Y entonces... ¿te quedas?
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ANTONIO
Esa noche el frío calaba; un viento helado se filtraba sigiloso por la ventana medio abierta.
Antonio estaba sentado en el sofá frente al televisor.
Se transmitía un programa de comedia, pero el volumen era solamente un murmullo leve en la habitación.
Tenía su teléfono en la mano, minutos antes había enviado un mensaje a Gustavo.
Era una pregunta cuya respuesta la intuía desde lo profundo de su alma.
Ahora solo quedaba esperar. Esperar a que la pantalla se iluminara. Esperar aquella notificación que podía confirmarle lo que llevaba días intentando no pensar.
Antonio miró nuevamente el teléfono.
Nada.
Sintió los latidos golpeándole el pecho.
¿Acaso podía acelerarse aún más el corazón?