CAPÍTULO 60
Aiden
A iden estaba sentado sobre la cama, mirando a la nada, sabiendo que era el momento.
El horrible momento en el que tenía que demostrarse a sí mismo que era tan fuerte como aparentaba ser.
No era nada fácil porque sabía que aquella sonrisa que últimamente adornaba su cara no era más que una máscara tras la que podía esconderse.
Siendo sincero, lo único que necesitaba era sentarse en un rincón y hacer que el tiempo se detuviera.
Necesitaba un segundo, un respiro, para llorar.
Para dejar salir todos aquellos sentimientos que le sobraban.
Para gritarle al mundo que tenía el corazón roto y necesitaba tiempo para recoger los pedazos.
Para coger fuerzas y aprender a caminar solo de nuevo.
No solo las parejas podían romperse el corazón.
Los amigos también tenían aquella capacidad.
El problema era que el tiempo no paraba y no era capaz de decir en voz alta que en cada segundo estaba triste. No soportaba sentirse tan débil. Tenía que fingir ser quien no era para ocultar su dolor.
Los días seguían pasando y Rian seguía sin dar señales de vida.
Nadie sabía nada, pero todos le preguntaban a él.
Cuando sucedía, Aiden tenía que respirar profundo y pestañear varias veces seguidas para ocultar las lágrimas.
Tenía que poner esa sonrisa de que todo iba bien y responder que no lo sabía.
Todos se sorprendían y seguían preguntando, sin importarles nada lo duro que estaba siendo todo aquello para él.
¿Qué? ¿Cuándo? Y la peor… ¿Por qué? Pero ni siquiera él tenía la respuesta. Rian se había ido y no iba a volver. Se había terminado. ¿Qué podía hacer él? Nada.
Todo había cambiado. Era el mismo colegio, el mismo equipo, los mismos alumnos, pero nada era igual.
Aiden fingía sonrisas y se reía sin ganas.
Se quedaba despierto hasta las tantas, pensando.
Cuando creía que había llorado lo suficiente, se daba cuenta de que aún podía llorar un poco más.
Cuando se sentía triste y solo, se percataba de cómo de grande era el vacío que él llenaba y lo muchísimo que le echaba de menos.
Tenía la esperanza de que, con el tiempo, todo fuera más fácil. Pensando que, si todos creían que estaba bien, al final lo conseguiría.
El domingo después del comienzo de las clases, Aiden se encontraba tirado en cama.
Tenía los auriculares puestos y estaba mirando a la nada.
Thiago entró en la habitación haciendo muchísimo ruido.
Él ni siquiera lo miró. Notó a su compañero de habitación acercarse a él y le tiraba de uno de los auriculares, hasta quitárselo de la oreja.
—¿Esto va a seguir mucho más tiempo?
—¿El qué?
—Tú, con esa actitud.
Aiden no contestó. ¿Qué se suponía que debía decir? Nada de aquello era fácil y tampoco sabía qué hacer.
—¿No me vas a responder? —insistió Thiago.
Aiden suspiró antes de hacerlo.
—No.
—¿Qué significa eso?
—Que no voy a seguir mucho más tiempo con esta actitud.
—¿Y cuánto es «no mucho más tiempo»?
—No sé. No lo he pensado, la verdad.
Thiago fue hasta su escritorio y se llevó el portátil a la cama.
—Tienes hasta mañana.
Aiden suspiró. Tenía razón, no podía seguir así. Se había permitido un tiempo con una actitud terrible y ya era hora de hacer algo al respecto. Acababa de perder a su compañero de duelos, pero podría encontrar otro. Podía seguir luchando por sus sueños. Tenía que hacerlo.
—Mañana te quiero ver en los entrenamientos. No pienso aceptar un no por respuesta.
—Vale. Me parece bien —aceptó Aiden al final y se volvió a colocar el auricular en la oreja.
¿Qué debía de hacer a continuación? Era la pregunta que se repetía todos los días al levantarse por la mañana.
◆◆◆
Aquel lunes, cuando se despertó, supo cuál era la respuesta: seguir. Seguir adelante. Aquello solo había sido un bache en el camino. Encontraría la manera de lograr sus objetivos. Siempre lo había hecho, aunque todavía no había decidido cómo.