Voy a hacer que me desees (Destinadas a las Highlands 2) Epílogo #2
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Epílogo #2

Rose y yo nos quedamos un poco atrás. Nuestros esposos caminaban delante con Sìne. La pequeña iba subida sobre los hombros de Brett y agarrada a su cabello mientras Daziel intentaba hacerla reír.

Rose apoyó una mano sobre mi brazo.

―¿Sabes que dentro de poco esto va a ser un caos?

Miré nuestras barrigas.

―Ya lo es.

―Me refiero a dos bebés llorando al mismo tiempo.

―El tuyo llorará. El mío será perfecto.

―Claro.

―Dormirá toda la noche desde el primer día.

―Por supuesto.

―Y jamás tendrá una rabieta.

Rose me miró.

―Es hijo de Daziel.

Suspiré.

―Estamos jodidos.

Nos echamos a reír.

Caminamos unos pasos más antes de que el silencio se instalara entre nosotras. No era incómodo. Nunca lo había sido.

Miré a mi amiga.

A veces todavía veía en ella a aquella Rose de Londres. La mujer a la que había buscado durante un año cuando todos los demás me decían que aceptara que había muerto.

No pude hacerlo. Me negué. Volví una y otra vez al río. La busqué incluso cuando ya no quedaba ninguna razón lógica para continuar haciéndolo.

Y finalmente la encontré.

Solo que para hacerlo tuve que cruzar más de seis siglos.

―Rose.

―¿Qué?

―Me alegro de no haber dejado de buscarte.

Se detuvo.

Yo también.

Sus ojos se llenaron de lágrimas casi inmediatamente.

―No hagas eso.

―¿Qué?

―Ponerme sentimental. Estoy embarazada. No tengo defensas.

Me reí, aunque también sentía los ojos húmedos.

―Hablo en serio.

Rose cogió mi mano.

―Yo también me alegro.

Miré hacia nuestros hombres.

Daziel acababa de coger a Sìne de los hombros de Brett y la niña reía mientras él la levantaba en brazos.

Sentí que mi hijo se movía dentro de mí.

―Si no hubieras desaparecido, yo jamás habría ido a ese río. Y si no hubiera ido...

No terminé. No hacía falta.

Rose siguió mi mirada hasta Daziel.

―Nunca lo habrías encontrado.

Me llevé una mano al vientre.

Aquello seguía siendo demasiado grande para comprenderlo completamente.

―¿Crees que de verdad estaba escrito? ―pregunté.

Rose tardó en contestar.

―Antes habría dicho que no.

―¿Y ahora?

Miró a Brett.

―Ahora creo que hay cosas que no necesitan explicación.

Sonreí.

―Eso ha sonado tremendamente medieval.

―Cállate.

La abracé.

Nuestras barrigas chocaron entre nosotras y ambas tuvimos que acomodarnos para conseguirlo.

―Esto cada vez es más difícil.

―Dentro de poco podremos abrazarnos normalmente.

―Dentro de poco no dormiremos.

―También.

Permanecimos así durante unos segundos.

Mi mejor amiga. Mi hermana sin compartir sangre.

―Te quiero ―le dije.

―Y yo a ti.

―Aunque seas la culpable de que esté atrapada en el siglo XV sin papel higiénico.

Rose soltó una carcajada.

―Sabía que terminarías arruinando el momento.

―Estaba quedando demasiado bonito.

―Eres imposible.

―Eso dice mi marido.

―Tu marido está completamente loco por ti.

Miré a Daziel.

―Lo sé.

Y aquella vez no hice ninguna broma.

Daziel vino a buscarme poco después.

Extendió una mano y yo la acepté.

―¿Regresamos dentro? ―preguntó.

―Todavía no.

Quería quedarme un poco más.

Caminamos hasta un punto desde donde podía contemplarse el valle y me apoyé contra su pecho. Daziel me rodeó desde atrás, acomodando las manos sobre mi vientre.

Nuestro hijo se movió.

Él sonrió contra mi cabello.

―Otra vez.

―Lleva todo el día así.

―Será fuerte.

―Como vuelvas a decirme eso cuando esté intentando sacarlo de mi cuerpo, te golpearé.

―Lo tendré en cuenta.

Cerré los ojos. Escuché su respiración. Sentí sus manos. Su calor. Y pensé en aquella primera noche junto al fuego. En lo asustada que estaba. En aquel desconocido enorme que me había ofrecido calor y protección sin comprender una sola palabra de todo cuanto yo intentaba explicarle.

Soy Daziel MacKay.

Si hubiera sabido entonces quién era realmente para mí...

Aunque quizá fuera mejor así. Tuvimos que enamorarnos otra vez. No porque Danielle hubiera amado a Donald. No porque nuestras almas se reconocieran. Sino porque Chloe se enamoró de Daziel. Y Daziel se enamoró de Chloe.

Él depositó un beso junto a mi sien.

―Te amo.

Me giré lentamente entre sus brazos.

―Y yo a ti.

―¿Segura?

Sonreí al recordar aquella conversación de hacía dos años.

«Creo que te amo. ¿Crees?».

Le rodeé el cuello con los brazos.

―Esta vez estoy segura.

Daziel sonrió y me besó.

A unos pasos escuché la risa de Sìne. Más allá estaban Brett y Rose, abrazados bajo el cielo de las Highlands mientras esperaban la llegada de su segundo hijo.

Y nosotros esperábamos el nuestro.

Entonces comprendí que aquella era la respuesta que llevaba buscando desde que desperté junto al río. Porque por fin comprendía lo que Sienna había intentado explicarnos desde el principio.

Hay amores que pertenecen a una época. Y hay otros que pertenecen a todas. El nuestro simplemente había tardado seiscientos años en encontrar el camino de regreso.

FIN