Epílogo
Dieciocho meses después
La siguiente vez que se despertó de la medicación, Luca me pidió matrimonio, pero le obligué a hacerlo de nuevo cuando estuvo totalmente lúcido, por si acaso.
Lo hizo en Nochebuena, ganando así la apuesta...
, según él. Yo, como es obvio, no estaba de acuerdo.
Todavía seguimos discutiendo los tecnicismos de su supuesta victoria.
Habiendo esperado tanto tiempo para estar juntos, ninguno de los dos quería un compromiso largo y, seis meses después, me convertí oficialmente en parte de la familia Donato.
Donato Solutions sigue prosperando y el acuerdo japonés en el que Luca estaba trabajando cuando me uní a la empresa nos aportó aún más notoriedad y prestigio, lo que permitió que la compañía se expandiera.
Nos mudamos de local y, como directora de Informática y Soluciones Digitales, obtuve mi propio despacho (con unas preciosas vistas al río), unas tarjetas de visita muy elegantes y un ayudante.
Mi piso se puso a la venta el mismo día en que a Luca le dieron el alta en el hospital.
De todas formas, pasaba todo el tiempo en su casa y ninguno de los dos quería estar separado por más tiempo.
Se vendió en dos días por un precio superior al inicial, y Tia y Jono me ayudaron a trasladar mis cosas definitivamente a casa de Luca.
Hoy es su boda y Tia está impresionante.
Jono se va a hartar a llorar cuando la vea.
Bella, Lucy y yo somos damas de honor, y no paramos de reírnos juntas como colegialas.
Por supuesto, mi vestido ha tenido que sufrir algunas modificaciones y no estoy segura de que vaya a hacer mucho más que bailar un baile lento con mi precioso marido esta noche.
A nuestro hijo le queda un mes para nacer y ya hemos empezado a mirar sitios más alejados de Londres, lo bastante cerca para estar con la familia lo más a menudo posible, pero que también tengan jardín para que él pueda jugar.
A los dos nos gustaría tener más hijos, pero este ya me mantiene lo bastante ocupada por ahora.
Mi móvil emite un pitido de notificación y me lo saco del bolsillo. Tia se aseguró de que todas tuviéramos bolsillos en los vestidos. Esta es una de las muchas razones por las que la adoro.
¿Tienes un minuto?
Se lo consulto a Tia, me voy a una de las otras habitaciones de la suite y le contesto.
Luca me hace una videollamada. Cuando lo cojo, tiene la cara pegada al teléfono, lo que me hace dar un respingo de nuevo.
Le digo que, si me pongo de parto en mitad de la ceremonia, será culpa suya.
Suelta esa risa tan suya, esboza esa sonrisa y me vuelvo a enamorar una vez más del hombre con el que, por fin, estoy viviendo mi mejor vida.