Victoria colateral (Victoria 1) CAPÍTULO 40 #2
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CAPÍTULO 40 #2

Aiden se inclinó sobre sí mismo y vomitó sobre la arena.

Durante esos segundos el escudo que tenía desplegado a su alrededor disminuyó al máximo, pero él estaba demasiado distraído para darse cuenta.

Por ese motivo, cuando un ataque lanzado desde lejos golpeó su pecho, ninguno de los dos estábamos preparados para recibirlo.

Aiden salió lanzado por el aire, impactando contra el suelo a varios metros de distancia.

El cuerpo de mi compañero golpeó contra el suelo con un ruido sordo, dejándole el brazo colocado en una posición antinatural.

Estaba casi seguro de que se había dislocado el hombro.

—Hola, Rian, tenía ganas de combatir contigo.

Levanté la cabeza y me encontré con Kelsey, la maga que lanzó el hechizo. La reconocí por su participación en las simulaciones. Había quedado en el top tres. Además, si no me equivocaba, competí contra ella hacía un par de años en un torneo juvenil organizado por la escuela media a la que iba.

—No esperaba que hicieras un ataque a traición sobre alguien mientras está vomitando en el suelo —repliqué con sinceridad.

No podía saber si Aiden estaba bien. Debía haber perdido el conocimiento ya que solo notaba vacío a través de nuestro vínculo.

—Lo sé, ese ha sido un punto clave en nuestra victoria.

Después de nuestra patética actuación en la clasificación no podía quedarme de brazos cruzados…

No sé si te acuerdas de mí. Competimos juntos hace años y me ganaste de forma aplastante.

Pero todo eso ahora ha cambiado. —Kelsey sonrió con suficiencia—.

Estoy especializada en objetos mágicos. Todas estas ruinas que ves a tu alrededor son parte de la trampa.

Es un hechizo muy poderoso que te va absorbiendo la energía poco a poco, sin que puedas darte cuenta.

Unido a las altas temperaturas de este estadio es una combinación ganadora si sabes sacarle partido.

Ahora, tu compañero — señaló a Aiden con el dedo— está fuera de juego.

No tiene poder suficiente para levantarse y tú ni te has dado cuenta de sus continuas quejas.

Con tu arrogancia, sabía que no lo tomarías en serio.

Darías por hecho que es débil, que tú también tienes calor y lo estás pasando mal…

Pero él estaba exhausto. A pesar de que me centré en robarle toda la energía…

no pude. Al final tuve que lanzarle un hechizo para deshacerme de él.

Asimilé todo lo rápido que pude la información que Kelsey me estaba dando.

Sabíamos de antemano que era una trampa, pero no pensamos en ningún momento que llegaría a ser tan poderosa.

En ese momento, las palabras de Loan me vinieron a la mente: no hay ni una pizca de sombra en todo el terreno.

Todas esas ruinas que nos rodeaban eran la trampa.

Me maldije por lo bajo mientras intentaba trazar un plan. Tenía que pensar en algo.

Como si me hubiera leído la mente, Kelsey volvió a hablar.

—No le des vueltas a esa cabecita tuya. También te han robado buena parte de tu energía. No podrás realizar un gran ataque y eso me hace superior a ti. Ríndete.

Cerré los puños con fuerza. No iba a hacerlo bajo ningún concepto.

Vine para ganar y no pensaba dejar pasar la oportunidad sin luchar.

Antes de que Kelsey pudiera realizar ningún ataque, desplegué un fuerte escudo a mi alrededor y me preparé para ir a la ofensiva.

Mi contrincante sonrió, aceptando el desafío.

—¡No esperaba menos de ti! —gritó ella antes de comenzar a atacar.

Kelsey empezó a lanzar ataques de forma indiscriminada.

Tenían suficiente potencia para que me costase neutralizarlos, pero no me desanimé.

Levanté un escudo más potente y empecé a lanzar contraataques.

Buscaba desesperadamente los puntos débiles de mi contrincante, aunque era consciente de que había perdido demasiada energía y los ataques estaban lejos de ser efectivos.

Durante largo rato estuvimos en una lucha de resistencia. Ningún hechizo era lo suficiente potente como para dañar al adversario.

Poco a poco las energías se agotaban. El primero que puso una rodilla en el suelo fui yo.

Tenía el pelo empapado de sudor y jadeaba con fuerza.

Apenas tenía energía suficiente para seguir en pie.

Por el contrario, Kelsey se mantenía en pie a duras penas.

Al menos el cansancio ya había borrado su sonrisa socarrona.

—Me he cansado de esto. Vamos a terminarlo ya —vociferó Kelsey como advertencia.

Me preparé para recibir el ataque en cuanto vi a la joven maga juntar las manos.

Respiré hondo y reforcé mi escudo. Aprovecharía el momento en el que lanzara el ataque para hacer una ofensiva.

Con las fuerzas que me quedaban era mi única alternativa.

Justo antes de lanzar el ataque, ella sonrió.

Ese pequeño gesto me confundió y no lo entendí hasta que fue demasiado tarde.

Kelsey no me estaba apuntando a mí. Le estaba apuntando a él. A Aiden.

El tiempo se detuvo. Fui consciente de que si lo alcanzaba saldría gravemente herido. Sabía que, aunque los sanadores lo curaran, era posible que le quedaran secuelas el resto de su vida. No podría seguir compitiendo. No podríamos seguir siendo compañeros.

Antes de pensarlo siquiera, utilicé toda la energía que me quedaba para transportarme delante de Aiden. Intenté levantar una protección, pero apenas tenía ni fuerzas ni tiempo. Mi cuerpo absorbió el ataque, lanzándome en el aire varios metros.

Caí sobre mi espalda, exhausto. Sin Aiden no tenía posibilidades.

Me había quedado sin poder. Giré la cabeza hacia un lado y lo vi tendido de costado.

Llevaba allí desde el principio del enfrentamiento y, aunque sabía que los profesores habrían intervenido si las heridas fueran graves, no podía dejar la preocupación a un lado.

Al menos había conseguido parar el último golpe.

Cuando el árbitro lanzó una explosión al aire, dando por finalizado el combate, me permití cerrar los ojos un segundo. Habíamos perdido. Nuestros contrincantes habían demostrado mucha más técnica y preparación que nosotros. No habíamos tenido ninguna oportunidad.

—Lo siento.

La voz de Aiden me sacó de mis pensamientos.

Se había desplazado de mala manera hasta situarse a mi lado. Tenía la cara magullada y el labio roto. Respiraba de forma agitada y tenía los ojos cerrados. Estaba agotado.

Yo lo observaba con atención. En ese combate los dos habíamos dado lo mejor de nosotros mismos para alzarnos con la victoria. Por desgracia, aquella vez no había sido suficiente.

—No tienes nada por lo que disculparte —susurré.

Loan estaba gritando a lo lejos, organizando todo lo necesario para volver a casa y que nos pudiera atender un médico. Adrik estaba a los pies de Aiden, evaluando otra herida que tenía cerca de la rodilla izquierda.

—Te he fallado —contestó Aiden con la voz rota.

Las lágrimas empezaron a deslizarse por sus mejillas sin control—.

Desde el primer día me dijiste que yo no era suficiente para hacer equipo contigo.

Que no ibas a ganar si yo luchaba a tu lado.

Me esforcé muchísimo para hacer que te comieras tus palabras y, al final, me las he tenido que comer yo.

Me sentí miserable. Durante todos aquellos meses lo único que había logrado era hacerle sentir mal. Hacerle sentir inferior. En toda mi vida jamás me había importado los sentimientos de los demás. Estaba demasiado absorto en mis propios intereses como para perder el tiempo en otras personas.

Pero aquella vez… No. Hacía ya algo de tiempo que Aiden había conseguido que me preocupara por él.

No sabía el momento exacto en el que todo había cambiado.

Quizás cuando me expulsaron del equipo. O cuando me fue a buscar con Thiago a mi pueblo.

Quizás esa sonrisa que muestra siempre aunque no la sienta o ese poder que hace que me muera de envidia.

No podía decir qué había sido, pero Aiden me había hecho mejor persona.

Me había enseñado muchas cosas y yo… yo quería seguir a su lado.

Quería ser el compañero que merecía. Quería levantar un puto trofeo a su lado.

Quería ayudarle a cumplir todos y cada uno de sus sueños.

No entendía por qué, solo sabía que, a partir de aquel momento no lucharía solo por mí.

Arrastré la mano por la arena hasta que encontré sus dedos. Los envolví con mi mano e intenté transmitirle todo lo que no podía decir con palabras con aquel apretón.

Aiden giró la cabeza y le miré fijamente.

Podía ver mi reflejo en sus ojos color ámbar.

Era cierto que no habíamos logrado su objetivo y que mis padres aprovecharían aquella situación para recriminarme el resultado, como siempre.

A pesar de todo, estaba dispuesto a seguir intentándolo. No me iba a rendir.

—Para mí esto ya ha sido una victoria —le confesé, porque en parte así era.

Aiden soltó una ligera carcajada de felicidad que se convirtió en un quejido y me devolvió el apretón con su mano.

—Supongo que sí. Por cierto, gracias por protegerme. Si no hubieras gastado toda tu energía transportándote, seguro que habrías conseguido vencerle. El último ataque era muy potente y se habría quedado sin energía.

Giré la cabeza y busqué a Kelsey con la mirada. Estaba sentada sobre la arena, con la respiración entrecortada. Aiden tenía razón. Si no la hubiese detenido, nos habríamos alzado con la victoria, pero ¿a qué precio?

—No estaba dispuesto a correr el riesgo —dije restándole importancia.

—No dejas de sorprenderme —respondió Aiden, feliz.

Con un poco de esfuerzo, conseguí incorporarme y ponerme en pie. Después, con ayuda de Adrik, ayudé a Aiden a levantarse.

Me puso un brazo sobre los hombros y poco a poco comenzamos a andar hacia la salida. Loan y Maya estaban al teléfono, seguramente organizando la vuelta.

—Te prometo que ganaremos la próxima vez —afirmó Aiden convencido.

—Me conformo con que haya una próxima vez —y me sorprendí a mí mismo al decir aquellas palabras en voz alta.

—Idiota.

—Tú más.