Y porque la vida es prestada CAPÍTULO 5 EL “A VER SI NO EXISTE”
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CAPÍTULO 5 EL “A VER SI NO EXISTE”

Ya estabas en León. Instalada. Con tu mamá. Yo emocionado porque por fin después de Valle, después del cigarro, después de decirte interesada, ibas a estar en León y nos íbamos a ver.

Y me escribes: “Ya instalada en León a ver si nos vemos”

“A ver si no existe” [con carita de risa]

Y yo, pendejo, compa. Yo que soy bien intenso, te pongo: “Me preguntó una persona que donde estaba la niña de Valle… le dije instalada en León y su respuesta fue a ver si no existe”

¿Para qué le puse eso? Para hacerte sentir que nadie te creía. Como si yo necesitara que otra persona te validara. Te hice sentir que eras mentira otra vez.

Y tú me pusiste: “No entiendo a los hombres”

“Ya quisiera existir”

Esa frase, compa: “Ya quisiera existir”. Si esa frase no te rompe el alma es que no has querido nunca.

No me decías “ya quisiera que me creas”. Me decías “ya quisiera existir”. Como si todo este dolor, todo este viaje de 6h vendada, todo este pelear con la enfermedad, te hubiera quitado hasta las ganas de existir.

Y yo entendí que no estabas jugando a ver si existías. Estabas luchando por existir. Por seguir aquí. Con lesiones. Con un morrillo. Con ganas de trabajar.

Ese día te volví a pedir perdón. Y tú me volviste a perdonar. Porque tú siempre perdonas, güerita.