13 DE OCTUBRE
Intercambio de mensajes con Olivia Croche (OC)
NC: —Buenos días, señorita Olivia. Mi nombre es Nicolás Cattaneo, soy periodista. Nos conocimos en el accidente que liberó a Violeta Hernández Blanco.
OC: —Buenos días, Nicolás. ¡Sí! Me acuerdo de vos.
NC: —Espero no molestarla al escribirle tan temprano.
OC: —De ningún modo; y por favor, tuteame. ¿Me escribís por lo de aquella noche? ¿Te gustaría que nos juntemos a charlar?
NC: —¡Sí! ¡Excelente! ¿Cuándo podrías?
OC: —Hoy, a la salida de mi trabajo, tipo 19. ¿Te parece?
NC: —Sí, obvio.
OC: —Ahora te paso la ubicación de un café copado que hay por acá. ¿Conocés Parque Patricios?
NC: —Conozco.
OC: —Quedamos así, entonces. Nos vemos a la tarde. Gracias por acercarte.
NC: —Gracias a vos por la buena predisposición.
OC: —Nada que agradecer. Necesito hablar de lo que pasó.
NC: —Hoy es el día. Nos vemos en unas horas.
Entrevista a Olivia Croche
Nota de voz preliminar. Transcripción
Otra vez me encuentro en un café para realizar una entrevista vinculada al Proyecto Aniversario.
Hoy es el turno de Olivia Croche, la mujer que casi atropella a Violeta con su auto.
Veré qué tiene para contar. Por lo pronto, la percibí entusiasmada ante la posibilidad de conversar sobre el tema; incluso, ansiosa. Eso siempre es bueno.
La confitería que eligió es acogedora. Son pocas mesas y está lleno. Yo ocupé la última libre. Las cucharitas golpeando contra el borde de las tazas, el murmullo de la gente, el aroma a café y la inminencia del encuentro me provocan un grato cosquilleo a lo largo de la espalda.
Ahí está. Es ella. Acaba de llegar.
Grabación de audio. Transcripción. Parte 1
NC: —Buenas tardes, Olivia. ¿Cómo estás?
OC: —Buenas tardes. Decime Oli. Todo bien. ¿Vos, Nico?
NC: —Bien, contento de encarar esta entrevista. Ojalá cumpla con las expectativas de ambos.
OC: —¡Ay, sí! Llevo semanas repitiéndole a mi pareja que necesito hablar con alguien acerca del accidente, y justo hoy me escribiste. Sentí que era otra señal.
NC: —¿Otra señal? ¿Cuáles fueron las anteriores?
OC: —Están por doquier. Vos debés saberlo si cubriste la aparición y seguís haciéndolo. Seguro que te topaste con conexiones y casualidades difíciles de explicar.
¿Verdad? ¿Te diste cuenta?
¡Decime que sí!
NC: —Preferiría conservar mis observaciones para no contaminar tu opinión.
OC: —Okey… Mirá que espero un intercambio. Para repetir como lora lo que sé, me quedaba en casa con mi novia.
NC: —Vos compartí tu punto de vista y, luego, abrimos el debate.
OC: —Trato hecho. Igual, primero, pidamos. Estoy muerta de hambre.
Apuntes de la entrevista. Desarrollo
Los ojos de Olivia brillan de entusiasmo, sus mejillas están coloradas; y no bien ocupó la silla, inclinó su cuerpo hacia adelante, invadiendo mi lado de la mesa. Preparé unas cuantas preguntas, pero sospecho que no serán necesarias.
Más allá de que luce radiante y animada, a la luz del atardecer parece mayor que la Olivia que conocí en su momento. El pelo sigue corto, aunque ahora se peina para el costado; y entre el color caoba, se filtran algunas canas.
Grabación de audio. Transcripción. Parte 2
OC: —¿Solo tomarás apuntes? Preferiría que grabes. No quiero que te pierdas nada de lo que te voy a contar.
NC: —Tenés razón.
Listo. Estoy grabando.
OC: —Bancame, le doy un mordiscón a la medialuna y me humedezco la lengua con un sorbito de café.
NC: —Dale, sin apuro. Me intrigan las “señales” del caso de Violeta.
OC: —Permitime retroceder hasta la semana previa al accidente. Fueron días duros para mí.
NC: —¿Estabas deprimida?
OC: —¿Eh? No. Ocupada, muy ocupada.
NC: —Ah, ok. Continuá.
OC: —Pará, pará. ¿Por qué tiraste “deprimida”?
NC: —Por una corazonada.
OC: —Una bastante específica. Ahora quiero saber qué te llevó a decirlo.
NC: —De verdad, carece de importancia.
OC: —Estamos hablando de señales y coincidencias, así que es importante.
NC: —Como gustes. Lo dije por los demás testigos que entrevisté. En su mayoría, estaban atravesando un momento de bajón anímico, desgano o depresión. Claro que depende de la interpretación de sus dichos, yo no soy psicólogo ni psiquiatra.
OC: —¿Quiénes?
NC: —Sería poco profesional si te dijera.
OC: —Nico, esto es un toma y daca. Vos hablás, yo hablo. Vos callás, yo callo.
NC: —¿Segura? Pensé que te morías de ganas de compartir las señales que descubriste.
OC: —¡Sí, sí, sí! Por eso mismo, no me obligues a callar.
NC: —Oli, sería una falta de ética si revelara lo que me dijeron en confidencia.
OC: —¿Por qué habría una falta de ética si nadie se va a enterar? ¿Suponés que planeo subirlo a internet o difundirlo en mis redes sociales? ¡Por Dios, Nico! Es cien por cien por curiosidad.
Estoy segura de que hay un vínculo entre nosotros y quiero exponerlo.
NC: —¿Un vínculo entre vos y yo?
OC: —Entre vos, yo, Violeta, los testigos y vaya a saber cuánta gente más. ¿Creés en la manifestación energética del universo o en la Ley de Atracción?
NC: —Creo en lo racional, en lo palpable.
OC: —Hasta hoy. Ya verás.
NC: —Como digas…
OC: —¡Dale! ¡Contá quiénes! Te advierto que puedo ser muy insistente.
NC: —El Chofer Justiciero, la subcomisaria de antisecuestros y los dos pasajeros que viajaban en la línea 50 estaban atravesando bajones emocionales.
OC: —¿Y quién más, Nico?
Nico… ¡No me esquives la mirada!
NC: —Nadie más.
OC: —¡Tu cara dice otra cosa! ¿Qué te estás guardando?
NC: —Una historia triste: uno de los pasajeros se quitó la vida hace unas semanas. Se tiró a las vías del subte.
OC: —¡Qué horror! ¡Pobre hombre!
NC: —Sí. Al parecer, la sociedad moderna nos consume; estamos jodidos.
OC: —¿Estamos? ¿Te incluís?
NC: —Es una forma de decir. En fin, una tragedia. ¿Y vos? ¿Cómo estabas?
OC: —Estaba bien y lo sigo estando. Aunque… Al hablar de tristeza y bajones anímicos, me viene a la mente mi novia. Ella, por ese entonces, vivía una etapa oscura, o eso me contó.
NC: —Deseo que esté mejor.
OC: —Sí, lo está. Gracias. Dice que nuestra relación la ayudó a salir adelante.
NC: —De todas formas, Oli, ella no fue parte del accidente y no habría conexión.
¿Qué?
OC: —¡Hay muchas coincidencias!
¡En serio, Nicolás! Ahorrate esa mirada, no estoy loca.
NC: —Te escucho.
OC: —Lorena Benegas, mi novia, participó del accidente.
Apuntes de la entrevista. Desarrollo
Nada peor para una investigación que la entrevistada se ponga mística. El testimonio de una confabuladora solo degradaría la calidad periodística de mi proyecto. Me armaré de paciencia para filtrar qué sirve y qué no de las pavadas que diga.
Por otra parte, estoy convencido de que ella superaría la prueba del polígrafo. Asombra el brillo en sus ojos y la excitación con la que se expresa. Olivia está siendo sincera, habla su verdad.
Grabación de audio. Transcripción. Parte 3
NC: —Primero: ¿por qué la formalidad al referirte a tu novia? Segundo: ¿cómo participó del accidente? Las únicas mujeres que recuerdo de aquella noche son la subcomisaria, la mujer que habló con Sklier antes de que cruzara y, por último, vos.
OC: —La formalidad es porque esa noche era una extraña para mí y… ¡Bancá! Prefiero retomar por el comienzo para que resulte menos confuso.
NC: —Adelante.
OC: —Los días previos fueron durísimos porque estuve desbordada de trabajo.
NC: —¿A qué te dedicás?
OC: —Soy empleada administrativa en el sector de contrataciones del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
NC: —Deduzco que en las oficinas de la Casa de la Ciudad, a tres o cuatro cuadras de acá.
OC: —Sí. Gracias de nuevo por venirte a Parque Patricios.
NC: —¿Por qué tanto trabajo?
OC: —Porque era contratada a plazo y los de planta permanente se aprovechaban.
“¿Querés dejar de ser monotributista? Laburá por vos y por nosotros”.
Por suerte, a la semana del accidente, me pusieron en blanco.
Debían estar preocupados de que contara mi situación en los medios a menos de dos meses de las elecciones, que fueron en mayo.
NC: —Claro.
OC: —A esa situación, sumale que me había pedido unos días de vacaciones para ir a Venado Tuerto, donde crecí, para festejar los treinta de mi hermano. Pensar que casi me lo pierdo…
La idea era viajar a la mañana siguiente de la aparición de Violeta para ayudarlo con los preparativos.
Él quería una fiesta a todo trapo al menor costo, así que con papá y mamá nos encargaríamos de cocinar, decorar, etcétera.
Al final agarré la ruta tres días después.
Llegué unas horas antes del inicio del cumple.
En conclusión, para tomarme esos días de vacaciones, debía resolver mis obligaciones y las que me enchufaban. Durante dos semanas, salí a cualquier hora de la oficina, y el día que apareció la nena era el último que me quedaba para cumplir con los pendientes; por eso, me fui pasadas las once.
NC: —Una hora antes de que ocurra el accidente.
OC: —Sí.
NC: —¿Vivís en Flores?
¿Ah, no? ¿Entonces? ¿Qué hacías por ahí?
OC: —Yo, esa noche, debía ir a buscar el auto a lo del mecánico.
NC: —¿A las once?
OC: —Cerca de las doce. A las once y pico, salí de la oficina.
NC: —¿Qué taller abre a esa hora?
OC: —Ninguno. Pedro Prosper, el dueño, es un viejo conocido de la familia; también se vino de Venado Tuerto y construyó su casa en el piso de arriba del taller.
NC: —¡Qué ganas de ir tan tarde! Pobre hombre…
OC: —¡Te dije! Al día siguiente, quería agarrar la ruta de madrugada, y el auto llevaba un mes haciendo un chirrido raro.
Necesitaba que lo revisen y si lo retiraba a las ocho de la mañana, habría sufrido un tráfico insoportable para salir de la ciudad.
Por eso, hablé con Pedro; y quedamos en que pasaría a la hora que pudiese.
Claro que, al principio, calculé un horario cercano a las siete y media de la tarde y lo fui postergando.
NC: —En resumen, tomaste el subte para llegar a Flores. ¿Línea H y E?
OC: —Sí. Rejusta de tiempo. De hecho, me hubiera perdido la combinación con el último servicio de la E, en Jujuy, de no ser por Lorena.