Yo esa noche 11 DE NOVIEMBRE
62%

11 DE NOVIEMBRE

Encuentro con Jésica Scarpin

Intercambio de mensajes previos

NC: —¡Hola!

JS: —Buenas tardes, señor Nicolás Cattaneo. ¿Qué tal viene su jornada?

NC: —Buenas tardes, señora Jésica Scarpin.

Por ahora, tranquila. ¿Y la suya?

JS: —Satisfactoria, y soy señorita. No me casé.

NC: —¡Yo tampoco!

JS: —¿Te digo señorito, entonces?

NC: —Mejor hablemos sin este formalismo que te nace cada tanto.

JS: —Jajaja, como prefieras.

NC: —¿Hoy nos vemos?

JS: —¡Sí! Te portaste de diez estos días, así que te has ganado mi visita.

NC: —¿Eh?

JS: —A pesar de que estuve ocupada, me escribiste. Para saludar, para preguntar cómo estaba, para saber si en la boda quedaron contentos con nuestro servicio…

NC: —Claro, porque me interesás.

JS: —Lo hacés parecer obvio. El Nicolás que conocí al principio se miraba bastante el ombligo.

NC: —¿Es un reclamo?

JS: —Es un reconocimiento. Me alegra conocer esta versión.

NC: —Ajá…

¿A qué hora?

JS: —Tipo 21. Llevo una cerveza fría y pedimos pizza. ¿Te parece?

NC: —Para mí agua. Quiero estar lúcido y me gustaría que vos también lo estuvieras. Necesito entender qué me estoy perdiendo en el caso Violeta.

JS: —¿Me estás invitando a trabajar?

NC: —Exacto. Necesito de tu sagacidad policíaca para interpretar los hechos.

JS: —¡Ah! ¡Ok!

De ser así, voy directo sin bañarme… Jajaja.

NC: —Jajaja. ¡No hay drama! Tengo ducha en casa.

JS: —Apa, apa… ¿Qué propone, señor?

NC: —¡Qué trabajemos concentrados!

JS: —Veremos qué sucede.

NC: —Dale, te espero.

Grabación de audio. Transcripción. Parte 1

JS: —¿Acabás de activar la grabadora del celu?

NC: —Sí. Me sirve para luego repasar lo conversado.

JS: —Era verdad cuando decías que no pasaría nada.

NC: —¿Por qué mentiría?

JS: —Porque sos hombre y siempre tienen la idea fija.

NC: —Vos sabés que estuve meses sin…

JS: —Sí, sí, sí. Entendí. Hoy se trabaja.

NC: —Gracias.

JS: —A ver… comentame los cambios de la bendita pizarra.

NC: —Fijate, salta a la vista.

JS: —Nico, evitemos las adivinanzas. Vayamos al grano.

NC: —Creo que sería mejor si me mantengo callado para no interferir en tu percepción. Mirá el cuadro y decime qué te llama la atención.

JS: —Mmm…

¡Ah! ¡Aaaaaah!

NC: —Te escucho.

JS: —Sí, entiendo. Es llamativo.

Vamos por partes: ¿El mecánico se suicidó después de la entrevista?

NC: —Yo entrevisté al dueño del taller, y si se hubiera suicidado antes de la entrevista habría sido la nota del milenio.

JS: —Jojojo, que gracioso.

NC: —El mecánico que falleció era uno de sus empleados: Lukas Hermaniuk.

JS: —¿Él reparó el auto de Olivia?

NC: —Sí, y Peter Prospar decidió echarlo por su error. A los días, se quitó la vida.

JS: —Pobre… ¿Te dijo qué le pasaba?

NC: —Tenía sus problemas. Sigamos con lo nuestro.

¿Qué? ¿Qué hacés? ¿Por qué me levantás la remera?

JS: —Estoy buscando tu interruptor de “sensibilidad”. Seguramente, esté en off .

NC: —Obvio que lamento el final de ese hombre, pero no fue el único.

JS: —Sí. Ahí está lo segundo que me llamó la atención. Impacta verlos a los tres en la pizarra, uno junto al otro.

El mecánico de apellido difícil tuvo injerencia en que Violeta no fuera atropellada porque estropeó el Corsa. El ladrón de la bici forzó a Josmar a tomarse el colectivo, y eso desencadenó la discusión con el chofer por el boleto.

NC: —Discusión que sacó de quicio a Simunovic.

JS: —Por eso, les gritó que se callaran justo en el instante que cruzaba Sklier.

NC: —La participación de los tres suicidas fue crucial para la liberación de la nena y para la muerte del secuestrador.

JS: —Estamos de acuerdo. ¿Para esto necesitabas mis habilidades policíacas?

NC: —No. Para ayudarme a ver.

JS: —¿A ver qué?

NC: —Me estoy perdiendo algo importante.

JS: —¿Por?

NC: —Es demasiada coincidencia, Jesi.

JS: —Las coincidencias son coincidencias.

NC: —¿Así de simple? En mi opinión, las tildamos de coincidencias porque estamos a ciegas, porque desconocemos la información completa.

JS: —¿A dónde querés llegar?

NC: —A conseguir las respuestas. A conocer el bosque que está detrás del árbol, como una mujer inteligente me dijo una vez.

En este caso, son tres árboles; y quiero saber a qué bosque pertenecen. ¿Me seguís?

JS: —Decirte que sí sería mentirte.

A ver, Nico… Vivir en sociedad implica que las acciones que tomamos repercuten en los demás. Algunos actos pueden estar destinados a causar efectos específicos, y otros suceden sin ser planeados. La diferencia entre unos y otros es la intención.

NC: —Desarrollá.

JS: —Si una persona entierra una semilla en su jardín y crece una planta, consiguió su objetivo. En cambio, si un día de tormenta el viento deja la semilla en el jardín y después nace la planta que justo esa persona deseaba, es una coincidencia. Se acepta y punto, no hay muchas vueltas que darle.

NC: —Es una perspectiva miope.

JS: —¿Perdón?

NC: —Lo digo sin ánimos de ofenderte. Es la misma miopía o astigmatismo que me afecta a mí.

JS: —Su turno de desarrollar.

NC: —Al decir y aceptar que la semilla la trajo el viento, estás evitando aprender sobre cómo llegó hasta ahí.

¿Esa planta se reproduce aprovechando la corriente de aire?

¿Un pájaro la habrá recogido para alimentar a sus crías?

¿Un vecino tiene de la misma especie y, por consiguiente, al dueño del jardín le gusta?

O quizá, fue adrede. Pudo pasar que una persona cercana a este sujeto supiera de su amor por esa planta y se hubiera escabullido en su jardín para plantarla… ¡Como un regalo!

JS: —Nico, te repregunto: ¿Adónde querés llegar? ¿Cuál es tu norte en esta investigación? Sin dudas, hay miles de hechos y cuestiones que desconocemos, que llevaron a que esa noche el secuestrador muriera y la nena regresara con sus padres.

NC: —¿Y si hubiera una intención detrás de ese resultado?

JS: —¿Estás hablando de planificación?

NC: —Es una posibilidad, entre un mar de posibilidades. Pudo ser el viento quien los arremolinó o pudo ser un jugador que desconocemos quien plantó la semilla.

JS: —¿Cómo puede una persona planear esa clase de accidente?

Dudaría si habláramos de cortarle los frenos al colectivo o de empujar a Sklier hacia el asfalto.

Y si no fue planeado, es irrelevante rastrear en el tiempo la interconexión de los sucesos porque tirarás de la soga hasta llegar al día en que el secuestrador nació.

Las causalidades que importan son las inmediatas.

NC: —Bien dijiste: “Si no fue planeado”.

JS: —Esa opción roza lo imposible.

NC: —Jesi, mirá de nuevo la pizarra, por favor.

JS: —¡La estoy mirando!

NC: —¿No te resulta llamativo que haya tres suicidios en el mismo hecho?

JS: —Sí. El tema es comprender que lo llamativo no siempre encierra una razón de ser.

¿Te acordás del caniche asesino? El del barrio de Caballito.

NC: —¿Es una tomadura de pelo?

JS: —Para nada. Fue un hecho tan increíble como real.

Sucedió en 1988, un mediodía, cerca de fin de año. El mes te lo debo. Un perrito llamado Cachy estaba jugando en un balcón que daba a la avenida Rivadavia. No recuerdo la intersección, pero era a pocas cuadras del límite con Flores; y me quedó marcado a fuego el piso del departamento: número 13.

El caniche, por perseguir la pelotita con la que jugaba, cayó al vacío e impactó de lleno en la cabeza de una señora mayor, quien regresaba de hacer las compras en el mercado.

NC: —Pobre mujer, qué mala suerte. De todas formas, está lejos de asombrarme como el caso de Vio…

JS: —¡Esperá! ¡No terminó ahí!

El cuerpo de la señora quedó tendido, y los testigos narran que decenas de extraños se acercaron al lugar del accidente. Pocos para ayudar, la mayoría para mirar el cuerpo de una vecina tirado en la vereda. Igual nadie hubiera podido socorrerla. Murió en el acto.

Entre tanto tumulto, una mujer curiosa que cruzaba la calle para acercarse al lugar, fue atropellada por un colectivo de la línea 55.

NC: —¡Uh! ¡Participó un colectivo! Ahora comprendo la vincula…

JS: —¡Qué esperes, dije!

NC: —Jodeme, ¿hay más?

JS: —Un hombre, que fue testigo directo de las dos muertes, comenzó a descompensarse.

Le dolía el pecho y estaba mareado. Dicen que intentó alejarse de la muchedumbre para tomar aire, y no llegó demasiado lejos.

Entró a una concesionaria de autos a pocos metros, avisó de su malestar, y se desplomó sobre el piso. Murió de un paro cardíaco.

NC: —Fa… Tres muertes en cuestión de minutos.

JS: —Cuatro. Te faltó contar a Cachy.

Grabación de audio. Transcripción. Parte 2

NC: —¿Pretendés demostrar, con esta hermosa anécdota ochentosa, que las casualidades “mortales” suceden?

JS: —Eso sabemos que sucede sin necesidad de validarlo.

Mi punto es que una situación llamativa puede ocurrir sin razón de ser. Cachy se cayó del balcón y golpeó a una mujer, y murieron los dos. La curiosidad provocó la muerte de la segunda persona, y la angustia se cargó a la tercera.

¿Cuál sería el sentido de investigar las vidas de las víctimas? ¿Qué aportaría saber cómo llegaron a estar a la hora y lugar de la tragedia?

En los hechos fortuitos, la mayoría de las preguntas suelen llevarte al mismo callejón sin salida.

NC: —Es una conclusión sesgada que peca de inocente.

JS: —¿Por?

NC: —Porque asumís un montón de cuestiones. Rellenás los vacíos de información con axiomas preestablecidos, como que nadie pudo planear la caída de Cachy.

Te pregunto: ¿Se indagó si los dueños del perro le debían dinero a la señora? O tal vez, la deuda era con el señor, y conocían su problema cardíaco. O puede que alguien hubiera querido vengarse de la que murió atropellada y la llamó para que cruce al ver que se aproximaba un colectivo.

En lugar de hacer preguntas incisivas, la gente, los periodistas, los policías, asumieron que fue una tragedia orquestada por la mala suerte.

JS: —Resulta inverosímil tu planteo, Nico.

NC: —Que la probabilidad de ocurrencia sea remota es distinto de que sea imposible. En realidad, nadie investigó en profundidad. Es más, ni siquiera de forma superficial. Dudo que hayan indagado a los familiares que se beneficiaron con las herencias.

Y a mí, en la carrera de periodismo, me enseñaron que, en tanto existan chances de que una noticia sea cierta, es válido creer en ella y vale la pena investigarla.

El gato de Schrodinger puede estar vivo o muerto, siempre que la caja permanezca cerrada.

Es decir, una teoría será considerada verdadera y falsa en tanto las evidencias recolectadas no inclinen la balanza hacia uno u otro lado.

JS: —Okey, okey, y decime… ¿para vos cuál es la teoría que conecta a los hechos del caso Violeta?

NC: —Todavía estoy armándola y me serviría tu ayuda.

JS: —Mi mente por el momento dice que no hay teoría. Aunque reconozco que es llamativo, falta la intencionalidad detrás de las muertes porque ni siquiera son homicidios. Más allá de que la inducción al suicidio existe, ¿por qué hacer que se quiten la vida consumado el hecho?

NC: —Para resolver esa y otras cuestiones, necesito reunir toda la información existente sobre los testigos y rastrear las interconexiones sospechosas que surjan.

Recién cuando conozca acabadamente los hechos y las variables que derivaron en el accidente de aquella noche, podré formular mi teoría o confirmar que fue una casualidad.

JS: —Nico, ningún ser humano puede alcanzar la verdad absoluta sobre un hecho. Con suerte, se obtiene un grado razonable de veracidad, basado en pruebas e indicios. Ni siquiera una confesión es garantía de certeza.

NC: —¿Segura? Entonces, la ciencia es una mentira.

JS: —¿Eh?

NC: —El ser humano alcanzó certezas en un sinnúmero de cuestiones gracias a la ciencia; gracias a personas que, en lugar de aceptar la realidad que les ofrecían, la cuestionaron, la desgranaron hasta comprender cómo funcionaba.

Existió una época donde la electricidad era una brujería o un poder divino. Hoy mi living está iluminado gracias a personas que aprendieron a controlarla y utilizarla. Personas que descubrieron la verdad de la electricidad. ¿Me seguís?

¿Jesi?

Te aburrí…

JS: —Estoy cansada, fue un día largo.

¿Entendés que un montón de científicos trabajaron por décadas sobre el mismo tema para que hoy tengamos luz? Mientras que, en el caso Violeta, estás vos solo con recursos limitados y tiempo escaso.

NC: —¿Sugerís que contacte a un grupo de científicos? ¿De qué rama?

JS: —Sugiero que pidamos la cena y que veamos una peli. Las dos neuronas que todavía me funcionan dicen que fue suficiente por hoy.

NC: —Okey, hagamos una pausa. Despejamos la mente y después retomamos.

JS: —Estoy de acuerdo, siempre que “después” equivalga a “dentro de unos días”.

NC: —Jajaja. Veremos…

JS: —¿Pedís unas milanesas a caballo? Estoy muerta de hambre.

NC: —Dale.