X Control mental (Código Once 2)
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PRÓLOGO
No es algo tan descabellado.
Hace tan solo unos años la mayoría de nuestros avances tecnológicos hubiesen sido considerados brujería.
La telepatía se queda en nada al lado de la comunicación que permite cualquier dispositivo móvil, la omnisciencia está a un par de clics, y el don de la ubicuidad se alcanzó con el teletrabajo.
La propuesta del autor es plausible en un futuro no muy lejano. El control total de la mente humana y la voluntad del individuo.
Esta novela nos invita a reflexionar del verdadero poder que está tomando la tecnología sobre nuestras vidas.
Hemos perdido la libertad, Google lo sabe todo: quiénes somos, dónde estamos, lo que compramos, lo que buscamos en internet y cómo nos hace sentir.
Parece no importarnos mucho. Colaboramos gustosos compartiendo información, revelando nuestros secretos y miserias.
¿Alguien se ha leído las condiciones de uso antes de aceptar?
Por el momento esa Big Data parece inofensiva, como mucho una forma de segmentar mejor la publicidad. Pero es solo el principio del camino que hemos empezado a andar y que nos conduce irremediablemente a la pérdida de libertad.
La información es poder, bien lo sabía la iglesia al instaurar el sacramento de la confesión.
Pero el autor quiere ir un paso más allá. Al fin y al cabo, la tecnología no opera de manera diferente a como lo hace nuestro propio cerebro.
La ciencia empieza a vislumbrar que el pensamiento se puede traducir en una serie de impulsos eléctricos dentro de un circuito neural: la ruta que sigue los impulsos, la intensidad y los neurotransmisores que intervienen, se transforman en orden muscular y finalmente en acción.
La conciencia no es más que el resultado de una cadena de acontecimientos electroquímicos, y a medida que aumenta nuestra capacidad de escanear este fenómeno, más cerca estamos de comprenderlo.
Por el momento, la tecnología no es capaz de replicar el patrón neuro-eléctrico de una idea, y tampoco se ha logrado implantar un pensamiento en un cerebro, pero las bases están claras.
Por el contrario, sí hemos conseguido transitar el camino inverso, conectando un electrodoméstico a un electroencefalógrafo.
En un experimento se ha logrado activar a través del pensamiento, un televisor. Tan solo monitorizando el deseo de ponerlo en marcha.
Tic, tac, tic, tac, es cuestión de tiempo .
El protagonista de Código Once: La conjura contra la libertad vuelve a lidiar con otra aventura cargada de conspiraciones y desenlaces inesperados.
Disfruté de la primera novela, pero en esta me he sentido particularmente interpelado. Siempre me he dedicado al estudio del potencial de la mente humana, y no puedo dejar de sonreírme al comprobar que el personaje antagónico de esta historia es un mentalista.
Yo mismo estoy acostumbrado a inducir y condicionar el comportamiento de los espectadores en mis espectáculos. Bien a través de técnicas hipnóticas, psicológicas, mediante estímulos subliminales, por medio de lenguaje no verbal o cualquier otro sistema.
Por el momento, no estoy al nivel de «El Malo» de la novela, pero no me importaría ja, ja, ja.
Insisto, es cuestión de tiempo.
Mientras esperamos el fatal desenlace del fin del libre albedrío, te comparto un par de curiosidades sobre el control mental.
Tenemos la capacidad de asociar palabras o gestos a diferentes respuestas emocionales, y de este modo modelar nuestra conducta. A esto se le llama programación neurolingüística.
Cuando alguien ha sufrido una situación traumática, le basta una palabra para rememorar el sentimiento y reaccionar como si estuviese sucediendo. De ahí viene el dicho : Quien se quema con leche, ve la vaca y llora.
Esta condición se ha aprovechado en terapias de aversión, asociando estímulos negativos a conductas inapropiadas con la intención de revertirlas.
Y funciona, ¿o no funciona?
Quizá el fracaso más palmario ha sido el de las cajetillas de tabaco .
Poner, primero textos y finalmente imágenes desagradables para condicionar el consumo, no ha tenido un gran resultado a la luz de las cifras.
La respuesta está en que los mejores estímulos los capitaliza la industria tabaquera sin ningún esfuerzo.
El cerebro premia las funciones vitales con mayor intensidad, y la gente acostumbra a fumar después de comer, o después del sexo… no se puede luchar contra ese refuerzo.
Existen otras técnicas como el condicionamiento subliminal:
Bien conocido es el experimento realizado en un cine en los años sesenta.
Obra de una universidad de psicología.
Todos los espectadores pidieron una bebida concreta al finalizar la proyección.
Incluyeron fotogramas de un conocido refresco durante la película.
Alucinante.
Por cierto, mi nombre es Javier BOTÍA y he metido mi apellido en la primera letra de cada línea durante la explicación del experimento subliminal, por aprovechar la promoción.
Son muchas las técnicas que se emplean para el control mental de la sociedad; la publicidad y el marketing tienen mucho que decir.
Los políticos saben mucho de esto y cuidan el detalle al extremo, sabedores de que una corbata azul da credibilidad, pero cuando se necesita contundencia es preferible la roja .
Por suerte, lo que vas a leer en esta novela es solo una ficción y todavía no está a su alcance.
***
Las obras sobreviven a sus autores.
De hecho, la historia comienza con la escritura.
Imagino a un lector del futuro frente a estas páginas, del mismo modo que yo enfrenté los libros de Julio Verne con su viaje a la luna.
¿Qué pensará ese lector cuando lea esta ficción? Solo podrá decir una cosa:
Jajajaja. ¡Cuánta fantasía! Es totalmente imposible controlar el pensamiento.
Esta será su respuesta.
Bien porque sea cierto y la tecnología no lo permita,
bien porque le ordenen pensar eso.
Javier Botía.
Campeón mundial de mentalismo
First Price Mental Magic FISM