Vientos de cambio y cenizas PRÓLOGO
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Vientos de cambio y cenizas

Vientos de cambio y cenizas

Por Regina Sabio

© inepub.com

PRÓLOGO

E l gobernador civil, al pueblo de Santander.

Quiero que llegue hasta lo más íntimo de los que padecen esta catástrofe que todos los españoles están en pie llenos de tristeza, pero con amor fortalecido de energía, laborando para un logro eficaz y feliz de la situación tremenda planteada a nuestro Santander y provincia.

Son días de sacrificio y en él hemos de vivir horas y días hasta conseguir la solución de la vida de trabajo, ajuar y hogares, así como la total normalización de la vida comercial tan durísimamente afectada por el siniestro.

Son importantes los ofrecimientos particulares y oficiales de todos los órdenes, y el gobierno de la Nación, con su decidida ayuda, nos dará elementos sobrados para el logro de lo que es deber. Mi confianza es absoluta. Que ello sea garantía y ánimo para todos los que sufren.

¡ARRIBA ESPAÑA!

El Gobernador Civil Carlos Ruiz. Boletín Oficial de información.

Santander, 18 de febrero de 1941.

Estas palabras, recogidas por los periodistas de Santander cuarenta y ocho horas después del incendio, son una muestra del funcionamiento de la comunicación y de la política del régimen franquista entrante.

En Europa, las grandes potencias del eje y los aliados libran la segunda mayor batalla de la historia.

Mientras, en España, no han pasado ni dos años desde que la Guerra Civil ha terminado.

Estamos en una España de hambre y escasez, aislada de lo que ocurre en el resto del mundo, sumida en un gobierno dictatorial que durará treinta y seis años.

Nos encontramos en febrero de 1941. La población de Santander atraviesa un invierno duro por las bajas temperaturas.

La economía de la ciudad gira en torno al puerto, donde cada madrugada salen los pescadores a faenar y barcos de pasajeros viajan a América en busca del nuevo mundo.

Mientras tanto, la ciudad se llena de vida.

En este sentido, la mujer tiene un papel importante en oficios que giran en torno al puerto, como las rederas o las sardineras.

Nos adentramos en la ciudad. A pesar de la pobreza y las cartillas de racionamiento, las arcas municipales tienen superávit y crean una falsa sensación de prosperidad.

Es el sábado 15 de febrero de 1941, que será un punto de inflexión para la ciudad y sus habitantes.

Se acerca una surada que está a punto de sumir a la ciudad en cincuenta horas de auténtico terror.

Hacia las seis de la tarde, el viento se vuelve huracanado y, con el paso de las horas, se hace tan fuerte que arranca y derriba árboles y postes de alumbrado por toda la ciudad.

En medio de este caos, una chispa de origen incierto se origina en la calle Cádiz y el viento, agarrándose a los elementos de madera de los edificios, lo propaga por las estrechas calles de la Puebla Vieja.

No es hasta 2021, en un viaje a Santander, que conocí la ruta virtual que se preparó por el setenta y cinco aniversario del incendio.

Ya conocía dicho suceso gracias a algún reportaje del noticiero de la época, el tan famoso NO-DO.

Pero no fue hasta mi visita a la ciudad que pude ponerme en la piel de los santanderinos y la historia me caló hondo.

Al igual que le pasó a Regina Sabio, que ha dado vida a estos personajes ficticios que bien podrían haber sido cualquiera de los damnificados reales.

¡Que disfruten de su lectura!

Alfonso Giménez López