Wrath (MC Almas sin nombre nº 2) Capítulo Once
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Capítulo Once

Wrath

Ghost, con el pelo húmedo, estaba fuera del bloque de duchas cuando salimos. Kate se sonrojó, evitando mirarlo. Detrás de mí, oía a Switch cantando en la ducha. El chaval cantaba jodidamente mal, pero lo compensaba con entusiasmo.

—¿Todo bien? —pregunté, deteniéndome junto a Ghost.

Asintió e inclinó la cabeza hacia la casa principal.

—La cena está lista.

Pasé el brazo alrededor de Kate, atrayéndola hacia mí mientras caminábamos hacia la casa.

—¿Ahora somos oficiales? —preguntó en voz baja.

Esa pregunta me golpeó como un puñetazo en el estómago.

—¿No quieres?

Me sonrió.

—Sí, claro que quiero. Solo quería asegurarme de que no te importaba que lo hiciéramos público.

—Llevo esperando mucho tiempo, Kate. No pienso esconderme —la detuve en medio del patio y la giré hasta que su pecho quedó pegado al mío.

—Estamos en esto, Sunshine. No hay vuelta atrás. No voy a dejarte escapar otra vez.

Soltó un suspiro.

—Quiero esto. Mucho.

Sonreí, la atraje hacia mí y besé esos labios preciosos.

—Bien.

Continuamos hacia la granja; la oscuridad ya era total. Encontré a Ava y Pope fuera, furiosos.

—Se lo dije —rugió Ava al vernos—. Joder, se lo dije.

Arqueé una ceja hacia Pope, pero él tenía la mirada fija en Kate.

—Ava, lleva a Kate al granero —ordenó Pope—. Wrath y yo nos encargaremos de esto.

—¿Encargarnos de qué? —preguntó Kate, apretando el brazo con el que me rodeaba.

—Te lo explicaré en el granero —dijo Ava.

—No —Kate se mantuvo firme. Me soltó y cruzó los brazos—. Dímelo.

Pope y Ava intercambiaron una mirada. Un escalofrío de inquietud me recorrió la espalda; me picaban los dedos por sacar el arma de la funda.

—Kate —dijo Ava al fin, mirándola con gesto sombrío—, tu padre está aquí.

Kate se sobresaltó, todo su cuerpo se sacudió. Alargué la mano hacia ella, pero retrocedió, levantando las manos, negando con la cabeza mientras las negaciones brotaban de sus labios.

—N-n-no, está muerto. E-e-eso es i-i-imposible.

Si no lo está, pronto lo estará.

Años antes, una noche junto a la tumba de su madre, Kate me había explicado por qué a veces tartamudeaba. Había nacido con ello, y aunque había trabajado duro durante años para dominar su habla, el miedo, el estrés y la ansiedad a menudo podían con ella.

Lo había notado mientras crecía, pero nunca le había prestado atención hasta aquella noche. Su forma de hablar era ligeramente más lenta y deliberada que la de los demás, como si las palabras que pronunciaba llevaran mucho más peso.

Su tartamudeo desató un rugido dentro de mí.

No va a tocarla, joder.

—¿Dónde está? —pregunté mientras me movía para pasar junto a Pope.

—Dentro. Estaba con el grupo de caza. Texas y Runner se están encargando de él y de Farmer.

Abrí la puerta. Una neblina roja se apoderó de mi visión.

Gus era un hombre dispuesto a traficar con mujeres a cambio de salvar su propio pellejo. No tenía honor, ningún derecho a seguir vivo después de aquello.

No me cabía duda de que habría vendido a Kate sin pensárselo dos veces.

Cada decisión que había tomado respecto a su hija había acabado en dolor y trauma para ella.

Años de negligencia, permitiendo que su esposa —la madrastra de Kate— la maltratara verbal y físicamente.

Le había arrebatado oportunidades, retenido su herencia.

Había sido la razón por la que Ice nunca reveló su parentesco con Kate.

Lo sabía en las entrañas. Si Gus se hubiera enterado de esa relación, habría intentado destruirla.

Habría intentado destrozar a Ice igual que había destrozado a sus otros hijos, tratando de hacerlos pedazos o moldearlos a su voluntad.

Pero Kate era un diamante, forjada bajo una presión inmensa, que había emergido intacta y más hermosa de lo que él jamás podría comprender.

Antes no tenía derecho a ir contra mi presidente, ninguna capacidad para protegerla de él ni de su vieja. Hoy sí. Hoy, en este momento, Gus ya no contaba con la protección del club. No era más que un traidor: a su sangre, a su club, a nuestra hermandad.

Va a morir.

Atravesé la casa hacia el comedor principal mientras mi mano sacaba automáticamente un cuchillo. La empuñadura descansaba en mi palma, pesada, con ese peso tan familiar.

Una palabra y estaba listo para destripar al cabrón.

—¡Ah, aquí está! —bramó Gus, abriendo los brazos en señal de bienvenida cuando entré—. El hijo pródigo. Él me ayudará a aclarar todo esto.

Crucé la habitación sin contenerme y le solté un puñetazo en plena cara. Su nariz crujió de forma satisfactoria bajo mis nudillos, la sangre brotó mientras se doblaba.

Ghost, Runner y Texas me cubrieron la espalda de inmediato mientras los hombres de Farmer se agolpaban, alzando la voz, y mujeres y niños se dispersaban.

—Eso es por Kate —escupí, observando con satisfacción cómo jadeaba—. El siguiente será por el club.

—Tranquilos —Farmer se interpuso entre el cabrón y yo—. Hablemos de esto.

—¿Sabes? Les dije que le metieran una bala al cabrón y punto —dijo Ava desde la puerta, apoyada en el marco y observando con expresión aburrida mientras Gus luchaba por ponerse de pie—. Las cucarachas siempre sobreviven.

Kate pasó junto a ellos, se acercó a mí y luego miró a Gus.

—Ah —Gus se limpió la nariz y le dedicó una sonrisa sangrienta—. Veo que también has traído a mi hija. Qué agradable. Podemos tener una pequeña reunión familiar.

Farmer frunció el ceño, mirando de Gus a nosotros y viceversa.

—¿Jerry? ¿Qué cojones?

—Ese no es Jerry —escupió Runner—. Es nuestro expresidente. El imbécil traficaba con mujeres. Las vendía a la milicia y a los esclavistas.

El rostro de Farmer se volvió de piedra, pero lo ignoré y me concentré en Kate. Ella miraba fijamente a Gus mientras apretaba y aflojaba los puños. Nadie se movió cuando Gus se enderezó y abrió los brazos una vez más.

—¿Golpearías a un hombre por proteger a su familia?

—Que te jodan —escupió Kate, despacio y con frialdad, pero igual de letal—. V-v-vendes m-m-mujeres. Eres una m-m-mierda.

Bajó los brazos, con la expresión fría como el hielo.

—Y tú no eres más que un error. Un chorro de esperma que solté en un coño desagradecido. Debería haberte quitado de en medio hace años. Como me dijo mi esposa, que en paz descanse.

La rabia me ardía por dentro, pero esperé, aguardando el momento oportuno. Gus llevaba aquí Dios sabe cuánto tiempo, semanas quizás, llenándoles la cabeza con mentiras susurradas.

Pero entonces los hombres a su alrededor empezaron a moverse, con las expresiones cada vez más cerradas. Se notaba en cómo retrocedían, creando poco a poco distancia entre ellos y Gus.

Cava tu tumba. Cávala bien profunda.

—¡M-m-mi m-m-madre merecía algo mejor que alguien c-c-como tú! —escupió Kate—. Era una m-m-maldita s-s-santa.

—Tu madre no era más que un agujero caliente —replicó Gus, mientras la sangre le goteaba de la barbilla y formaba un charco en el suelo—. Lo único decente que hizo fue morirse.

Se rio.

—Mamá se encargó de eso.

Kate se movió; más rápida que un rayo, sacó el arma y le apuntó. Hombres y mujeres se dispersaron, pero Kate miraba fijamente a su padre con expresión asesina.

Gus puso los ojos en blanco.

—Eres demasiado blanda para apretar ese gatillo.

—D-d-dilo otra vez —exigió, con las mejillas encendidas de furia—. ¿M-m-mataste a mi m-m-madre?

Gus se rio.

—No fue ningún conductor borracho.

Y en ese instante se movió, alargando la mano hacia el arma que había sobre la mesa.

Sonó un disparo. Uno solo, directo al pecho.

Durante un instante la habitación quedó inmóvil. Gus parpadeó sorprendido mirando a su hija, con la mano aún extendida hacia la mesa. Se miró el pecho y se llevó la mano al agujero. La sangre brotaba a borbotones, empapándole la camisa.

—Vaya, joder.

Se desplomó en el suelo, con burbujas de sangre borboteando en la boca mientras exhalaba su último aliento.

Mientras los hombres se acercaban a rodearlo, Kate se volvió hacia Farmer y le entregó el arma.

—L-l-lo siento por tu s-s-suelo —dijo con calma, aún tartamudeando pero con expresión serena.

—Lamento tu pérdida —respondió Farmer, aceptando el arma—. Si no lo hubieras hecho tú, lo habría hecho yo.

Asintió y se volvió hacia mí.

—¿Wrath?

—Aquí, Sunshine.

Me miró parpadeando, con los ojos muy abiertos y la boca apretada.

—P-p-prométeme que le enviarás n-n-noticias de esto a Ice.

—Por mi vida —acepté. Di un paso hacia ella. Detrás, Farmer le entregó el arma a Ghost.

—Bien.

Y entonces se le pusieron los ojos en blanco y se desplomó como un peso muerto.

La atrapé al vuelo, la recogí en brazos y me arrodillé en el suelo. Detrás de mí, alguien anunció:

—Está muerto.

Ava se dejó caer a mi lado, Runner al otro lado de Kate.

—Mierda.

Le puso los dedos en el cuello, moviendo los labios mientras contaba los latidos.

—Está bien. Solo se ha desmayado.

—Mejor llévala a la enfermería.

Levanté a mi mujer, la alcé en brazos y me dirigí hacia la puerta. Me detuve en la entrada y me volví hacia Farmer.

—¿Vamos a tener un problema?

Negó con la cabeza y levantó las manos.

—Esto es el Después, hermano. Y tu club es familia. Si este pedazo de mierda traicionó no solo a tu mujer sino a tu club, por lo que a mí respecta, está mejor muerto.

Bien.

De camino, Ava me pisaba los talones, resoplando enfadada.

—¿Qué? —ladré al fin.

—Deberían haberle metido una puta bala en la cabeza.

Estuve de acuerdo en silencio. Por mucho que lo mereciera, esta era una mancha que Kate llevaría en el alma para siempre.

—Va a odiarse.

—Qué va.

Ava hizo un gesto con la mano.

—Kate es una tía dura de cojones. Ha hecho trabajos sucios en el Después. Incluso me ayudó a enterrar cadáveres. Dijo que serían buen abono en un año o tres.

Solté una carcajada, imaginando a mi chica Sunshine como un animal sediento de sangre. Era casi imposible visualizarlo.

Ava me detuvo poniéndome una mano en el brazo.

—Es más fuerte de lo que crees —me dijo, escudriñándome el rostro—. Pero no pienses que porque tiene una voluntad de hierro su corazón no es tierno. Tienes que respetar el hierro y proteger el corazón.

Asentí, guardándome el consejo.

—Ahora vete.

Ava me despidió con un gesto.

—Ghost seguro que viene detrás de mí en cualquier momento, y me encantaría pasar una noche sin que me sigan.

Sonreí.

—Siento decírtelo, pero no va a ser esta noche.

—Está detrás de mí, ¿verdad?

Me reí y entré en la enfermería.