CAPÍTULO 42
Mayo
U na semana más tarde ya habían reanudado los entrenamientos.
Loan les había hecho ver la repetición de los duelos casi una veintena de veces.
Ya se sabían de memoria todos sus movimientos.
Para poder prevenir una encerrona como la que les hicieron en el campeonato, Loan introdujo varios temas de teoría que revisaban en las horas de práctica.
Los lunes, los miércoles y los viernes, la mitad del entrenamiento se realizaba en un aula, donde Loan les explicaba todos los hechizos que se podían emplear para sacar ventaja en un duelo y cómo protegerse de ellos en caso de que sean las víctimas.
Aiden odiaba aquellas clases. Él lo que quería era salir, combatir, lanzar hechizos…
no pasarse la tarde delante del ordenador memorizando patrones.
—La semana que viene os voy a hacer un examen —anunció Loan tras dos semanas de entrenamiento.
—Tiene que ser una broma —susurró Aiden, hundiendo la cara entre los brazos.
No tenían suficiente con los exámenes del resto de asignaturas que, encima, debían estudiar todavía más. Iba a tener que reducir las horas de sueño para poder abarcar todo lo que tenía pendiente. Cuando volvió a levantar la cabeza, Rian lo estaba fulminando con la mirada.
—¿Qué pasa?
—Eso me gustaría saber a mí, imbécil —protestó Rian—. ¿Acaso no quieres ganar el torneo de verano?
—¡Por supuesto que quiero! —contestó Aiden convencido.
—Pues entonces deja de quejarte y céntrate. No podemos dejar que nos engañen como la última vez.
—Ya lo sé —replicó Aiden aburrido. De nada le valdría saberse la teoría si luego en la práctica no tenía la técnica necesaria para poder aplicarla.
—No lo parece —susurró Rian, como si hubiera leído sus pensamientos.
Aiden gruñó por respuesta. Aquello del vínculo estaba claro que tenía sus partes malas.
El resto de la tarde estuvieron entrenando los ataques rápidos, formados por pequeñas ráfagas de energía que se enviaban con mucha precisión y velocidad. No solían ser muy poderosos, pero valían para distraer al rival el tiempo suficiente para realizar una gran ofensiva.
—¡Aiden, bloquea a la derecha! ¡No dejes que te gane terreno! —gritaba Loan.
El humor de Aiden había mejorado considerablemente desde que salieron del aula y eso se podía apreciar en las simulaciones de combate. Estaba concentrado, con ganas y no permitía que los fallos lo desmotivasen.
—¡Rian, abre un poco más la muñeca antes de lanzar el hechizo! ¡Perfecto! ¡Vamos, otra vez! —la voz de Loan resonaba por toda la sala.
El entrenador se había centrado en corregir sus posiciones de ataque y ambos magos estaban tan concentrados que, durante los últimos tres duelos, se había mantenido en silencio.
—Ya sabía yo que, cuando queréis, lo podéis hacer muy bien —los alabó al finalizar—. Vamos a dejarlo por hoy. Por cierto —añadió girándose— ¿habéis pensado qué haréis durante las vacaciones de verano?
—Nos quedaremos en la escuela —contestó Rian, mirando a su compañero esperando una confirmación por su parte.
—Sí, bueno, nos quedaremos casi todas las vacaciones en la escuela.
—Genial, confírmame los días en los que no estaréis para organizar los entrenamientos.
Es cierto que todavía quedan tres meses, pero es mejor tenerlo todo cerrado lo antes posible.
Nos vemos mañana, chicos. Tengo que irme corriendo.
Cerrad la puerta antes de salir —les pidió antes de salir a paso apurado.
Rian y Aiden se quedaron unos segundos en silencio, contemplándose mutuamente.
—¿Como que casi todas? Sabes que el campeonato es justo antes del nuevo curso, ¿verdad? No creo que puedas permitirte unas vacaciones —protestó Rian.
—Yo creo que he mejorado bastante en estos últimos meses.
—Nada comparado con lo que conseguirías si te esforzaras más.
Aiden sonrió con timidez. Todavía no había hablado con su compañero de aquel tema y tampoco sabía muy bien cómo sacarlo.
—Solo serán dos días. Te prometo que los aprovecharemos bien.
—¿Aprovecharemos? —preguntó confuso.
—Sí, bueno, he organizado algo… pero todavía no es seguro, por eso no quería decírtelo antes de tiempo.
Rian no dijo nada, se limitó a levantar las cejas, esperando que continuase.
—Mi entrenador de la escuela media nos ha invitado a un torneo que organiza todos los años para realizar una pequeña exhibición delante de sus alumnos.
Todos tienen entre seis y ocho años y les hace mucha ilusión que les enseñemos todo lo que podemos hacer —explicó Aiden, nervioso de repente—.
Pensé que estaría bien aprovechar el viaje y quedarnos un par de días más en la ciudad.
Mi cumpleaños es por esas fechas y me gustaría pasarlo en casa.
Se lo he comentado a mi madre y también tiene muchas ganas de conocerte, entonces…
—Lo que me estás diciendo es que… ¿quieres que vaya contigo?
—Sí, ese podría ser el resumen —contestó sonriendo—. No hace falta que me lo confirmes ya, hay tiempo de sobra.
Rian no le había respondido y Aiden sabía que, si lo presionaba, la respuesta acabaría siendo negativa. Prefería dejar pasar algo de tiempo para que su compañero lo reflexionara.
—¿Vamos a buscar algo para comer? —preguntó Aiden mientras se llevaba las manos a la barriga—. Tengo un hambre de locos.
Rian asintió, aunque todavía tenía una expresión extraña en la cara cuando salieron de la sala de entrenamientos.
Al llegar a la cafetería cogieron dos platos de espaguetis y se sentaron en una de las mesas del fondo.
A pesar de que ya había pasado algo de tiempo desde que aquello se había convertido en una rutina al finalizar los entrenamientos, mucha gente todavía los miraba con sorpresa.
En parte Aiden lo entendía ya que Rian nunca se solía quedar a comer allí.
—¿Te gustan los espaguetis? —preguntó Aiden, llevándose a la boca una pinchada demasiado grande.
—Claro, no los habría cogido si no fuera el caso —contestó negando con la cabeza.
—Pero comes esa mezcla rara en el desayuno.
—Ya te dije que me gustan las gachas de avena.
—No le pueden gustar a nadie.
—A mí sí.
—Mientes, lo tengo asumido. Estoy seguro de que si lo cambiaras por un bollo la vida te sonreiría más.
—¿Más? —preguntó divertido de repente—. No lo creo.
—¿Lo dices por ser mi compañero? ¿Eso es un cumplido? —preguntó Aiden atragantándose con los espaguetis.
Al final le acabó saliendo uno por la nariz.
—Ahora todo me huele a tomate —se quejó después del mal trago.
—Eres de lo que no hay… —contestó Rian sonriendo.
Era una sonrisa sincera, enseñando los dientes.
A Aiden le llamó la atención uno de sus colmillos, que se le clavaba ligeramente en el labio inferior, haciendo de aquella expresión algo peculiar.
Era la primera vez que veía ese tipo de gesto en su compañero.
Nunca le había llamado la atención o quizás nunca se había fijado, pero Rian tenía una sonrisa muy bonita.
Se estaba divirtiendo. Con él. Y aquel pensamiento casi hace que se vuelva a atragantar de nuevo.
—Deberías reír más —dijo sin pensarlo demasiado y la sonrisa de Rian desapareció tan rápido como había aparecido.
—Paso.
—¿De qué pasas?
—De ti. Me voy —contestó poniéndose de pie y alejándose con su bandeja vacía.
—Ey, no te enfades…
Cuando se encontraba a un par de metros de la mesa, se giró y lo miró unos segundos antes de hablar.
—Iré.
—¿A dónde?
—Contigo, a tu ciudad, a hacer la exhibición esa.
Y sin esperar respuesta se fue del comedor, dejando a Aiden con una sonrisa tonta en la cara.