Victoria colateral (Victoria 1) CAPÍTULO 40
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CAPÍTULO 40

Los cuartos de final - Rian

Un pitido resonó por todo el estadio. El duelo había empezado. Aiden y yo cruzamos la barrera y nos adentramos en el espacio ampliado.

El sol brillaba en lo alto del cielo con toda su energía.

El calor era asfixiante. Acabábamos de entrar en la zona y ya tenía la camiseta empapada.

Me pasé una mano por la frente para secarme las gotas de sudor que caían sin cesar por mi cara.

Además, los nervios tampoco ayudaban. Aunque no era la primera vez que competía en un torneo, sí que era la primera vez que sentía que tenían posibilidades de ganar.

A pesar de mis reticencias iniciales, Aiden se había convertido en un compañero fuera de serie y, aunque me costase reconocerlo, no podía sentirme más agradecido.

Su forma de ser, de ver las cosas, a menudo me sacaban de quicio.

No podíamos ser más diferentes y, a pesar de ello, había sido el único que no había abandonado los entrenos.

El único que, a pesar de todo, siguió a mi lado.

El terreno era muy diferente al anterior, no solo en tamaño sino en clima.

Durante unos segundos tanto Aiden como yo fuimos muy conscientes de las dimensiones de la Arena.

No había límites. Los organizadores utilizaban una magia amplificadora.

Solamente los que estaban dentro de sus efectos, podían ver las dimensiones sobrenaturales del estadio.

Del otro lado de la barrera, los espectadores, sentados en sus butacas, en ambientes climatizados, disfrutaban de una visión global de todo el combate. Como si fuera un partido de fútbol.

La temperatura subió drásticamente y el sol incidía con fuerza, aumentando la sensación térmica y causando destellos desagradables.

Apenas unos segundos después, tanto Aiden como yo jadeábamos como si mantenerse erguidos supusiera un gran esfuerzo.

De repente, una brisa empezó a levantar la arena, moviéndola cada vez a más velocidad.

Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos en medio de una tormenta de arena.

Levanté rápidamente un brazo y lo coloqué sobre los ojos, con intención de protegerme, pero no veía nada.

Noté que Aiden se posicionaba a mi espalda, manteniéndose lo más cerca posible.

—¡No veo nada! —gritó Aiden intentando hacerse oír a través del viento.

—¡No te separes de mí! —contesté preocupado. Necesitábamos un plan.

Por mi parte estaba intentando abrir los ojos, pero no era capaz de mantenerlos abiertos más de un par de segundos.

Tenía la boca llena de arena y me costaba un poco respirar.

De repente, noté una presencia. No podía determinar con exactitud a qué distancia estaba, quién era o qué fuerza tenía, pero me puse alerta sin poder evitarlo.

Mi cuerpo sabía que era una amenaza. El duelo había empezado hacía dos minutos.

Rápido, me giré hacia Aiden y desplegué un escudo que nos rodeó.

—Aiden, escucha: el enemigo está a las cinco, a una distancia aproximada de unos ochocientos metros. No se mueve, creo que nos está esperando —le susurré abriendo los ojos y oteando a mi alrededor.

Aiden abrió poco a poco los ojos y se sacudió el pelo. Estábamos totalmente cubiertos de arena y el sudor que nos recorría el cuerpo no nos ayudaba a desprendernos de ella.

—Tengo arena en absolutamente todas las partes —se quejó Aiden mientras me ayudaba a mantener mi hechizo.

—No es el momento de lamentarse. Concéntrate.

Avanzaremos doscientos metros en dirección al rival y luego daremos un pequeño rodeo.

Es importante que no nos sienta venir, por lo que mantendremos el escudo al mínimo, lo suficiente para dejar esta horrible arena del otro lado.

En cuanto estemos cerca, haremos el ataque combinado —le conté con detalle el plan que había trazado.

Tenía que especificarle un factor clave para conseguir la victoria—.

Escucha, en cuanto actives tu poder y yo intente hacerme con el control, nuestro escudo caerá.

En ese momento toda la arena y el calor nos golpearán con fuerza.

Con estas condiciones climáticas, no podrás aguantar demasiado antes de perder la consciencia. Necesitamos ser eficaces…

—Lo que necesitamos es no fallar —me respondió Aiden con firmeza—.

Dejaré algo de mi poder concentrado en mantener el escudo.

No podemos quedarnos indefensos ante un ataque.

El enemigo que notas es el más poderoso, pero si prestas atención, algo más lejos, hay otra fuerza.

Es más pequeña, seguramente no sea un buen rival, pero si nos quedamos sin defensas estaremos perdidos…

Una vez más, Aiden estaba un paso por delante de mí.

—Lo noto. ¿Entonces lo tienes claro? —le pregunté.

—Como el agua —me susurró Aiden—. Que, por cierto, me encantaría tener un poco a mano ahora mismo…

Ambos empezamos a andar a paso ligero. No corríamos, no podíamos permitirnos desperdiciar la energía. Unos minutos después, cuando estuvimos lo suficiente cerca, visualizamos unas ruinas. Estábamos llegando al centro del estadio.

—La energía viene del otro lado de las ruinas, vamos a tener que atravesarlas —susurró Aiden preocupado.

—Tiene pinta de ser una trampa. Creo que nos van a tender una emboscada —contesté intentando ver algo más allá.

Aunque llevábamos conteniendo el calor desde hacía rato, ya nos estaba empezando a pasar factura. Yo tenía los labios tan secos que, al pasar la lengua por ellos, notaba como empezaban a agrietarse y Aiden… Aiden parecía estar a punto de desmayarse.

—Seguramente lo sea, pero rodear las ruinas nos ralentizaría. Agotaríamos nuestras fuerzas antes de tiempo —anunció.

Los dos nos miramos unos instantes, valorando nuestras opciones. Finalmente asentí. Íbamos a ir directos a una trampa y lo sabíamos. Teníamos que intentar ser más listos que nuestros contrincantes y, con un poco de suerte, saldríamos victoriosos.

Empezamos a atravesar las ruinas en silencio. La tormenta de arena nos ayudaba a mantenernos ocultos y las pequeñas zonas de sombra nos daban un respiro ante el bochorno abrasante del desierto.

—Tengo muchísimo calor —susurró Aiden.

Me pasé la mano por la frente para secar las gotas de sudor que se formaban sin descanso.

—Puedo protegernos un poco más, pero nuestros rivales también se han acercado y nos detectarán con más facilidad. Siento sus energías a menos de doscientos metros —le avisé al ver el mal aspecto que tenía.

—Vamos, no te pares.

Seguimos avanzando entre las ruinas. Caminábamos en silencio, alerta. Una vez nos adentramos, intenté localizar de nuevo a nuestros rivales, sin éxito. Parecía que se habían esfumado.

Unos minutos después llegamos al centro de las ruinas.

Era un espacio amplio, con forma circular, rodeado de restos de columnas.

La tormenta de arena había empezado a remitir y apenas quedaba una ligera brisa.

Había algo que habíamos pasado por alto.

Tenía que haber algún detalle al que no prestamos atención, porque sentíamos que acabábamos de caer en la trampa.

—Rian, creo que…

Aiden no terminó la frase. En el momento en el que se giró para hablar conmigo, uno de los magos rivales cayó sobre él sin darle tiempo a reaccionar.

De repente, noté a través de nuestro vínculo que el aire de sus pulmones desapareció por completo.

Aiden se desplomó en el suelo a la vez que el contrario lo inmovilizaba con un hechizo básico y le golpeaba con el puño en la cara.

Reaccioné lo más rápido que pude y, juntando las manos, lancé al oponente lejos de Aiden.

—Gracias —me susurró incorporándose con cuidado mientras recuperaba el aliento.

—¿Estás bien? — le pregunté preocupado.

—Sí, sí, todo bien. —Aiden se llevó una mano a la nariz. Estaba sangrando.

—No cantéis victoria —nos gritó el mago al que acababa de alejar de Aiden—. No sé cómo podéis creer que un equipo tan patético como el vuestro puede ser rival para nosotros.

Noté a Aiden prepararse para luchar. Las otras veces, cuando tenía otros compañeros, me era imposible anticiparme a sus movimientos.

Necesitaba que se adaptaran a mi forma de combatir.

Con él todo era diferente. Notaba a la perfección lo que Aiden pensaba y quería hacer, cuál era su plan.

No necesitaba que él se adaptara a mí… yo podía adaptarme a él para sacar todo su potencial.

—¡Ahora! —gritó Aiden mientras juntaba las manos.

Antes de que nuestro rival pudiera reaccionar, ejecutamos el ataque combinado.

Durante los primeros segundos el otro mago lo bloqueó como pudo, apretando los dientes con fuerza, pero el ataque que le lanzamos era demasiado poderoso y el mago salió disparado contra una de las columnas, quedando inconsciente en el suelo.

Aiden jadeaba del esfuerzo. Debía de tener tanto calor que estaba empezando a balancearse ligeramente, como si no pudiera enfocar la vista con claridad.

Igual estaba empezando a ver borroso. Además, ese ataque había gastado gran parte de sus energías.

Lo notaba a la perfección. Y el sudor se le estaba metiendo en los ojos haciendo que le picaran y no paraba de frotarlos.

Se llevó las manos a las rodillas mientras recuperaba el aliento.

Por mi parte, no me encontraba en mejores condiciones. No había gastado tanta energía como Aiden, pero las simulaciones no hacían justicia a las horribles condiciones que estábamos soportando. En ese momento entendí a la perfección por qué nadie quería competir en mitad de un desierto.

—Oye, no podemos bajar la guardia ahora —le dije mirándole de arriba a abajo, evaluando su situación—. ¿Te encuentras bien? Tienes un aspecto horrible.

—Creo que voy a…