Wolf (La Hermandad 1) 32 Alaina
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32 Alaina

TREINTA Y DOS

ALAINA

Una vez que el coche que he pedido me deja de vuelta en mi dormitorio vacío de la ciudad, entro en mi suite. Me recibe un aire viciado, e inmediatamente abro algunas ventanas de mi habitación y de la sala de estar compartida.

Ya empieza a haber humedad fuera, pero prefiero la humedad antes que el aire estancado y el olor a comida frita vieja cualquier día.

Después de deshacer las maletas, me siento en el borde de la cama y le envío un mensaje a mi madre para avisarle de que ya estoy aquí. No es que crea que me vaya a contestar o que realmente le importe, pero me parece que es lo correcto.

Estoy segura de que tendré que volver a esa casa en algún momento, aunque solo sea para recoger el resto de mis cosas. Todavía tengo muchas cosas aquí, pero me dejé el portátil allí.

Mi mente da vueltas al recordar la última semana, deteniéndose en la última conversación que tuve con Wolf. Me invade la vergüenza, dejando un rastro de rubor tras de sí. No puedo creer que lo llamara mi novio. Hago una mueca y sacudo la cabeza. Qué estúpida, Lainey.

Ni siquiera estoy segura de qué me hizo decirlo, salvo que no estaba pensando realmente, y en cierto modo parecía que éramos algo. Pero quizá fuera la adrenalina la que hablaba. ¿Quizá el allanamiento me afectó más de lo que creía?

Exhalo y me dejo caer sobre la cama. La calidez me envuelve el corazón, borrando la vergüenza mientras observo las estrellas de plástico que brillan en la oscuridad en mi techo.

Mary y Maddie me las regalaron por mi cumpleaños hace años, y tuvimos que convencer al conserje para que nos prestara su escalera para ponerlas. Siempre me hacen sentir especial —y querida— en mi cumpleaños. Cada día, en realidad.

Miro el reloj; deberían de estar aquí en un par de horas.

Me giro sobre un costado, me pongo las manos bajo la cabeza y miro por la ventana hacia la ciudad que nunca duerme. Siento los ojos pesados y, al poco tiempo, los párpados empiezan a caérseme.

Me obligo a despertarme un par de veces antes de rendirme finalmente y cerrar los ojos. Solo descansaré la vista unos minutos, pienso.

—Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz. ¡Te deseamos todos, cumpleaños feliz!

Abriendo los ojos tras parpadear, me encuentro con las caras sonrientes de Mary y Maddie justo delante de mí. Tardo unos instantes en comprender qué está pasando.

—¡Vamos, dormilona! Tenemos todo un día planeado para ti. —Mary está terriblemente animada para ser alguien que probablemente tenga un desfase horario importante ahora mismo.

Bostezando, me esfuerzo por incorporarme en la cama. Me sorprende ver que solo llevo puesta la camiseta. Debo de haberme despertado en algún momento de la noche y haberme quitado la falda, los calcetines y el sujetador.

—¿Qué hora es? —pregunto, tapándome la boca mientras se me escapa otro bostezo.

—¡Las seis en punto! —responde Maddie, dando saltitos.

—Sabéis que me hace ilusión veros, ¿pero podemos hacer esto más tarde, como dentro de tres horas? —Gimo e intento acurrucarme de nuevo bajo las mantas.

—Ah, ah, ah. ¡Hora de levantarse! —Mary me quita la manta de encima y sacude la cabeza.

Intento ocultar la sonrisa mientras observo sus caras radiantes. —¿No puedo dormir un poquito más?

—Nop, tenemos planes para la cumpleañera, —dice Mary con una amplia sonrisa.

Maddie asiente. —Exacto. Empezando con el desayuno de tu sitio de brunch favorito.

—¿Cómo habéis conseguido mesa allí con tan poco margen de tiempo?

Maddie señala a Mary con el pulgar por encima del hombro. —Alguien no durmió en el avión.

Mary se encoge de hombros. —Me echaré una siesta prefiesta hoy. Estaré bien.

—¿Siesta prefiesta? —una lenta sonrisa se extiende por mi rostro—, ¿eso significa que vamos a salir esta noche?

—Nena. Es tu cumpleaños. ¡Por supuesto que vamos a salir esta noche! ¡Solo se cumplen diecinueve una vez! —Maddie salta sobre las puntas de los pies. —¡Ahora, fuera de la cama, que tenemos una pila de tortitas de cumpleaños que comer!

Me río y retiro el edredón. —Me alegro mucho de que estéis aquí. —Extendiendo un brazo hacia cada una de ellas, las atraigo para un abrazo grupal. —Gracias.

Un par de horas después, regresamos a nuestra suite del dormitorio, con el estómago y el corazón llenos. Entramos en el salón y nos dejamos caer en los sofás.

—¿Siesta prefiesta? —pregunta Maddie, con los ojos ya medio cerrados.

—Mjum. —Mary alarga la mano hacia atrás para coger la manta de color crema y se tapa con ella. —Despiértanos en una hora, Lainey.

No puedo contener la sonrisa que se extiende por mi rostro al ver a mis dos mejores amigas durmiendo la siesta como niñas pequeñas después del brunch. Exhalo, y una ola de agotamiento me invade. Pero no creo que una siesta pueda arreglar esto. Tengo el alma cansada.

Sé que no debería estar tan decepcionada por un chico al que no conozco de mucho tiempo, pero no puedo evitarlo.

Todo el asunto con Wolf, Rush y Sully es...

tan raro. O sea, ¿cuáles son las probabilidades de que estos tres hombres —con todos los cuales he tenido una conexión real— no solo se conozcan sino que sean parientes?

Se me suben los colores al pensar en el hecho de que me he besado con los tres.

Y por mucho que lo intente, no puedo evitar que mi mente imagine cómo sería besarlos a todos —quizá incluso al mismo tiempo—.

Se me corta la respiración mientras fantaseo con la boca de Rush sobre la mía, las manos de Wolf sobre mi cuerpo, y Sully⁠—

Me duele el corazón, arrancándome de mi fantasía. No puedo olvidar la expresión de su rostro cuando me vio. Dolor, desolación y una minúscula pizca de esperanza. Pero todo eso se borró en un instante y fue sustituido por rabia, desprecio y, quizá lo peor de todo, indiferencia.

Sé que ambos hemos cambiado en los años transcurridos desde la última vez que nos vimos, pero por ese único segundo, sentí que aquella antigua conexión encajaba de nuevo. Fue solo entonces cuando me di cuenta de que he tenido la misma sensación tanto con Rush como con Wolf.

Les conté a las chicas la versión resumida durante el brunch, pero no vi la necesidad de darles todos los detalles paso a paso. Porque entonces tendría que admitir que es muy posible que esté colada por tres chicos.

Mis tres hermanastros.

Y... todavía estoy procesando ese hecho.

Estoy segura de que Mary y Maddie no me juzgarían, pero no estoy segura de poder decir lo mismo de todos los demás. La ansiedad burbujea en mi pecho cuando pienso en la reacción de mi madre ante una declaración de ese tipo.

Si mamá no termina con Cormac, es posible que no vuelva a verlos nunca más. Así que, quizá decírselo ni siquiera llegue a ser un problema.

Dejo volar mi mente y pienso en lo que haría si Wolf apareciera de repente aquí, dispuesto a reconquistarme.

Reprimo las risitas al imaginar a Wolf de rodillas con sus dedos tatuados envueltos alrededor de un ramo de flores, pidiéndome una segunda oportunidad.

Pero esa escena no me cuadra con Wolf. Él es más propenso a aparecer con pizza gourmet y discos de vinilo.

Maddie explicó una vez el arte de The Woo como un rito de iniciación y jura que toda chica debería experimentarlo al menos una vez.

Se puede saber mucho de un hombre por la forma en que te corteja.

Nunca he estado en una situación en la que me hayan cortejado antes, pero una parte secreta de mí desea llegar a experimentar eso con Wolf.

Claro, soy una mujer fuerte e independiente.

Pero también soy una romántica de corazón. ¿Qué chica no lo es?

Antes de que me dé cuenta, ha pasado una hora. No me he movido ni un centímetro de mi posición despatarrada en el sofá y, aunque no he dormido, me siento renovada, más ligera.

Pongo una canción de mi lista de reproducción de los 80 en el móvil y subo el volumen. Ambas chicas se despiertan sobresaltadas, e intento ahogar mis risitas cuando pegan un grito.

—Vamos, dormilonas —bromeo con una carcajada.

—No tiene gracia, Lainey, no tiene gracia —refunfuña Maddie.

—Ah, ¿pero qué es un poco de revancha entre primas?

Mary aparta la manta de un tirón y se retira el pelo de la cara. —Vale, ya estoy despierta. Pero baja eso, por favor.

Sonrío con suficiencia y detengo la música. —Oye, habéis dicho que os despertara en una hora. No habéis especificado cómo.

—Está bien. Tenemos que ir a recoger magdalenas de cumpleaños, así que deberíamos prepararnos. ¡He elegido nuestra ropa para esta noche! —Maddie se incorpora y sonríe. —¡Te hemos traído un vestido!

—¿Qué? ¡No teníais por qué hacer eso!

—Psh, lo sabemos. Pero lo vimos y pensamos en ti. —Mary intercambia una mirada con Maddie.

—Bueno, gracias. Es un detalle muy bonito por vuestra parte. —Arqueo una ceja hacia ellas. —¿Qué es eso de las magdalenas ahora?