Volver a mí Capítulo 23
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Capítulo 23

Mi pierna inquieta no deja de moverse, hasta que la obligo a parar. Acabo de salir del trabajo y vine directo. Por suerte, no hay tanta gente esperando como imaginaba.

Al abrirse la puerta de entrada, una ráfaga de frío se abalanza sobre mí con una fuerza inesperada.

El viento se cuela por todos los rincones, obligándome a hundirme más en el abrigo que me envuelve.

El otoño se ha adueñado del paisaje, impetuoso y distinto.

Así ha sido cómo mi vida ha cambiado en estos últimos cuatro meses, mientras añoro el cálido abrazo de la playa.

—Tranquilízate, Cleo —susurro a mi diminuta compañera. Ella maúlla inquieta desde su confinamiento en la caja transportadora—. Prometo que te sacaré en cuanto pueda.

Miro a las pocas personas que me rodean, como figuras que pasan rápido en un fondo borroso. Sus rostros cansados reflejan la misma resignación que yo cargué durante años.

La puerta se abre otra vez, y la ráfaga de aire frío me golpea como un recordatorio implacable. Sin embargo, no puedo evitar sonreír. Sé que hay algo más allá de esa puerta. Un mundo lleno de posibilidades aguarda, listo para ser descubierto.

Juli, 04:06 pm

¿Cómo va todo? Muero de intriga.

Sofía. 04:07 pm

Estoy esperando aún…

Juli, 04:08 pm

¿Por qué? Es un trámite sencillo y rápido. ¿Has firmado ya?

Sofía, 04:09 pm

Eso sí. El agente debe hacerme las entregas…

Juli, 04:10 pm

¿Emocionada?

Sofía, 04:11 pm

¡Más que solo eso! Me pasa de todo…

Julieta ha estado más atenta que nunca a los detalles de mi vida.

En estos últimos meses, ha realizado numerosas visitas para asegurarse de que estuviera bien.

No le agradó mucho el lugar donde me encontraba viviendo, pero entendía que era lo único que podía permitirme.

Cada vez que cruzaba el umbral de mi humilde morada, sus ojos recorrían el entorno con una mezcla de desaprobación y compasión.

Era evidente que deseaba brindarme un refugio más cómodo, un lugar donde pudiera encontrar un poco más de confort.

Su preocupación por mi bienestar era tan palpable que incluso intentó ofrecerme una generosa suma de dinero; pero, por supuesto, no pude aceptar.

Cuando regresé a la ciudad, mi primera tarea fue encontrar un hotel donde pasar la noche.

Luego contacté a Néstor para planificar un encuentro y poder ver a Brune, a quien ansiaba abrazar con todas mis fuerzas.

Quedamos en reunirnos en una pizzería cercana a su casa.

Volver a ver a mi hija fue como despertar de un largo sueño y regresar a la vida.

La alegría de reencontrarnos nos desbordó, y acabamos envueltas en abrazos y besos interminables.

Mientras disfrutábamos de la cena, Brune se sentó sobre mis piernas, como cuando era más pequeña.

Todo esto sucedía bajo la mirada atenta de su padre.

La alegría y las risas reinaban en el ambiente.

Sin embargo, cuando terminamos de comer, una sombra de seriedad se dibujó en el rostro de Brune y, con voz pausada, me hizo una pregunta que me estremeció:

—¿Es cierto que ya no vivirás con nosotros?

Mi sonrisa desapareció al instante, como si una ráfaga de viento helado hubiera apagado una llama.

Me repetí a mí misma que no permitiría que la culpa me dominara, pero fue en vano.

Solo fui capaz de escuchar en silencio la acusación no pronunciada que resonaba en el aire.

Sentí que me estaba alejando de ellos, y ese pensamiento hirió en lo más profundo de mi alma.

Con calma, expliqué la situación y los cambios que se avecinaban.

Brune lucía desanimada y era evidente que no estaba dispuesta a aceptarlo de buenas a primeras.

Opté por ser paciente y comprensiva, hablándole desde el amor, aunque el tema fuera incómodo y triste.

A medida que le transmitía mi apoyo incondicional, Brune comenzó a calmarse, comprendiendo que siempre estaría a su lado y que nada ni nadie jamás tendría la fuerza de separarnos.

Luego ella me hizo una pregunta que me llenó de ternura: si podríamos dormir juntas esa noche.

Sin dudarlo, respondí que sí, asegurándole que siempre que ella lo deseara.

Cuando Néstor abrió la boca para objetar, lo interrumpí en seco, decidida a no permitir que viera ninguna debilidad que pudiera aprovechar en mi contra.

—¿Por qué no? —le pregunté con determinación.

Distinguí en él una expresión de advertencia, cargada de rencor y aspereza. Sin embargo, no aparté la mirada de él, dispuesta a mantener mi firmeza. Finalmente, no le quedó otra opción más que aceptar a regañadientes, cediendo ante la insistencia de nuestra hija y mi voluntad inquebrantable.

Néstor nos acompañó hasta la entrada del hotel, con una desaprobación que se notaba en cada gesto. Brune se despidió rápido y enseguida se puso a jugar con la puerta giratoria, como si todo lo demás ya no importara. La tensión quedó atrás en un segundo.

—Buenas noches —le dije, girando para darle la espalda.

—Toma… Esto es tuyo.

Néstor extendió un bolso hacia mí, uno que no había notado que llevaba consigo hasta ese momento. Lo miré con recelo y no me atreví a tomarlo. Él, con voz entrecortada, me dijo:

—Tus cosas… Algo de ropa y tu portátil.

Comprendí de inmediato que se refería al portátil que me compré poco antes de conocerlo.

Ahora apenas logra funcionar debido a lo viejo y desactualizado que está…

Quise preguntarle por el nuevo portátil, el que adquirí hace menos de un año.

Sin embargo, me mordí la lengua, fingí una sonrisa de gratitud y acepté el bolso, aunque sentí cierta humillación al hacerlo.

—Si me he olvidado de algo, dímelo.

¿Y el resto de mis pertenencias? Durante todos estos años, contribuí y trabajé para asegurar nuestro bienestar.

¿Me quedaría solo con unas cuantas prendas de vestir y un portátil deteriorado?

Quise decirle que nuestra cama era mía, fue lo primero que compré al independizarme.

Que la cafetera que usaba cada mañana también era mía.

Que la nevera que tiene en su casa la adquirí sin su ayuda.

Todo lo demás lo fuimos logrando juntos, poniendo cada uno lo suyo.

—Otra cosa: mientras antes pases a buscar a Cleo para llevártela, mejor.

Conteniendo las lágrimas de indignación que amenazaban con escapar, asentí con la cabeza y le di la espalda.

Pensaba que su actitud era desleal e injusta, y a veces todavía lo pienso.

Sin embargo, no podía reclamar nada de forma legal, ya que no nos casamos.

Aunque considerara este trato injusto, no le daría el gusto de iniciar una guerra.

Decidí no rendirme y seguir adelante por mi cuenta. Después de todo, lo que Néstor tiene en su casa pertenece a Brune; no ganaré nada teniendo esas cosas en mi poder. Tal como lo había planteado, comenzaría desde cero en mi vida, construyendo mi propio camino.

Pasé una semana en aquel hotel que, a pesar de ser económico, no podía permitirme seguir pagando por mucho tiempo.

Fue entonces cuando, gracias a la ayuda de Axel, logré rentar una pequeña habitación en la residencia de una de sus tías.

Se trata de una viuda, llena de carisma y con una mentalidad muy moderna.

La anciana pasa la mayor parte del día en casa y solo Axel la visita.

Aunque respeta mi privacidad en cierta medida, la sensación de intimidad es limitada.

Debo seguir sus reglas, horarios y mantener el silencio para no perturbar su rutina.

Además, no le gustan los gatos… Por suerte, Cleo es tan encantadora que consigue ganarse el afecto de cualquiera.

Por otro lado, a pesar de la desaprobación de Néstor, Brune pasa tiempo compartido con ambos.

Durante las tardes, yo me encargo de cuidarla.

Él asume la responsabilidad por las mañanas, cuando me toca trabajar.

Brune pasa la noche con ambos, una semana conmigo y la siguiente con él.

Nos coordinamos de esta manera, aunque resulta agotador, porque es necesario mantener cierta estabilidad en la vida de nuestra hija.

Tuve que esforzarme en calmar los ánimos en varias ocasiones, ya que Néstor busca cualquier excusa para llevar la situación a los tribunales.

No quería y aún no quiero llegar a ese extremo…

Suspiro, echando la cabeza hacia atrás. La secretaria de la oficina me dirige una mirada comprensiva y sonríe, como si entendiera mi situación y me pide un poco más de paciencia.

Le devuelvo la sonrisa y decido darme un momento para revisar las fotos que Dan me envió de Noah a través de WhatsApp.

Pronto cumplirá un año y prometí a Brune que iríamos juntas a la costa para celebrarlo.

Decido verificar mis correos electrónicos.

Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando veo uno que he estado esperando durante casi dos meses.

Mis manos tiemblan y, a pesar del frío, siento que una oleada de calor me invade.

No quiero permitir que mi mente juegue malas pasadas ni emocionarme antes de tiempo, así que abro el correo y comienzo a leer.

A medida que avanzo, las lágrimas brotan y las aparto con las manos para poder continuar leyendo.

En pocas palabras, un editor ha respondido a la solicitud que envié.

Está interesado en mi manuscrito y quiere reunirse conmigo lo antes posible.

Es la mejor noticia que he recibido en mucho tiempo.

La felicidad se desborda en mi interior y no puedo contenerla.

Esta oportunidad, este nuevo camino que se abre, es gracias a Marcos, que me ha apoyado y ha creído en mí desde el principio.

Si no fuera por él, esto no estaría sucediendo.

Sofía, 04:32 pm

¡Me acaba de llegar la oportunidad que más he deseado!

¡Quiero perseguirla!

—¿Sofía? —Frente a mí está el agente al que estaba esperando.

—Sí —respondo, poniéndome de pie y sintiendo cierta vergüenza—. Disculpa.

El agente me mira con cautela y me pregunta con preocupación:

—¿Estás bien?

Me seco las lágrimas y suelto una suave risa. Espero que no piense que estoy loca, no quiero arruinar esta oportunidad.

—Acabo de recibir una noticia maravillosa… Perdón. ¡Me siento muy feliz!

El agente, joven y atractivo, asiente como si supiera lo que me sucede.

—¡Enhorabuena entonces!

—¡Muchas gracias! —exclamo emocionada, llevando una mano al pecho—. Hoy es un gran día, sin duda alguna. Esto y lo demás…

—Hay más que suficientes razones para llorar de alegría, ¿verdad? —Me sonríe, sacando un juego de llaves de su bolsillo—. ¿Estás lista o…?

—¡Por supuesto!

—¿Vamos?

—¡De acuerdo! Ya no quiero esperar. ¿Escuchaste, Cleo? Pronto podrás salir —digo, acariciando su cabecita con un dedo.

Aunque el lugar no queda lejos, el agente insiste en llevarme en su coche como un gesto de cortesía.

Durante el trayecto noto que Marcos intentó llamarme dos veces. A toda prisa le mando un mensaje, pidiéndole unos minutos y prometiéndole que después le contaré en detalle que una editorial quiere trabajar conmigo. No puedo ocultar la alegría de ver cómo hemos logrado reconstruir nuestro vínculo.

—Aquí estamos… —dice el agente mientras estaciona frente al pequeño edificio.

Entramos juntos y caminamos hasta la puerta número once. Con cada paso, la emoción me va creciendo por dentro.

El agente abre la puerta, tan entusiasmado como yo, y me encuentro con un espacio iluminado y con una amplia ventana que deja entrar la luz del sol.

Es un piso pequeño y me pregunto cómo haré para que todo encaje aquí.

Pero luego recuerdo que no tengo muchas posesiones, que mi vida se ha reducido a lo esencial.

Más tarde, junto a Brune y Axel, iremos a comprar un sofá en el que dormiré y una cama para ella.

Por ahora, tendremos la ropa guardada en cajas de cartón, hasta que reúna más dinero con el cual voy a poder amueblar nuestro nuevo hogar.

Julieta ha prometido enviarme una nevera como regalo y Dan también ha mencionado que tiene algunos paquetes para mí.

A simple vista, este lugar no es más que un piso de un solo ambiente, pero para mí tiene un significado enorme. A partir de hoy será mi pequeño espacio en el mundo, el punto de partida de un nuevo comienzo junto a mi hija y Cleo, que ya salió de su transportadora y anda explorando cada rincón.

—Sofía, desde ahora esto es tuyo —dice el agente mientras me entrega las llaves.

Las tomo con gratitud y siento que todo se ve distinto, como si los colores fueran más vivos. Aquí, en un humilde espacio, puedo crear, soñar y ser libre. Le doy la bienvenida a una vida diferente, llena de posibilidades y oportunidades.

Hola, mi nueva querida yo.