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Cartagena de Indias, 8 meses después.
—¡¡¡Qué vivan los novios!!!
Nos gritan nuestros familiares y amigos, que vitorean, para que vayamos de la mano a la pista de baile.
«¡Siiiiiiiiiiiiiiiii!»
¡Nos hemos casado!
Comienzan a sonar los acordes de, “Que lo nuestro se quede nuestro”, de Carlos Rivera, esa canción que dice tanto de nosotros y yo abrazo a Javi, que está divino con ese conjunto de guayabera costeña.
Nos miramos con complicidad y amor. Sus ojazos miel están brillantes y yo me deleito en ellos, mientras paso mis brazos por su cuello, ¡cómo amo a este hombre!
Mientras bailamos, sonrío, pues me vienen a la mente los recuerdos.
Días después, de que Javier, me hiciera pagar de manera deliciosa, todos mis errores en su suite, nos reunimos con mis amigos, para hablar sin dramas, sobre lo ocurrido, pues luego de semejante afrenta, sentía que era necesario, para pasar página.
Pronto lo olvidamos, tras el afectuoso abrazo entre mi Javi y Vladi ofreciéndose disculpas y cuando nos reímos, de tener una anécdota en común, ¡alucinante!
Al cabo de unas semanas más y de gestionar la mudanza a Bogotá, hablar con mis padres y de que nuestros amigos, nos hicieran una bonita despedida, dejando lágrimas en esta y de prometernos, que siempre íbamos a estar en contacto, comenzó nuestra aventura juntos.
Nos recibió una llorosa Rosarito que, desde que volví, no ha dejado de mimarnos con sus especialidades culinarias. Además, que me sorprendió, cuando me mostró varias maletas con mi ropa, explicando que las guardó, porque nunca perdió la esperanza, ¡esa mujer es lo máximo!
Marga cumplió su promesa, de no entrometerse, pero de vez en cuando, me apiado de ella, al ir todos los domingos a su casa, para almorzar juntos, ¡no puede vivir sin su Javiercito!
La mejor parte, fue acoplarnos sin problemas, a lo que ya estábamos acostumbrados, como si no nos hubiéramos separado: los arrumacos en la cama, los días en que no quería trabajar por hacer el amor día y noche, mi desnudez por la casa, la maravillosa visa infinity,
mi trabajo de tele consulta en el hogar, las noches de pizza y series de televisión, mis poemas…
Todo volvió con más fuerza, con más dedicación y deseo, ¡amo la vida junto a él!
Fue por eso que, no lo tuvo difícil, cuando una tarde, mientras visitábamos la catedral de sal en Zipaquirá y tras hincar la rodilla, para mostrarme el bonito anillo, yo ya estuviera rodando en el suelo con él de la felicidad, ¡por supuesto que aceptaba!
Nos pusimos de acuerdo en casarnos en Cartagena, pues queríamos de cierto modo, venerar la ciudad que, gracias a su magia, nos hizo coincidir en la vida y, ¡así fue!
, pues lo acabamos de hacer en la Catedral de Santa Catalina de Alejandría, bajo un sol costero, cómplice y hermoso, celebrando en una exclusiva recepción en el Tcherassi Hotel Boutique, ¡que está divino!
Javier reservó con tiempo todo el hotel, pues quisimos hacer algo muy íntimo, pero lujoso con nuestra familia y amigos personales. Es por eso, que están juntos nuestros padres, muy felices sumidos en una conversación, mientras nos miran con ojos llorosos, ¡quién lo iba a creer!
Sofía que, aunque vino sola, porque para ella no era necesario, llevar leña pa´l monte, fue la primera en estar de acuerdo con celebrar la boda en la Heroica y sin pedir permiso, comenzó a planear todo por lo alto, como a su familia le gusta,
pues motivada por el número de extranjeros que visitan la ciudad, aseguró que pronto hará de las suyas, para horror de Marga y de Javier, ¡esa mujer nunca va a cambiar!
Samanta, nos mira con ternura al lado de su esposo y su hijo, que está bien entretenido con Carlos y aunque alterna la visión entre el pequeñito y la pista de baile, sus ojos se van sin querer hacia Sofía, ¡vaya!, ¡aquí va a haber rollo!
Otra pareja, que se ve muy bien, es la de Daniel con su esposo el dominicano. Desde que llegué a Bogotá, afianzamos una bonita amistad, pues se alegró mucho de vernos juntos y se convirtió en nuestro fan número uno.
También están Gabriela y Vladimir que, aunque entre ellos no hay nada aún, mi amiga sigue reticente, porque el ruso sigue haciendo de las suyas en Medellín, pero no se puede negar, que hay una química entre ambos impresionante.
De hecho, puedo asegurar, que esa química nació, así mi amiga lo haya negado cientos de veces, aquella noche, cuando tuvo que curar las heridas de Vladimir y de cierta forma, me alegra, que aquel mal episodio, que recordamos con diversión, haya servido como cuarto para el amor.
Solo espero, que la vida les dé una señal, para que surja el sentimiento entre ellos.
Javier me besa, sacándome de mis pensamientos.
—Estás muy hermosa.
—¿Te gustó?
Divertida, muevo las caderas, pues estoy muy orgullosa de llevar mi hermoso vestido vaporoso con escote corazón y aberturas en cada pierna. Bastante sugerente, pero sé que lo ha vuelto loco.
—Si, pero es una pena…
—¿Por qué?
Pregunto con picardía, pues ya sé dónde va el agua al molino.
—Porque no va a durar mucho en ti.
Nos reímos. Amo, cuando somos cómplices de nuestras travesuras íntimas, incluso cuando hay gente alrededor y dándonos otro beso, damos por terminado nuestro baile como pareja recién casada, para hacerlo con los invitados.
Esta vez, los acordes de un delicado vals inundan la elegante estancia y procedemos a bailar con los demás, ¡qué bonito! Nos ponemos sentimentales, mis padres, mis amigos y hasta Marga, que ya anda tomando el té, que Sofía le ofrece de rodando los ojos.
Minutos después, vuelve la algarabía, encendiéndonos de nuevo y cuando ya hemos bailado hasta reventarnos los pies, partimos el pastel y comemos de lo lindo. Pronto, en un espacio entre una canción y otra, me preparo para aventar el ramo y los motivo a que participen, ¡estos juegos me encantan!
Así que, espero con paciencia, hasta que todos se ubican el centro de la pista y con varios amagues previos, para alentar los ánimos y aumentar la ansiedad, lo lanzo con fuerza cuando nadie se lo espera, cayendo en manos de una estupefacta Gabriela.
Su gesto de horror, nos hace reír mucho; entonces, al verse comprometida, lo tira lejos como si le quemara la piel y este, luego de volar sobre varias mesas, cae a los pies de Vladimir, que lo recoge confundido.
Boquiabierta, me emociono al punto de dar saltitos en el mismo sitio, pues estoy feliz como una lombriz de saber lo que eso significa, ya que ahí está la bendita señal de la vida y mientras todos aplauden, con ganas grito:
—¡¡¡Que vivan los novios!!!
FIN