Volver a Amar al Padre de Mi Bebé Capítulo 28
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Capítulo 28

CODY

En contra de mi buen juicio, respondí a la llamada de mi padre. Su número apareció en la pantalla y lo miré un segundo antes de contestar. Si hubiera sido mi madre, ni me lo habría planteado. Aunque había dicho lo que dije sobre no querer ningún contacto, algo me hizo responder.

—Cody, por favor, escúchame. Lo siento muchísimo, de verdad.

Debí imaginar lo que había tramado ella cuando tu novia apareció embarazada.

No tenía ni idea, pero eso es en parte culpa mía.

Hace años le dije que, si tramaba algo, no quería conocer los detalles.

Tu madre tiene un largo historial de no dejar títere con cabeza, y yo estaba harto de sus jugarretas.

Su posición social le importa muchísimo, mucho más de lo que me importó nunca a mí, aunque la fortuna fuera de mi familia.

La cuestión es que le di la espalda y le dejé claro que no quería saber nada de sus maquinaciones.

Esto va mucho más allá de cualquier mezquindad o crueldad que haya cometido jamás.

Nuestra propia familia, nuestra nieta… Cody, podría disculparme durante una década y nunca sería suficiente. Saber que podría haberlo evitado.

—No he dicho que fuera culpa tuya. He dicho que es inaceptable, y que no quiero saber nada de quien tenga en tan poca estima mi felicidad y la seguridad y la felicidad de quienes quiero.

—¿Entonces la has conocido? ¿A la niña? —su voz sonaba como nunca antes la había oído: más joven, ansiosa.

—Sí —dije, vacilante.

—¿Se parece a ti?

—No me siento cómodo hablando de mi hija contigo.

—Lo entiendo. —Su voz se volvió más queda—.

Lamento de verdad el tiempo que esto te ha robado con tu hija, y haberte presionado siempre para que mantuvieras el apellido de la familia y destacaras.

Esperaba de ti los mayores logros, y como médico, tanto en la consulta privada como en obras de caridad, has demostrado una y otra vez ser mejor hombre de lo que yo fui jamás.

No me cabe duda de que serás un buen padre para tu hija.

Mejor de lo que yo lo fui contigo, eso desde luego.

A estas alturas de mi vida me arrepiento de muchísimas cosas.

Del daño que le he hecho a mi relación contigo.

De no conocer a mi propia nieta. Quiero conocerla muchísimo, Cody.

—No alcanzo a imaginar por qué crees que querríamos que nuestra hija, una niña inocente e impresionable, te conociera a ti o a mi madre.

Si los dos le ofrecisteis dinero a Leah para que abortara.

En esencia, os habríais alegrado de que mi hija no hubiera nacido nunca.

¿Qué te da derecho a pedir acceso alguno a ella?

—El derecho de un abuelo que ojalá hubiera hecho las cosas de otra manera. Solo quiero verla, conocerla. Más que nada en el mundo. Sé que no puedo arreglar del todo las cosas entre nosotros dos, Cody.

—Dejé que mis padres traspasaran con creces el límite.

No sería muy buen padre si le diera este ejemplo a mi hija: dejarte volver a mi vida después de cómo has aniquilado cada límite que he puesto y luego exigir conocer a mi hija.

Se supone que debo enseñarle cómo permitir que la traten.

¿De verdad es ese un buen ejemplo? ¿Quieres que crezca y deje que sus familiares la pisoteen para sentirse ellos cómodos? —lo desafié.

—Desde luego que no. Pero me gustaría que creciera aprendiendo a perdonar, a pensar lo mejor de la gente y de sus intenciones.

—Bien hilado —dije con sorna—. ¿Lo has ensayado?

—No, no lo he ensayado. Me ofende que pienses que esto es una estratagema.

—Es más, sospecho que tu mujer te ha metido en esto como manera de conseguir información o ventaja.

—Ella no sabe que estoy llamando ni que tuviera intención de hacerlo. La puse en su sitio, y sus lágrimas no me impresionaron demasiado.

—¿Y crees que a mí me impresionan tus arrepentimientos? —pregunté, aunque estaba siendo más duro con él de lo que realmente sentía.

Estaba furioso por lo que mis padres le habían hecho a Leah, a Ella, a mí.

Él era cómplice del trato que le dieron a Leah, y culpable de haberme criado en el esnobismo y la desaprobación.

No era una víctima inocente. Igual que yo sabía que no la trataban bien ni les caía bien, y no hice lo suficiente para impedirlo.

Podría haberme negado a verlos si no la aceptaban de todo corazón, pero no lo hice.

Yo también era culpable. Sí quería enseñarle a Ella que la gente puede cambiar para mejor y ser perdonada.

Quería creer que mi padre era uno de ellos.

—Tienes todo el derecho a estar enfadado conmigo.

Te conozco demasiado bien para creer que vayas a guardar rencor mucho tiempo.

No estaría tan orgulloso de ti como lo estoy si tuvieras un carácter mezquino como tus padres.

Es con esa fe con la que te pido que me dejes conocer a mi nieta.

Acataré las reglas que tú pongas, y estaré agradecido.

Suspiré y me pellizqué el puente de la nariz.

—Tu madre no tiene por qué estar involucrada en absoluto —dijo finalmente.

Era todo abrumador. Que profesara arrepentimiento y orgullo de mí, que pidiera perdón.

Que quisiera una relación con su nieta. Nunca antes había dicho nada parecido, sobre que me considerara un buen hombre, o que hubiera crecido bien o tomado buenas decisiones.

Una pequeña parte de mí había anhelado esa aprobación toda la vida y nunca la había tenido.

Tenía que silenciar esa parte. Estaba en guardia, y con razón, en lo que respectaba a Ella.

No dejaría que alguien indigno de confianza formara parte de su vida, y me daba igual a quién incomodara ese límite.

—Es demasiado, papá —dije al fin—. Todo esto es muy nuevo, y tu cambio de rumbo después de toda una vida…

me disculparás por ser escéptico. Unas cuantas palabras bonitas no te dan un pase VIP con acceso total a la vida de tu nieta.

Es demasiado y demasiado rápido, y lo mejor que puedo decirte es que lo consideraré. Pero no ahora mismo.

—Al menos te lo agradezco —dijo sombrío, y colgó.

Después de aquella llamada surrealista me froté la cara con las palmas e intenté ordenar lo que sentía. Respiré hondo varias veces para calmarme antes de volver al trabajo. Más tarde, cuando vi a Leah para tomar algo rápido, se lo conté.

—Pareció muy sincero, pero soy escéptico, teniendo en cuenta cómo se han comportado los dos.

—Yo… no me siento cómoda dejándolos cerca de Ella a estas alturas. Pero confío en tu criterio, y es una decisión que tomaremos juntos con el tiempo.

—Cuando llegue el momento —convine—. Tiene ya bastantes cambios a los que adaptarse como para encima introducirle parientes de más todos a la vez.

—Su mundo se está ampliando, y eso es bueno, aunque le dé un poco de miedo a la maniática del control que llevo dentro —admitió. Le besé la frente.

—Eres la mujer más valiente que conozco. Lo harás de maravilla, y aquí estoy para ayudar cuando no sea fácil —le aseguré.

Leah apoyó la cabeza en mi hombro. Me encantaba lo fuerte que me hacía sentir eso, saber que una mujer tan independiente dependía de mí, me necesitaba y no le daba vergüenza hacérmelo saber.

—Debió de descolocarte que llamara.

—Sí. No me puedo ni creer que cogiera el teléfono. Dudé, pero al final lo hice. En algún nivel debía de querer hablar con él —dije—. Y reconozco que dijo algunas cosas que merecía oír hace mucho tiempo. Todavía no me fío de él, no me fío de un cambio tan drástico.

—¿No es posible que simplemente llevara todos estos años desconectando de tu madre? Yo lo recuerdo casi siempre con la nariz metida en el periódico o mirando el móvil.

—Bueno, yo también me disociaría si viviera con ella, pero no es que esté indefenso.

Tiene dinero y posición social y, seamos sinceros, podría echarla si no le gustara su actitud o lo que hace.

Siempre ha tolerado cómo se comporta. Quiero creerle, que no está de acuerdo con cómo te trató y que quiere conocer a Ella, pero no sé qué hacer, y hay mucho en juego, ¿sabes?

Es la primera vez que tengo que tomar una decisión que va a afectar a nuestra hija.

—No es fácil, ¿verdad? —dijo ella con pesar—. Todo se vuelve enorme y serio cuando podría hacerle daño a Ella. Es parte del motivo por el que caí en la trampa de ser sobreprotectora.

—Para ser justos, tenías miedo de que mis padres intentaran quitártela.

—No la querían, pero tu madre dejó bastante claro que no me consideraba apta para criar a, no sé, Cody el cuarto.

—Joder, ahora me has fastidiado la sorpresa. Iba a cambiarle el nombre a Ella por ese —bromeé. Ella me dio un codazo juguetón.

—Lo único que le cambiaremos es el apellido cuando esté lista. Estaba pensando que le hagamos saber que, cuando quiera añadir Johnson a su nombre, la ayudaremos.

—¿Añadirlo? ¿Como Ella Thomas Johnson?

—Ella Alana Thomas Johnson, sí, pero no con guion ni nada. Solo para añadirlo a la identidad que ya tiene.

—¿Alana, por tu hermana?

—Por supuesto —dijo.

—Me gusta que ya le hayas dado vueltas al tema del apellido. Lo estás tratando como algo permanente.

—No le ofrecería a Ella algo temporal —dijo, más severa y menos romántica de lo que yo esperaba ante lo que había dicho—. Y estoy acostumbrada a pensar en lo que ella va a necesitar. Eres su padre para siempre, y necesita saberlo de los dos. Pase lo que pase.

—Sí, pero no te preocupes por el «pase lo que pase». Esta familia no es temporal —le dije.

Allí, en medio de un bar abarrotado, Leah se inclinó y me abrazó, casi tirándonos a los dos de los taburetes en el proceso. La estreché con fuerza.

—No voy a cambiar de idea —le dije.

—Yo esta vez no voy a salir corriendo —dijo ella.

—La primera vez teníamos un buen motivo para luchar por lo nuestro, el amor que compartíamos, pero ahora tenemos a Ella. No hay mejor razón que ella para asegurarnos de seguir juntos y construir la familia que merece.

—Tienes razón. Me da un poco de miedo que ya tuvieras razón en eso desde el primer momento hace seis años, pero no te di la oportunidad.

—Más vale tarde que nunca —dije, y la besé.