seriota —dice y hace un mohín.

Mis manos parecen tener vida propia sobre el timón del coche inmóvil.

Presionan hasta que los nudillos adquieren un tinte blanco.

¿Mira notará cuánto me está costando no gritar?

Claro que sí: Mira lo nota todo. Son los demás los que no notan a la Mira completa, despistados por sus signos más evidentes de mujer florero, diseñada para exhibir y alardear.

—¿Cómo has podido caer tan bajo? —Mi tono es una planicie, muy alejado del tumulto que me crece dentro.

«¿Cómo me has arrastrado hasta aquí?» es lo que no pregunto porque lo que realmente me provoca repugnancia y temblor es que Mira haya desvestido todos mis deseos y, desnudos, los haya tirado entre ambas y les haya puesto un precio.

—¿Caer bajo es estar con la inteligente y guapa Kendra Cullen? Hay cosas peores, créeme —dice y vuelve a mirar por la ventanilla del coche.

—Sal. Vete —digo pulsando para abrir la puerta del coche—. No vuelvas a mencionarme esto en la vida, Mira. Nunca más .

Mira ríe. ¡Ríe! Como si no creyera nada de lo que digo.

—Me voy, pero piénsalo, Ken. Me harías un favor. —Hace ademán de abrir la puerta, pero se detiene y vuelve a mirarme.

Su mirada desciende por mi rostro y se demora en mi boca. Como la gran manipuladora que es, ella logra sugerir la dosis justa de deseo—. Lo pasaríamos en grande. Al fin lo pasaríamos en grande.

Mira Radley es basura, pero Mira Radley siempre ha sabido cómo lograr lo que quiere.

Se va. Evito mirarla alejarse. Pienso en volver a entrar a casa de mis padres e intentar averiguar por mi hermana, de manera indirecta, qué está sucediendo con Mira. Desecho la idea.

La perspectiva de volver a casa de mis padres me provoca la misma aprensión que tres horas antes, cuando llegué y no tenía idea de que mi día terminaría con Mira prometiendo cumplir mi mayor sueño a través de una pesadilla.