¿Y si nos volvemos a ver? Epílogo
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Epílogo

Trece años más tarde…

Dara

Sonreí cuando Jana entró en la cocina, persiguiendo a Luna e Izan. Ellos son nuestros hijos, los de Ilian y míos. Tienen nueve y siete años, respectivamente.

Jana se mantiene en forma gracias a ellos. Eso dice siempre, pero ella está más que encantada con los niños.

Sigue viviendo en la casa de mis suegros, ya que es una más de la familia. Ilian me lo dijo cuando me habló de ella con mucho cariño, y yo tuve el placer de presenciar la primera vez, hasta qué punto Jana era muy importante para los padres de Ilian y para mi marido. Ahora para todos los demás.

Desde que los niños llegaron, en las épocas que no había colegio, Delia, Darío y Jana se pasaban las mañanas haciendo de canguros. Aunque el trabajo se lo repartían con mis padres. Los cinco abuelos eran inmejorables, ya que Jana entraba en esa categoría. Se llevaban de maravilla.

Mi padre ya hace unos años que se jubiló, por lo que lleva todo ese tiempo disfrutando de viajar con mi madre de un lado al otro. En muchas ocasiones no hace falta hacer grandes cosas o viajes, simplemente salir de la rutina.

Ilian sigue al frente de su empresa, la que continúa funcionando de maravilla. Y yo disfruto de mi cargo de directora financiera y ofreciéndole apoyo constante a mi marido, de cualquier forma y postura. Si nuestros despachos hablaran…

Formamos un gran equipo, fuera y dentro de la empresa. La vivienda familiar es la gran casa de Ilian. Me trasladé aquí cuando salí del hospital, por el accidente de coche provocado. Y ya no me fui.

Mi marido se empeñó en estar conmigo, para cuidarme. Yo me dejé mimar, en todos los sentidos. Y hasta hoy. Sigo conservando mi casa. Con el tiempo no he podido venderla, porque le tengo un gran cariño. De manera que preferí alquilarla. En ella vive una familia, desde hace más de seis años.

—Hola —me susurró al oído Ilian.

Sonreí, notando todavía las cosquillitas de mi interior.

—Hola.

Giré la cabeza, para mirarlo por encima del hombro, y me besó. Fue un beso corto, pero con un propósito claro. Lo consiguió, porque me dejó con ganas de más.

—¿Preparada para un nuevo cumpleaños? —me preguntó.

—Doy gracias por cumplir años, siempre que esté con vosotros.

Me giré para quedar de cara a él y le acaricié los labios con los dedos.

—Nunca vas a librarte de nosotros —me dijo, con una sonrisa pícara—. Sobre todo, de mí.

—¿Y tú estás preparado para la semana que viene?

—¿Qué pasa la semana que viene?

Se hizo el despistado, pero disimulaba muy mal. Solté una carcajada y cuando me callé, agarré la cinturilla de su pantalón y tiré de ella hacia mí.

—Es nuestro aniversario y espero que me hagas cosas muy sucias, durante los cuatro días que estaremos fuera —le susurré al oído.

Me alejé de mi marido justo a tiempo, para que no me cogiera en brazos. Si me subía a la habitación, lo que había sido su intención, no saldríamos de allí en mucho tiempo.

Recorrí el salón, yendo hacia el porche. Hacía un día estupendo, caluroso. Una buena parte de nuestros invitados, nuestra familia y amigos, estaban dentro de la piscina. Los demás estaban entre las tumbonas y la mesa del porche.

Como era el caso de Elisa y Alfonso. Ella estaba sentada de lado, sobre las piernas de él.

Sí, Elisa es la madre de Álvaro y Alfonso, el padre de Estela.

Fue una gran sorpresa que terminaran juntos.

Nadie se lo esperaba, ni siquiera ellos mismos.

Conectaron de una manera muy especial, el amor nació mientras Elisa ayudaba a Alfonso a redecorar su casa.

Fue años después del fallecimiento de la mujer de Alfonso, la madre de mi amiga Estela.

El primo de mi marido, Zac, tuvo una gran reconciliación con Leo.

No fue fácil, porque a Zac le costó confiar, pero Leo le demostró día a día, que era el amor de su vida y que no quería nada más para ser feliz.

Cuando Zac se encontró con Leo por sorpresa, en la casa de sus tíos, sin que supiera que estaba ahí, se quedó en shock y no pudo reaccionar.

A partir de ese momento tuvieron que trabajar mucho, juntos, yendo en la misma dirección.

Que Leo dejara su trabajo y se alejara de su exjefe, fue algo muy positivo para Zac.

Se trasladaron aquí. Ilian contrató a Leo en la empresa y después de un tiempo, se fueron a vivir juntos. De nuevo y definitivamente.

A Álvaro, mi querido amigo, le salió genial la jugada de la invitación a Clara para cenar.

Esa noche sucedió algo mágico: ambos destaparon la caja de sus recuerdos.

Sacaron lo que les hizo daño, lo que les sentó mal, los errores de juventud y también la complicidad y la unión que tuvieron durante un largo tiempo.

Después de esa cena que terminó con varios besos y la promesa de algo muy bonito, volvieron a quedar.

Una cita dio paso a otra, y el resultado final estaba claro.

Clara decidió regresar a nuestra ciudad, para no separarse de Álvaro.

Están casados y tienen dos hijos, César y Mario.

Lo que iniciaron Nico y Estela, desde el momento que se conocieron, fue creciendo poco a poco al principio, hasta que soltaron los frenos y se lanzaron a vivir la experiencia a tope. Ambos encajan perfectamente, de la misma manera que se complementan. Están casados y tienen una hija, Marina.

La historia de Joel y Fani tuvo algún que otro altibajo, hasta que consiguieron hablar abiertamente de sus sentimientos y dejaron de esconderse bajo capas de indiferencia.

Joel se sinceró con Fani, le contó el motivo por el que dejó de escribirle.

A mi amiga no le sentó nada bien la noticia, aunque no lo culpó, ya que por aquel entonces solo tonteaban por mensajes escritos.

El caso es que Joel se esforzó mucho para recuperar a Fani y, aunque ella se resistió para hacerlo sufrir, terminó cayendo en los brazos de Joel.

No están casados y por el momento no han hablado de ello. Tienen dos hijos, David y Miguel.

Mi compañera y amiga Eva, una vez que se recuperó del accidente y de la impresión de lo que hicieron sus antiguas falsas amigas, se vio muy arropada por Hernán.

Al principio fue de sorpresa en sorpresa, hasta que se acostumbró a tenerlo muy cerca y a que estuviera muy pendiente de ella.

Se casaron tres años después y tienen dos hijas, Valeria y Lucía.

Ambos continúan con sus trabajos en la empresa de mi marido.

Después está Diego, la otra pieza importante en el trabajo para Ilian.

Diego encontró el amor una tarde cualquiera.

Este amor picó a su timbre y Diego le abrió la puerta de par en par.

Resulta que Rebeca era repartidora por aquel entonces y fue a la casa de Diego, para entregarle un paquete.

Ese día hacía un calor insoportable y la chica se sintió mareada.

Cuando Diego recibió el paquete, ella le preguntó si podía darle un poco de agua, a lo que Diego le dijo que, por supuesto.

Pues cuando él regresó con el vaso de agua, se encontró a Rebeca desmayada en el suelo de su salón.

Por supuesto, Diego la ayudó. La tumbó en su sofá, cerca del aire acondicionado, le elevó las piernas y le dio de beber sorbos muy pequeños.

Con mucho cuidado. Ese fue el inicio para ambos.

Están casados y tienen tres hijos, Alberto, Bruno y Alicia.

Por último, pero no menos importante, os comento que a mi amigo Víctor le fue tan bien con el cambio de trabajo que en varios meses lo ascendieron.

También vive enamorado de Mabel, lo que va en ambas direcciones.

Mabel consiguió derribar cada una de las barreras de Víctor y llegó a meterse muy dentro de él.

Lo de ellos fue tan intenso que se casaron a los siete meses de conocerse y a los cuatro de estar viviendo juntos.

Podía haberles salido mal, pero no fue el caso.

Siguen igual de enamorados y tienen dos hijas, Elena y María.

Para terminar, comento, ya que, en cierta manera, fue la gran mecha que prendió todo lo demás, que César, el amigo al que sustituyó Álvaro en verano en el hotel, consiguió el gran trabajo por el que mi amigo y yo nos vimos detrás de una barra. Su novia se convirtió en su mujer varios años atrás.

Hoy era mi cumpleaños y me sentía muy feliz por tener conmigo a todas las personas que quería. Dentro de poco soplaría las velas que formarían un número más y solo esperaba que los días que quedaban por delante se parecieran a los que había vivido el año anterior.

Dirigí la mirada hacia Ilian y vi tanto amor y deseo en sus ojos… No necesitaba nada más para que mi mundo se mantuviera fuerte.