28 DE NOVIEMBRE
Visita al concesionario Peugeot
NC: —Buenos días. No, no…
NC: —Igual, necesitaría tu ayuda.
Ayelén Sargento (AS): —Usted es Nicolás Cattaneo, ¿verdad?
NC: —Así es…
V1: —¿Quién?
AS: —Es un periodista famoso. Fue quien descubrió al secuestrador de Violeta, la nena que apareció a principio de año. ¿Te acordás?
V1: —¡Ah! Sí, sí.
AS: —Ayelén Sargento, un gusto y un honor ayudar a una celebridad como usted a elegir su próximo Peugeot.
V1: —¡Che! ¡Lo estoy atendiendo yo!
NC: —Le decía a tu compañero que no vine a comprar. Pero podrías ayudarme con otra cuestión. Y tuteame, por favor.
Apuntes de la entrevista. Desarrollo
La concesionaria se ve prolija y huele a neumático nuevo. Hay unos cinco modelos exhibidos, principalmente, SUVs. Desde aquí, veo la máquina de café, un sector de sillones para esperar y seis escritorios, de los cuales apenas dos están ocupados por empleados.
El vendedor aparenta menos de veinticinco años.
Lleva pantalón de vestir, zapatos, saco y corbata, aunque cada prenda luce barata y un talle más grande del que debería ser.
La presencia de la vendedora, en cambio, es impecable.
Pollera de tubo negra, camisa azul escotada y tacos de cinco centímetros.
Si bien dudo de que sean prendas de primeras marcas, le ha puesto esmero.
También es jovencita, veintiuno o, a lo sumo, veintidós.
Grabación de audio. Transcripción. Parte 2
AS: —Vení, sentate. Este es mi escritorio. ¿Te puedo ofrecer algo de tomar? ¿Un cafecito?
NC: —Un capuchino sería agradable a esta hora de la mañana.
AS: —Sí, claro.
Traele un capuchino a Nicolás, por favor.
V1: —¿Yo? ¿Por qué?
AS: —Porque el salón está vacío, y vos estás libre.
Ahora, contame. ¿Qué te trajo a nuestra concesionaria?
NC: —Alexis Simunovic. ¿Te suena el nombre?
AS: —Claro que me suena, por él te conozco.
Acá el chusmerío corre fuerte y nos enteramos de que Ale había sido testigo de la aparición de Violeta la misma mañana que salió tu nota.
NC: —Comprendo. Me alegra que estés familiarizada con mi trabajo.
Respecto a Simunovic, me interesa comprender cómo fue su desvinculación. Estoy preparando un artículo para el aniversario que cuenta qué fue de la vida de cada testigo y cómo llegaron a presenciar el accidente. Tengo entendido que lo habían despedido esa misma tarde.
AS: —Imagino que estás al tanto del trágico final.
NC: —Sí.
AS: —Ah, okey. Se armó tremendo revuelo cuando nos enteramos, y varios compañeros creen que su muerte afectó a Santiago…
NC: —¿Quién es Santiago?
AS: —Santiago era jefe de ventas del salón en la época que Alexis trabajaba con nosotros. Ese día, lo rajó a los gritos, después de una discusión que mantuvieron por un cliente que vino a reclamar en persona que le entregaran su auto.
NC: —¿Y qué le pasó?
AS: —Mirá, está mal que te comparta esto. Te pido, por favor, que evites mencionar mi nombre. Inventá que lo averiguaste por otro lado.
NC: —Te doy mi palabra.
V1: —Acá está el café.
NC: —Gracias.
AS: —¿Pensás quedarte? Estamos manteniendo una charla privada.
V1: —Nena, la máquina de café está a cinco metros. Escuché toda la conversación. Además, bien dijiste: el salón está vacío.
AS: —Si por algún motivo nuestros jefes se enteran de lo que estamos hablando, además, llegará a sus oídos el asunto de las publicaciones engañosas que cierto empleado está subiendo a internet.
V1: —Picante mi compañera, ¿viste? Tranquila, boca sellada.
NC: —Me contabas de un tal Santiago.
AS: —Sí, Santiago Fenelli.
V1: —El choborra .
NC: —¿Tenía problemas con el alcohol?
AS: —Sí. Escuchame una cosita. Si te quedás acá, que sea en silencio. ¿Okey?
Santiago era mi jefe. Desde el primer día que entré a Peugeot, hace como dos años, me percaté de sus temitas con la bebida, aunque se esforzaba por disimularlo.
Cuando su mujer lo dejó y se llevó a sus hijas, comenzaron los destratos, los gritos, los reclamos… se generó un clima de mierda. Parecía que venía a la concesionaria a castigarnos por sus problemas personales.
NC: —¿Alexis estaba cuando vos entraste?
AS: —No, no. Él habrá durado tres meses, a lo sumo, cuatro. Otro que vivía de mal humor. Jamás lo vimos reírse en horario laboral.
NC: —¿Sabían que estaba enfermo?
V1: —No.
AS: —No. Raro porque acá te hacen el examen médico previo a contratarte.
V1: —Previo a ponerte en blanco. ¿Cuánto demoraron en registrarnos a nosotros?
AS: —Es verdad. Tampoco menciones esto, por favor.
NC: —Tranqui. Imagino que Alexis y Santiago debían sacarse chispas.
AS: —Eran dos volcanes a punto de estallar, nunca hubo buena vibra entre ellos y reventaron el día que lo rajó. Fue un tsunami de insultos. De haber estado el gerente, calculo que los dos terminaban en la calle.
V1: —Mínimo lo suspendía.
NC: —¿Qué pasó después con Fenelli?
V1: —La muerte de Alexis le comió la cabeza.
AS: —Suponemos que se responsabilizó, en parte, por lo que hizo Simunovic.
V1: —¡Lógico! ¡Si lo rehumilló cuando discutieron!
AS: —Al enterarse del suicidio, su condición se profundizó. Hasta caía tomado a la oficina.
V1: —Era insoportable el olor a vodka a la mañana.
NC: —¿Él se…?
AS: —¿…quiso desvivir? Suponemos que lo intentó, es difícil saber.
V1: —¿Difícil? Se la dio de lleno contra una cabina de peaje.
AS: —¡¿Qué sabés?! Pudo haberse dormido al volante. La gente pierde la conciencia cuando se emborracha.
V1: —Aye, dijeron que iba muy fuerte para estar dormido.
NC: —Me gustaría entrevistarlo y preguntarle.
AS: —Dudo que te responda. Está en coma, desde fines de agosto.
V1: —Lo visitamos una vez. Lo mantienen vivo con máquinas.
AS: —Sí… Como a las dos semanas de la internación, lo visitamos. Creo que por culpa, no sé.
V1: —¿Te acordás de las hijas? ¡Pobres pibas!
AS: —¿Cómo olvidarlas? Las caritas de tristeza… Le hablaban al papá, le contaban del cole, de las amigas, de la tarea. Me partieron el corazón.
V1: —La ex también estaba rebajoneada.
AS: —¡Y sí! Debe ser durísimo ver al padre de sus hijas, al hombre con quien compartió años de casada, postrado en la cama a la espera de un milagro.
NC: —¿Van seguido?
AS: —Nos contó una enfermera que las nenas suelen ir a diario.
NC: —Díganme, ¿dónde está internado?
V1: —No sabemos.
NC: —Acaban de contarme que lo visitaron.
AS: —Lo trasladaron. Según el gerente, por un tema de la obra social.
NC: —¿El gerente sabe? ¿Podré hablar con él?
AS: —Nicolás, ni se te ocurra charlar con el gerente, por favor, te lo pido.
V1: —Nos vas a meter en un quilombo.
AS: —Danos tiempo y lo averiguamos. Te lo prometo.
NC: —Te dejo mi tarjeta. Cuando consigas el dato, mandame un mensaje.
AS: —Gracias. Acá está la mía.
NC: —Perfecto. Quedamos en contacto.
Gracias, chicos, por su atención.
AS: —Nada que agradecer y por favor, cuidanos cuando publiques.
Nota de voz. Transcripción
Otra persona atravesada por un momento oscuro, otra tragedia.
Esto no puede ser casualidad. Valerda se distrajo y atropelló a Sklier porque Simunovic le gritó, porque a su vez esa tarde Fenelli lo rajó a las puteadas.
Por otra parte, si Zapata discutió con el chofer, fue por culpa de un chorro que le afanó la bici.
Un chorro que, a los días, falleció por sobredosis.
¿Qué carajos está pasando?
De seis protagonistas, tres están muertos y uno en coma. Es más, si cuento a Hermaniuk, el mecánico que descompuso el Corsa, son cuatro. ¿Cuál es la probabilidad? La historia de Cachy es un cuento de niños en comparación.
Intercambio de mensajes con Olivia Croche
NC: —Oli, buenos días. ¿Estás ocupada?
OC: —Buenos días, Nico. Para nada. Justo estoy bloqueando la compu para salir a almorzar. ¿Pasó algo?
NC: —Sí, las coincidencias son cada vez más lúgubres.
OC: —¿Posta? ¡Contame!
NC: —Prometo hacerlo cuando la información cobre sentido. ¿Pudiste hablar con la mujer de mantenimiento?
OC: —¡Uy! ¡Me olvidé!
Dame un par de minutos, que consulto si regresó de las vacaciones.
NC: —Dale.
OC: —Sí, Nico. Está disponible y de buen humor. Se ve que el descanso le hizo bien. Hablé directo con ella y se alegró cuando le conté que un periodista quería entrevistarla.
NC: —¿Se alegró? ¿Le dijiste mi nombre?
OC: —Sí. Te ubica y sabe que sos un periodista de investigación. Pasa que le vendí que estabas siguiendo los pasos de un héroe anónimo que seguro trabajó para ella.
NC: —Bien hecho, Oli. Bien hecho.
OC: —Ella te escribirá, ¿sí? Le pasé tu celu. Era más práctico que darte el interno de su oficina. Se llama Marianela Irigoytía.
NC: —Gracias, Oli.
OC: —De nada. ¡Y espero me compartas los avances!
NC: —No hace falta el subrayado. Tenés mi palabra.
Intercambio de mensajes con Marianela Irigoytía (MI)
MI: —Señor Nicolás Cattaneo, buenas tardes. Mi nombre es Marianela Irigoytía. Me informaron que desea conversar conmigo.
NC: —Buenas tardes. Es correcto, la informaron bien. ¿Usted está a cargo de la reparación de las veredas?
MI: —Sí y no. El vecino frentista es el principal responsable de mantener y reparar su vereda. Sin embargo, en ocasiones, nos encargamos nosotros, sea por rotura de raíces o por obras de servicios públicos que dañan la acera.
NC: —O porque se aproximan las elecciones. Yo he visto cómo levantan veredas completas sin ningún desperfecto para colocarle baldosas nuevas, en el mejor de los casos. A veces, incluso, ponen las mismas.
MI—¿Sobre esto trata su investigación? Me siento engañada.
NC: —No, para nada. Disculpe si me excedí con el comentario.
Quería hablar con usted porque estoy buscando un héroe anónimo que trabaja en las cuadrillas. ¡Es una historia emocionante!
MI: —¡Ahora sí! ¡Excelente!
¿Le parece si hablamos en persona?
NC: —Estaría encantado. ¿Le invito un café?
MI: —Mejor yo le invito a usted. Tengo una cafetera importada en el despacho que es la envidia de todos; y encima, traje cápsulas premium de mi Eurotrip .
NC: —¡Qué afortunado soy!
MI: —Mañana 11 a. m., ¿puede? Trabajo en el mismo edificio que su conocida de administración.
NC: —Listo. Horario reservado en mi agenda.
MI: —Hasta mañana, Nicolás.
NC: —Hasta mañana, y gracias.