CAPÍTULO 27 - KNOX
Temporada de caza
Los documentos que el equipo de William había recuperado del almacén dibujaban el retrato de una conspiración que se remontaba décadas atrás.
Registros financieros con pagos de empresas pantalla a asesinos a sueldo.
Informes de comunicaciones que detallaban operaciones de vigilancia contra mi familia y mis socios.
Y lo más incriminatorio de todo: planes detallados de lo que Torrino llamaba «Fase Tres», la destrucción sistemática de todas las personas que me importaban.
Empezando por Scarlett.
Terminando conmigo.
—Aquí hay algo más que venganza —observó Marcus Chen, estudiando la pantalla del portátil en la que habíamos reunido las pruebas—. Se trata de hacerse con el control total de Sterling Industries.
Estábamos en mi despacho privado a las tres de la madrugada, trabajando a la luz de las lámparas de escritorio mientras Scarlett dormía en la habitación del fondo del pasillo. Había insistido en revisarlo todo con nosotros, pero el agotamiento había acabado venciéndola alrededor de la medianoche.
Mejor así. Algunos detalles de los archivos de Torrino eran cosas que no quería que viera jamás.
—Mira esto —dijo William, señalando una serie de transferencias—. Torrino lleva cinco años comprando acciones de Sterling Industries a través de empresas pantalla. No las suficientes para tener que declararlas, pero sí para acumular una participación considerable.
—¿De qué magnitud? —pregunté.
—Un doce por ciento. Si lo sumamos a las opciones sobre acciones que Marcus Webb acumuló antes de su detención, estamos hablando de casi un veinte por ciento de la empresa.
—Lo suficiente para causar graves problemas si cae en manos hostiles.
—Más que graves. Con la palanca adecuada, un veinte por ciento podría bastar para forzar una venta o una fusión.
Estudié los documentos mientras el panorama general cobraba forma.
—Esto nunca fue una cuestión de venganza personal. Se trataba de robarme la empresa.
—La venganza era solo un extra —convino Marcus—. Torrino consigue destruirte tanto en lo personal como en lo económico.
Mi teléfono vibró con un mensaje cifrado de un número desconocido:
«Me has hecho perder ocho años, Knox. Yo te haré perderlo todo. A partir de mañana».
Les enseñé el mensaje a William y a Marcus.
—No ha terminado —observó William innecesariamente.
—No. Y ahora sabe que tenemos sus archivos, sus registros financieros y sus planes operativos. Va a acelerar los plazos que tuviera previstos.
—¿Cuál es nuestro próximo movimiento? —preguntó Marcus.
—Vamos de caza.
Abrí el portátil y empecé a sacar recursos que esperaba no tener que volver a utilizar jamás.
Cuentas bancarias que no existían oficialmente.
Datos de contacto de gente especializada en problemas que no se resuelven por los cauces legales.
Activos que había acumulado durante mis dos años de campaña contra Marcus Webb.
—Knox —dijo William con cautela—. ¿Estás seguro de que quieres hacerlo así? Podríamos colaborar con las fuerzas del orden, reunir pruebas...
—Las fuerzas del orden no impidieron que Marcus Webb intentara matarme. Tampoco evitaron que asesinara a los padres de Scarlett. Y no van a proteger de Vincent Torrino a las personas que me importan.
Había pasado ocho años convirtiendo Sterling Industries en un imperio, jugando con unas reglas que me garantizaban seguir en el lado correcto de la ley. Pero a algunos enemigos no se los derrota con abogados y contables.
Algunos enemigos exigían un enfoque más directo.
—¿Qué necesitas de nosotros? —preguntó Marcus.
Antes de que pudiera responder, la puerta del despacho se abrió. Scarlett estaba en el umbral, vestida con una de mis camisas y con una expresión que daba a entender que llevaba despierta más tiempo del que yo creía.
—Lo siento —dijo—. He oído voces y no podía dormir.
—No pasa nada. Solo estamos revisando las pruebas.
Scarlett se acercó al escritorio y examinó los documentos extendidos sobre la superficie.
—¿Habéis encontrado algo útil?
—Torrino lleva años planeando todo esto. Tu secuestro fue solo la jugada inicial.
—¿Cuál es el siguiente movimiento?
Intercambié una mirada con William y Marcus. Habíamos estado hablando de estrategias que implicaban recursos y métodos que Scarlett no necesitaba conocer.
—Seguimos valorando las opciones —dije con cautela.
Scarlett me lanzó una mirada que dejaba claro que sabía exactamente qué era lo que no estaba diciendo.
—Knox, ¿qué clase de opciones?
—Las que garanticen que Vincent Torrino no vuelva a amenazar a nadie.
—¿Opciones legales?
—Entre otras.
Scarlett guardó silencio un momento, estudiándome el rostro.
—Planeas matarlo.
—Planeo neutralizar una amenaza para mi familia.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única respuesta que importa.
Scarlett rodeó el escritorio hasta plantarse justo delante de mí.
—Knox, escúchame con mucha atención. No pienso ser el motivo de que te conviertas en un asesino.
—No serás tú el motivo. El motivo será Vincent Torrino.
—No. Si cruzas esa línea, si te conviertes en alguien que resuelve los problemas matando a la gente, entonces él ya habrá ganado. Ya habrá destruido al hombre del que me enamoré.
La certeza de su voz me hizo vacilar.
—¿Qué sugieres? ¿Que esperemos a que vuelva a intentarlo? ¿Que confiemos en que las fuerzas del orden nos protejan cuando ya han fracasado?
—Sugiero que seamos más listos que él. Que encontremos una forma de detenerlo sin tener que convertirnos en lo mismo que él.
—¿Y si no existe ninguna?
Scarlett guardó silencio un largo rato, pensativa.
—Entonces nos aseguraremos de que exista.
Se volvió hacia Marcus y William.
—¿Habéis dicho que Torrino lleva tiempo acumulando acciones de Sterling Industries?
—Sí —confirmó Marcus—. Casi un veinte por ciento a través de varias empresas pantalla.
—¿Compradas todas ilegalmente con fondos procedentes de actividades delictivas?
—Lo más probable.
—Entonces lo tenemos. Fraude bursátil, blanqueo de capitales, conspiración... Con eso basta para encerrarlo de por vida sin que nadie tenga que morir.
—Solo si podemos demostrarlo —señaló William—. Y solo si lo encontramos antes.
—Puedo ayudaros con los dos problemas —dijo Scarlett.
—Ni hablar —respondí al instante—. No vas a volver a ponerte en peligro.
—Knox, ya estoy en peligro. Los dos lo estamos. Pero tengo algo que Torrino quiere: acceso a ti. Si lo usamos de forma estratégica...
—Quieres tender otra trampa.
—Quiero tender una trampa que controlemos de principio a fin. Una que lo lleve ante la justicia que merece sin convertirte en algo que no eres.
Miré a mi mujer —inteligente, valiente, empeñada en salvarme de mí mismo— y noté que algo se removía dentro de mí.
Tenía razón.
Matar a Vincent Torrino resolvería el problema inmediato, pero también me convertiría justo en esa clase de hombre que arregla las cosas con violencia. En esa clase de hombre que justifica el asesinato como una necesidad.
En la clase de hombre que había sido Marcus Webb.
—¿Qué tienes en mente? —pregunté.
Scarlett sonrió y, por primera vez desde que había empezado aquella pesadilla, pareció que de verdad podíamos ganar.
—Vamos a darle a Vincent Torrino exactamente lo que quiere —dijo—. Y luego lo destruiremos con eso mismo.