Yo esa noche 29 DE MARZO #3
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29 DE MARZO #3

Mujer voluptuosa, en sus cuarenta. Viste ropa provocativa: jeans ajustados, botas negras, un body escotado con encaje y una campera de cuero.

Mientras guardaba mi celular en el bolsillo trasero del pantalón, me pidió un cigarrillo.

Al contestarle que no fumo, sacó una caja de Chesterfield de la cartera.

Prendió uno y dio una pitada larga antes de comenzar a hablar.

Debajo de las uñas esculpidas se notaban restos de sangre.

A diferencia de los demás testigos, la noto tranquila, centrada.

Sí, con cierto fastidio; quería irse. Al preguntarle si volvería a su casa en el 50, titubeó antes de afirmar dos veces.

Intercambio de mensajes con Gustavo Báez (GB)

GB: —¡Conseguí el OK de los jefes! También, desperté a los de diseño para que vayan acomodando la portada y la distribución. Vas en policiales.

¿Vos cómo venís? ¿Te pusiste a escribir?

Nico, contestame… Tus silencios me generan úlceras.

NC: —Estaba con una entrevista. En unos minutos, arranco con la redacción. Tipeo directamente en el cuerpo del mail y te lo mando.

GB: —¡Apurate! ¡El reloj nos corre!

NC: —Quiero ubicar a la madre o al padre… En el mientras tanto, intentaré hablar con Violeta otra vez.

Acercamiento a Violeta e intercambio con la policía antisecuestros

Grabación de audio. Transcripción

NC: —Viole, ¿cómo estás? ¿Te sentís mejor?

Policía: —Señor, no se acerque a la ambulancia. Mantenga la distancia.

NC: —Quiero saber cómo está para contarle a los padres. Tengo trato con ellos.

Comisario Avilés (CA): —¿Contarle a los padres? ¡Así que fue usted!

NC: —¿Eh? ¿A qué se refiere?

CA: —Acabo de recibir un llamado del fiscal, está furioso porque se filtró la aparición de la menor. No le correspondía dar esa noticia.

NC: —Soy periodista. Mi vocación es informar, y los padres debían ser los primeros en enterarse.

CA: —Salga inmediatamente del perímetro delimitado.

NC: —Además, soy testigo del hecho; y por el momento, nadie me tomó declaración.

CA: —La subcomisaria Jésica Scarpin (JS) lo hará mientras lo escolta fuera del área acordonada.

JS: —Avance, caballero.

NC: —Ey, ey… ¡Sé caminar! ¡El contacto físico es innecesario!

JS: —Aléjese de la ambulancia. Sígame.

NC: —¿La trasladan al hospital?

JS: —Las preguntas las hago yo. Dígame su nombre completo.

NC: —Nicolás Cattaneo.

JS: —¿Edad? ¿Estado civil?

NC: —Treinta y seis. Soltero. De profesión periodista y con domicilio en Caseros, Buenos Aires.

JS: —Deténgase aquí un segundo, así puedo tomar nota. Okey… Caseros. Tiene un viajecito de regreso. ¿Está con movilidad propia?

NC: —¿Por qué eso es relevante? ¿Quiere saber qué desayuno también?

JS: —Si me cuenta, yo lo anoto.

NC: —¿Me está tomando el pelo?

JS: —De ninguna manera, caballero.

NC: —¡Claro que sí! ¡La estoy viendo reírse! ¡No lo niegue!

JS: —Está bien, está bien… Disculpe. Es poco profesional de mi parte. No es con usted el tema, solo estoy contenta.

NC: —¿Eh?

JS: —El caso de Violeta estuvo a mi cargo, en la División Antisecuestros.

Le seré sincera, era una investigación complicada.

Las pistas escaseaban. Era improbable encontrarla sana y salva al cabo de tantas semanas.

Por eso, la alegría. Por la nena y por sus papás. Hizo bien en avisarles de inmediato.

NC: —Tu jefe opina distinto.

JS: —Por cuestiones políticas. Estábamos trabajando a unos cinco kilómetros cuando nos dieron aviso del hallazgo. Salimos para acá, y el comisario Avilés notificó al fiscal, quien le pidió que no difundieran la noticia hasta que él llegara.

NC: —Quería salir en la foto.

JS: —Yo hubiera llamado a la madre. No se da una idea cómo sufría esa pobre mujer. No dormía, no comía, vivía pendiente del celular… Me alegro mucho por ellas.

NC: —Sí. Igual yo.

JS: —En fin… ¿Qué hago hablando con un periodista? No se le ocurra publicar esto, por favor.

NC: —¡Lástima! Era una anécdota interesante.

JS: —Bueno. Volvamos a lo nuestro. Cuénteme qué vio.

NC: —Yo estaba… Eh… Lo que vi…

JS: —Tómese su tiempo, no hay apuro.

NC: —Tampoco hay demasiado que decir, sucedió rápido…

Me llamó la atención un hombre que sujetaba de la mano a una nena y conversaba con una mujer, la que está allá y viste la campera de cuero.

En ese momento, Violeta decidió cruzar Eva Perón.

El captor salió tras ella y no bien puso un pie sobre el asfalto, el bondi de la línea 50 se lo llevó puesto, mientras que el auto de la mano de enfrente frenó justo; el paragolpes quedó a centímetros de la nena.

JS: —¿Listo? ¿Nada más?

NC: —Eh… Me dio la sensación de que tropezó antes de bajar de la vereda.

JS: —Hay una baldosa floja. La vi en cuanto recorrí la escena.

NC: —O sea que esa baldosa…

JS: —Tal vez salvó a Violeta. Aunque es posible que el accidente hubiera sucedido de todos modos. ¿Dónde se encontraba usted?

NC: —En un edificio de la mano de enfrente. Vine a conversar con una señora que vive en el séptimo piso por una investigación para el diario.

JS: —¿Qué tal la entrevista?

NC: —Digamos que no fue lo esperado.

JS: —O sea que vio todo desde el balcón. ¿Correcto?

NC: —Sí, sí, sí, sí. Exacto.

JS: —¿Ella bajó con usted? ¿Está por acá?

NC: —No, no, no. Bajé corriendo, y me abrió el de vigilancia que tiene un escritorio en planta baja.

JS: —Okey. Le pido un número de teléfono y el DNI. Con esta información, lo libero.

NC: —Sí, por favor, que tengo que ponerme a escribir.

Intercambio de mensajes con Gustavo Báez (GB)

GB: —¿Y? ¿Nicolás?

¡Te pasaste un cuarto de hora!

HOLAAAAAAA. ¡ATENDÉ EL TELÉFONO!

NC: —¡Ahí fue! Disculpá la demora, pero creo que lo vale.

GB: —Me llegó. Lo leo y te digo.

NC: —Lo leés y lo publicás. No acepto ningún cambio, ni de una coma.