Volver a mí
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Capítulo 1
¿Mi vida está en pausa? A veces siento que sí, que estoy flotando en una eterna espera dentro de una burbuja.
No logro conectar con el entorno que me rodea.
La oficina en la que me encuentro parece congelada en el tiempo, impregnada de un silencio opresivo.
La luz parpadea intermitente y, hasta ese ínfimo detalle, consigue que tenga ganas de salir corriendo.
Siento un nudo en la garganta y, por lo tanto, las lágrimas amenazan con brotar sin control por el simple hecho de contemplar el mundo a través de la ventana, donde la lluvia golpea implacable contra los cristales, como si reflejara la tormenta que llevo dentro.
Y de nuevo me cuestiono qué estoy haciendo en este lugar. Pero cuando me planteo esa pregunta, no sé cómo responder. Si no estuviera aquí, ¿dónde estaría entonces? ¿En qué otro lugar podría encontrar la respuesta que tanto anhelo?
Me doy cuenta de que Teresa me está observando.
¡Mierda! Solo se ha desatado una tormenta interna dentro de mí durante unos eternos cinco minutos, querida.
No seas inhumana. Ya sé que aún tengo que responder ciento cincuenta correos electrónicos, aunque…
estoy segura de que serán más a lo largo de la jornada.
Tomo agua, respiro hondo y comienzo a teclear.
Mi trabajo se ha convertido en una repetitiva rutina, como si yo fuera un jodido robot atrapado en un ciclo interminable.
Las horribles paredes de la oficina parecen cerrarse sobre mí y me recuerdan mi incapacidad para escapar de esta realidad asfixiante.
Pensé que estaría aquí hasta que consiguiera graduarme, pero ese sueño no ha dejado de desvanecerse.
Y esa es la razón de mi sensación de fracaso y desesperanza.
¿Podré algún día abandonar este empleo y encontrar mi verdadero camino?
Es triste admitir que jamás lograré terminar la universidad y que voy a cumplir catorce años en esta empresa.
Y lo peor es que aún duele cada segundo.
A veces siento que el tiempo corre con más prisa de la que debería.
Tengo treinta y dos años y ya luzco algunas canas como si fueran accesorios vintage.
Mi vista es tan mala que confundo sombras con personas, y mi insomnio es tan fiel que me acompaña todas las noches, mientras el sueño me persigue todo el día…
, pero nunca me alcanza. Y mi cuerpo, por supuesto, decidió convertirse en mi peor crítico: me cobra impuestos diarios en la espalda, rodillas, cuello y hasta en rincones que ni sabía que existían.
En resumen, soy una mujer joven con alma de anciana.
¿Es que solo puedo quejarme? Parece que sí, lamento que sea lo único en lo que me destaco, pero me pido perdón cuando me doy cuenta de lo hiriente que puedo ser conmigo misma.
Me pregunto si esta sensación de estancamiento y desgaste es la única manera de vivir.
¿Hay algo más allá de las paredes grises que me rodean? ¿Cuál es el propósito de todo esto?
—¡Hola, Sofi! ¿Cómo estás? —saluda Theo con una sonrisa encantadora que resalta sus ojos.
—¡Buen día! —le digo mientras aparto con cuidado sus manos de mis hombros—. ¿Qué te trae aquí tan temprano?
—Cambié mi turno con Marina. Oye, ¿cuándo vamos a salir juntos?
Theo es un individuo de apariencia impecable, de cabello rubio y un par de ojos azules que podría desarmar a cualquiera.
Siempre ha destacado por su atractivo físico.
Sin embargo, tras su fachada encantadora se esconde un aire de grandeza que hace que nadie se fíe por completo de él.
Lo único que admiro es su persistencia. No se rinde, lo cual es una cualidad asombrosa.
Y eso, ¡vaya locura!, me irrita aún más.
Existe una diferencia abismal entre ser perseverante y ser terco, y Theo parece pertenecer a la segunda categoría.
—Algún día, podríamos almorzar juntos después del trabajo.
—Es más divertido salir por la noche, ir a una disco y beber unos tragos. ¡Somos amigos!
—Theo, sabes que tengo prioridades. Mi hija ocupa el primer lugar.
—Néstor puede cuidarla. Oh, ya entiendo… ¿Él no te da permiso?
Añado a lo anterior: Theo es capaz de llegar a ser un verdadero patán.
—No voy a perder mi tiempo respondiéndote, la verdad.
Una voz familiar interrumpe el ambiente cargado de la oficina:
—¿No es tu hora de descanso, Sofi? —Axel, mi compañero del alma, me dedica una sonrisa reconfortante.
Miro el reloj en el ordenador y me sorprendo.
—¡Es verdad! Gracias por ser tan atento. Con permiso, Theo.
Axel me guiña un ojo mientras nuestro compañero se aleja al verse fuera del foco de la atención. Aprecio la intervención de Ax, es un ángel en este mar de monotonía y descontento.
Voy a toda prisa al baño, sintiendo que el tiempo se escurre entre mis dedos. Marco el número de Néstor, buscando un poco de consuelo en su voz.
—¡Hola, cariño! ¿Qué tal la mañana?
—Igual que las anteriores… —respondo con un tono resignado.
—Oh, ya me lo imagino. Recuerda que el empleo es una responsabilidad, no diversión —dice, como tratando de minimizar mis inquietudes.
Frunzo el ceño ante su respuesta. Él no entiende mi necesidad de encontrar algo más que solo sobrevivir. Quiero hacer cosas que me apasionen, que me motiven de verdad.
—No busco eso, Nes. Me gustaría dejar de sentirme estancada, nada más…
—Hay peores empleos, cariño —responde, sin comprender del todo mi punto de vista.
Lo que me temía de esta charla: sentirme incomprendida. Es absurdo esperar otra respuesta de su parte, porque me he dado cuenta de que no es capaz de ponerse en mis zapatos. Una ronda más de indiferencia.
—¿Brune?
—Ahora te paso con ella. Está en su cuarto.
Aguardo unos segundos y escucho la animada voz de mi niña. Mi fuente de inspiración y motivación. Recuerdo todo lo que estoy dispuesta a darle a cambio del tiempo que invierto en este miserable empleo.
—¡Mamá, te extraño! —exclama, llena de alegría.
—Yo también, pequeña. ¿Qué estás haciendo?
—Estoy terminando la tarea. ¡No quiero ir a la escuela! —dice con un toque de rebeldía.
—Lo sé, lo sé. ¿Has pensado en algún plan para esta tarde?
—¡Me gustaría ver una peli!
—¿En el cine? —quiero saber, imaginando una salida divertida.
—¡En casa! Se me ocurrió que podríamos recrear uno en mi cuarto, ¿podemos?
Es la primera vez en el día que una sonrisa sincera se dibuja en mi rostro. Es el destello de esperanza que necesitaba en medio de esta jornada agotadora.
—¡Es perfecto! Te prometo que será una tarde maravillosa —afirmo sintiendo que se alivia mi corazón.
—¡Muchas gracias, mami!
—Termina tu tarea. Ahora pásale el teléfono a papá —le pido sabiendo que mi tiempo libre se agota—. ¡Te amo!
—¡Nos vemos! Yo también te amo.
—¿Se acaba tu descanso?
—Me quedan cinco minutos, Nes —respondo, resignada.
—Oh, qué pena. Te dejaré el almuerzo en la nevera.
—De acuerdo, gracias.
—Ojalá pudiera hacer algo más para ayudarte. Me dejas preocupado…
—Está bien, no importa. Nos vemos en la cena. Te quiero.
—Te amo, cariño —responde transmitiendo ternura a través del teléfono.
Estos breves momentos de conexión y amor familiar me dan fuerzas para continuar, a pesar de las dificultades. Ahora debo volver a mi labor, pero sé que al final del día habrá un reencuentro que hará que todo valga la pena.
Después de colgar la llamada, regresé a mi puesto sin ganas.
Trabajé sin parar durante tres horas seguidas.
Tomé mi segunda y breve pausa del día hace un momento, tratando de aprovecharlo al máximo para recargar energías.
Durante este lapso, intenté ignorar en cinco ocasiones a Theo, mientras agradecía en silencio a Axel por su papel de salvador y compañero comprensivo.
—¡Hola, equipo! ¿Cómo están? —Mari interrumpe su alegría por un breve momento para dirigirse hacia mí—: ¿Todo bien, Sofi?
Hago rodar mis ojos y, de manera discreta, señalo a nuestro insoportable compañero.
—¡Te he extrañado tanto! Es preferible beber veneno a tener que soportar… tu ausencia, querida amiga —respondo.
—Ya veo… Tuve que cambiar mi turno por una cita con la nutricionista. ¡Lo siento!
—¡Gracias a mí, Sofi ha mejorado su humor! Soy el rey de la buena vibra —interviene Theo con suficiencia.
Mari levanta una ceja en respuesta al comentario.
—La próxima vez, avisa con anticipación sobre estos cambios para que podamos estar preparados —agrega Axel en voz baja.
—Lo tendré en cuenta. —Mari se ríe—. Por cierto, ¿de qué estaban hablando?
—Les decía que me gustaría organizar una salida con nuestras parejas —responde Theo.
—Ah, ¿sí? ¿Tienes novia?
—¡Claro que sí! Carmen y yo llevamos seis meses juntos —asegura él.
—¿En serio? No lo parece, ¡vaya!
—Tenemos una relación muy moderna.
—¿Incluye infidelidades? —pregunta Mari con desdén.
—Ese es un tema filosófico, querida.
Ax tiene los ojos entrecerrados mientras los escucha.
Supongo que no le parece divertido hablar de ese tema, considerando que descubrió a su pareja teniendo relaciones sexuales en su propia cama hace dos años.
Fue un golpe devastador y difícil de superar, tanto por el amor y la confianza que tenía en esa persona como por la duración de su relación.
Sin embargo, hace unas semanas, decidió darle una oportunidad al amor y aceptó tener una cita con un chico encantador de otro departamento de la empresa.
Se conocieron en una fiesta a la que no pude asistir.
Me alegra saber que Axel está recuperando la confianza en el amor y le permite a su corazón volver a ilusionarse.
Aunque no lo haya confesado, puedo percibir que se encuentra colado gracias a sus gestos y a la chispa que ha vuelto a sus ojos.
Me pregunto cómo sabe uno que está listo para comenzar de cero, de qué manera se reconoce ese sentimiento que indica que algo debe terminar y dar paso a lo nuevo…
—Disculpa, Theo. Ese es un tema que jamás podré entender…
—Bueno, entonces no llegaremos a un acuerdo, querida Mar. En fin, todos tenemos una persona con la que salir y mi plan no está nada mal.
—Ya te dije que yo no tengo pareja —contradice Axel.