Capítulo 22 #2
Maya, que observaba desde una pantalla en la sala de campañas, hizo un gesto de victoria que Helen alcanzó a ver por el reflejo del cristal.
Daniel no perdió la sonrisa.
Pero su mirada se volvió un poco más fría.
—No he venido a discutir contigo, Helen.
—Entonces no discutas conmigo. Discute con los resultados.
La puerta se abrió.
Alan entró.
No caminó deprisa.
No levantó la voz.
Solo apareció con el abrigo aún puesto y el rostro más serio de lo habitual.
Helen notó un alivio instintivo y se obligó a no mostrarlo.
Alan miró la pantalla. Miró los datos. Miró a Daniel.
Luego se sentó a la izquierda de Helen.
No delante.
A su lado.
La cercanía no era excesiva. No había nada que alguien pudiera señalar como impropio.
Aun así, Helen sintió que podía respirar mejor.
—Llego tarde —dijo Alan.
Victoria lo miró desde Londres.
—Lo sabemos.
—Entonces no perderé tiempo.
Abrió una carpeta.
—He revisado los resultados en el trayecto. La campaña supera los objetivos de percepción, recuerdo e intención de compra. No hay base para modificar la línea creativa antes del lanzamiento.
Daniel apoyó los dedos sobre la mesa.
—Hay base para adaptar algunos elementos en mercados donde el lujo se asocia a códigos más tradicionales.
Alan lo miró.
—¿Qué mercados?
—Londres, por ejemplo.
Victoria no cambió de expresión.
Daniel continuó.
—París. Parte de Asia.
Alan giró hacia Victoria.
—¿Los datos de Londres son negativos?
—No —respondió ella—. Son más prudentes.
—¿Y los de París?
—Positivos.
—¿Y los de Seúl?
—Dentro de previsión.
Alan asintió.
—Entonces no estamos hablando de mercados contrarios a la campaña. Estamos hablando de mercados con matices distintos.
Daniel abrió las manos.
—Los matices importan.
—Sí —dijo Alan—. Por eso no vamos a reducir una campaña a una imagen genérica de lujo solo para evitar que alguien se sienta incómodo con una idea nueva.
Helen lo miró.
Alan no devolvió la mirada enseguida.
Seguía concentrado en Daniel.
—La campaña se mantiene —continuó—. Podemos adaptar formatos, duración, medios y mensajes secundarios por mercado. La historia central no cambia.
Victoria permaneció callada.
Lillian cerró su carpeta con una firmeza que parecía una celebración.
Daniel ladeó la cabeza.
—Asumes un riesgo importante.
Alan sostuvo su mirada.
—Asumo una decisión respaldada por datos.
—Y por una creativa con la que tienes una relación personal complicada.
La frase cayó en la sala como un vaso que se rompe.
Helen se quedó inmóvil.
Theo cerró los ojos.
Lillian miró a Daniel con una frialdad casi perfecta.
Victoria no se movió en la pantalla.
Alan tampoco.
Ese fue el momento más peligroso.
No porque Alan gritara.
No lo hizo.
No porque se levantara.
No lo necesitó.
La expresión de su rostro se volvió quieta.
Demasiado quieta.
—Mide tus palabras —dijo.
Daniel sonrió, pero ya no parecía relajado.
—No estoy acusando a nadie de nada.
—Acabas de insinuar que una decisión empresarial depende de mi relación personal con Helen Norton.
—He dicho que es una circunstancia que debería tenerse en cuenta.
Helen sintió que el calor le subía por el cuello.
No quería que Alan respondiera por ella.
No quería que Daniel convirtiera su trabajo en un rumor.
Pero tampoco iba a dejar que aquel hombre decidiera que debía permanecer callada.
Helen apoyó las manos sobre la mesa.
—No hay una relación personal entre Alan Bryce y yo que afecte a mi trabajo.
Alan giró la cabeza hacia ella.
Helen sostuvo la mirada de Daniel.
—Hay una campaña que desarrollé, defendí y coordiné con un equipo completo. Hay resultados que la respaldan. Y hay personas que parecen más interesadas en cuestionar mis motivos que en discutir los datos.
Daniel la observó.
La sonrisa había desaparecido.
—No he cuestionado tu capacidad.
—No. Has hecho algo más cómodo. Has intentado sembrar una duda sin tener que demostrarla.
El silencio fue absoluto.
Victoria habló desde Londres.
Su voz era tranquila.
—Daniel, ese comentario no aporta valor a la discusión.
Daniel se volvió hacia la pantalla.
—Victoria—
—No.
La directora global de estrategia lo interrumpió por primera vez.
—La campaña será evaluada por sus resultados, su coherencia de marca y su ejecución. No por insinuaciones sobre personas que han trabajado en ella.
Daniel se quedó callado.
Lillian tomó la palabra.
—La recomendación final queda registrada: lanzamiento global con adaptación de formatos por mercado. Sin cambios en la dirección creativa principal.
Theo respiró por fin.
Alan cerró su carpeta.
Victoria miró a Helen.
—Buen trabajo.
Helen no supo si quería llorar, reír o beberse una botella entera de agua fría.
En vez de eso, asintió.
—Gracias.
La reunión terminó.
Daniel recogió sus cosas sin mirar a Helen.
Antes de salir, se detuvo junto a Alan.
—No te conviene confundir control con lealtad otra vez.
Alan levantó la vista.
—Y a ti no te conviene confundir cinismo con inteligencia.
Daniel se quedó quieto un segundo.
Luego se fue.
La puerta se cerró detrás de él.
Durante unos minutos, nadie habló.
Lillian empezó a organizar tareas. Theo envió mensajes a comunicación. Victoria se despidió desde Londres con una última recomendación sobre el calendario de lanzamiento.