Victoria colateral (Victoria 1) CAPÍTULO 55
87%

CAPÍTULO 55

El tercer combate

A iden estaba en medio de la Arena junto a Rian.

Intentaba disfrutar los últimos minutos antes de que comenzara el combate, aunque estaba demasiado nervioso para conseguirlo.

Sabía que, en cuanto el espacio ampliado se activara, vería delante de él una zona montañosa, cubierta de nieve, a una altitud donde la respiración era complicada.

Aún así, la espera era como siempre. No parecía que hubiera nada por lo que preocuparse.

El cronómetro que anunciaba el inicio del duelo apareció en una de las pantallas.

Aiden se puso la cazadora encima del nuevo equipamiento.

Para aquella ocasión, lo habían elegido de color blanco y tenía un par de rayas rojas en los brazos.

Los pantalones eran impermeables y la tela era bastante gruesa.

En la parte superior, además de una camiseta térmica y un polar, llevaban aquella cazadora de cuello alto que les cubría hasta la boca si la llevaban abrochada.

Por último, un gorro y unas gafas. Parecía que iban a hacer algún deporte de nieve.

—No entiendo por qué tenemos que llevar esto sí es sumamente incómodo —se quejó Aiden mientras se colocaba las gafas en la cabeza.

—Deja de protestar, anda —le reprendió Rian.

La equipación estaba preparada para las bajas temperaturas, pero a Aiden no le gustaba nada. Quizás que no fueran muy altos, que apenas superaran el metro sesenta, ayudaba a que tuviera la impresión de ser un muñeco de nieve.

—Es que parecemos un chiste —volvió a quejarse Aiden. Ni Rian ni Loan le contestaron.

Raina estaba hablando, explicando las normas como siempre antes de cada combate. Lo cierto era que estaban a un solo paso de la gran final. Habían llegado mucho más lejos de lo que se había imaginado en un primer momento.

Aiden no escuchó nada del discurso, estaba demasiado ocupado intentando mantener los nervios a raya.

Además, la ropa de abrigo que llevaban puesta, lo estaba haciendo sudar muchísimo.

Notaba como la camiseta térmica se le pegaba al cuerpo como una segunda piel.

En el momento en el que las temperaturas bajaran, se iba a congelar.

No tenía dudas. Esperaba poder aguantar de una pieza ese combate y el siguiente.

Si conseguían ser los vencedores, no le importaba estar una semana en cama con fiebre. Lo superaría.

Los gritos del público se hicieron eco cuando la coordinadora gritó sus nombres. Sus compañeros de clase estaban allí, animándolos, incluso alguno tenía pancartas con frases de ánimo. Seguramente las habrían llevado preparadas de la escuela.

—Que empiece el duelo —anunció Raina en el momento en el que el contador mostraba la cuenta regresiva de los últimos veinte segundos.

—¿Estás listo? —le preguntó Rian, mirándole mientras se colocaba las gafas sobre los ojos.

—Creo que sí.

Loan se colocó entre ellos y les dio una suave palmada en la espada a cada uno. Aquello parecía casi un ritual.

—Este estadio no es como los demás. No seáis imprudentes.

Me han comentado que hay varios ojeadores de diferentes universidades entre el público.

No os lo he dicho antes porque no quería poneros nerviosos.

Solo tenéis que seguir esforzándoos como hasta ahora.

Intentad dar lo mejor de vosotros mismos.

Tened cuidado y mucho ánimo —les comentó Loan en el momento en el que el contador marcaba cinco segundos.

Cinco, cuatro, tres.

—Vamos allá —susurró Aiden antes de avanzar hasta adentrarse en el terreno de duelo.

Dos, uno…

Apenas había dado un paso, unos cincuenta centímetros, cuando todo cambió de forma abrupta.

Las temperaturas habían bajado casi cuarenta grados de golpe y estaba nevando.

Había nieve por todos lados, soplaba muchísimo viento y, por encima, era de noche.

Era la primera vez que competían en un estadio con un paisaje nocturno y aquella era posiblemente la peor manera de hacerlo.

La capa de sudor que cubría la espalda de Aiden se convirtió en una fuente constante de frío, haciéndolo temblar a cada poco rato. Por mucho que hubieran activado un escudo protector a su alrededor, la temperatura era lo suficiente baja como para seguir congelándose.

El oxígeno en aquel terreno era muy escaso y ya le estaba jugando una mala pasada. No quería ser pesimista pero cada segundo que pasaba veía la victoria más lejos. Estaban congelados, en mitad de la montaña, con poco oxígeno y sin un plan para alzarse con la victoria.

—¿Puedes moverte bien? ¿Sigues teniendo las manos frías? —se preocupó Rian.

—Estoy perfectamente —dijo Aiden, dando un par de saltos y moviendo los brazos en círculos, para entrar en calor.

En uno de esos movimientos, un dolor agudo en el brazo hizo que se le escapase un gesto de dolor.

Por mucho que Adrik lo hubiese estado curando, la herida del brazo era demasiado profunda para sanarla por completo.

Iba a tener que aguantar un poco el dolor.

Cuando terminó de saltar se dejó caer sobre las rodillas, jadeando, con nauseas.

Tenía entumecida la cabeza y parecía que llevaba aguantando la respiración dos minutos.

—¿Qué te pasa?

—Casi no puedo respirar.

—Supongo que es la altitud…

—No sé cómo vamos a poder reaccionar de forma ágil sin morir en el intento.

—Supongo… Supongo que nos terminaremos acostumbrando. —No parecía muy seguro.

—Mucho supones tú —dijo Aiden incorporándose—. Solo espero que sea lo suficientemente rápido.

—Nuestros rivales también tendrán el mismo problema.

—Pues vaya mierda de duelo, los ojeadores no van a salir contentos —protestó Aiden, analizando a su alrededor, intentando pensar una estrategia.

Parecía que estaban en una zona bastante plana, aunque tampoco lo tenía claro. Lo único que alcanzaba a ver era un par de árboles a unos diez metros, un poco más allá unos arbustos y después la nada. Era como si el terreno se terminara y solo quedara oscuridad.

El vaho salía de sus bocas de forma constante mientras giraban sobre si mismos, intentando pensar una estrategia.

Ni siquiera cuando se encontraron perdidos en mitad del desierto de Ogon, vieron tan complicado encontrar un plan.

Decidieron retroceder un poco hasta una ladera de la montaña. De esa forma se protegerían del aire.

Estuvieron caminando durante diez minutos, siguiendo la montaña.

La nieve se empezaba a acumular en el suelo, haciendo que cada paso que daban se hundiera casi diez centímetros.

Eso, unido a la baja concentración de oxígeno, les estaba pasando factura, haciendo que los dos magos jadearan con fuerza.

Aiden se fijó en una roca que descansaba a los pies de un árbol.

Era muy similar a una que habían visto hacía tres o cuatro minutos.

Pensó en decirlo en voz alta, pero terminó convenciéndose a sí mismo que era casualidad.

Cuando, un par de minutos después, volvieron a pasar nuevamente por ella, se le quitaron todas las dudas.

—No noto sus energías. Llevamos demasiado tiempo andando y ni siquiera sabemos si lo estamos haciendo en círculos —protestó Rian, exhausto, después de que Aiden le contara su teoría.

—¿Y cuál es el plan?

—No lo sé. No hay plan. ¿Acaso no ves dónde estamos? Estoy congelado, me duelen los pulmones de respirar este aire tan frío y empiezo a sentirme fatigado.

—Cómo estamos, eh. Yo estoy igual que tú y no me oyes quejarme todo el rato —respondió Aiden, conteniendo una sonrisa.

Él siempre era el primero en quejarse por todo y lo sabía. Solo lo había dicho para aliviar algo de tensión. Notaba por el vínculo su frustración y sentimientos de impotencia.

Rian negó con la cabeza y siguió andando, pero no pudo contener una pequeña sonrisa que Aiden recibió con los brazos abiertos.

Sabía de sobra que, para su compañero, demostrar en todo momento que estaba un paso por delante de los demás era fundamental.

Necesitaba probar lo buen mago que era. Era como si necesitara validación constante y él conocía muy bien esa sensación. El no sentirse suficiente.

Aiden notó una pequeña llama de magia en la oscuridad que los rodeaba. Sus rivales estaban muy cerca y, con la montaña a sus espaldas, no iban a poder retroceder. Les iba a tocar atacar.

—¿Tienes claro el plan? —quiso saber Rian, serio, oteando a través de la nieve.

—Por supuesto —asintió Aiden.

Lo habían comentado justo antes de entrar en la Arena.

En un terreno como aquel, con todas las dificultades a las que tendrían que hacer frente, la mejor táctica era que Aiden se centrara en acumular mucha energía para realizar ataques potentes mientras Rian se encargaba de la defensa y los asaltos estratégicos.

No les dio tiempo a hablar mucho más antes de que Kravior y Giras aparecieran delante de ellos, lanzándoles un ataque bastante potente.

Rian, como había anunciado, los protegió a ambos con un escudo muy fuerte.

A pesar de que habían reaccionado a tiempo, Aiden vio a su compañero retroceder un par de centímetros por la fuerza del impacto.

Estaba claro que aquellos magos no eran como los anteriores.

Loan les había adelantado que Kravior y Giras eran los ganadores del torneo de invierno del año anterior.

Eran dos magos de tercer año de la escuela superior y llevaban compitiendo juntos desde la secundaria.

La sincronización y la complicidad con la que se movían y atacaban estaba por encima de la mayoría de los equipos y, a pesar de ello, sabía que tenían posibilidades.

No importaba la complicidad si no tenías la energía suficiente o la técnica necesaria.

En eso, tanto Aiden como Rian estaban por encima.

Quizás no llevaban tanto tiempo juntos, ya poseían una conexión única.