Victoria colateral (Victoria 1) CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

La firma

Q ue Aiden estaba totalmente obsesionado con los duelos le sorprendía a nadie, ni siquiera a sus nuevos amigos que lo conocían desde hacía escasas dos semanas.

Por este motivo, cuando salió en Twitter la noticia de que Kari Kaus iría a una librería de la zona a firmar su nuevo libro, Aiden no tuvo que realizar muchos esfuerzos para convencer a alguno de sus nuevos compañeros para que lo acompañaran.

Llegaron a la zona poco antes de las diez de la mañana y ya había gente haciendo cola fuera, como no podía ser de otra manera.

Kari Kaus se consideraba como la mejor duelista profesional en activo del momento.

Había saltado a la fama hacía algo más de tres años, al coronarse como campeona en el torneo individual nacional después de que su compañero, Doy Court, se lesionara de forma permanente en una competición anterior.

Desde aquel momento, Kaus había aprovechado sus días libres para dar conferencias por todo el país, cuyas entradas se agotaban a las pocas horas.

Victoria Colateral era el primer libro que publicaba y, después de la primera semana, ya iba por la tercera edición.

En él se relataba suexperiencia en el mundo de la competición, todas las lecciones que había ido aprendiendo a lo largo de los años y cómo tuvo que reinventarse y cambiar de modalidad para seguir combatiendo. Para perseguir sus sueños.

Aiden la llevaba siguiendo en redes sociales desde hacía algo más de tres años, cuando vio uno de sus posts virales de Instagram.

En él, contaba que no podría seguir participando en duelos con el que hasta entonces había sido su compañero y se abrió por completo ante sus seguidores.

Aiden se sintió tan identificado con ella que, desde entonces, quiso estar pendiente de todos sus pasos.

Después de todo ese tiempo, de verla llegar a la cima y hacerse con la victoria a pesar de las dificultades, para él era un sueño poder tener un ejemplar de su libro firmado.

—¿Podemos acercarnos un poco más? Van a abrir dentro de nada y me gustaría no quedarme fuera por falta de espacio —se preocupó Aiden.

—Si fueras un poco más alto no tendrías tantos problemas —se quejó Thiago con cara de aburrido.

A pesar de que su compañero de cuarto había estado protestando varias horas aquella mañana por tener que acompañarle, Aiden sabía que en el fondo deseaba estar allí. Si no fuera así, no le habría estado preguntando constantemente por los detalles de la firma.

—Thiago, no empieces —le recriminó Nadya enfadada—. Aiden, tú ni caso, ¿vale?

—Tiene razón. Si fuera un poco más alto es probable que se solucionasen la mitad de los problemas que tengo —contestó Aiden con aire distraído.

No tenía un complejo muy grande con su altura, pero confiaba plenamente que su genética le permitiese alcanzar el metro setenta con el paso de los años.

—Nah, tampoco te creas. Seguirías siendo tú y eso ya es bastante carga —dijo Thiago encogiéndose de hombros, caminando hacia la puerta de la librería.

Aiden negó con la cabeza. No le respondió nada antes de seguirle.

—Vamos —apremió Nadya tirando de Axel.

Unos minutos después, la dependienta de la librería abrió las puertas y poco a poco toda la gente que esperaba fuera fue entrando al local.

Era bastante más grande de lo que pensaron en un primer momento.

Por un lado, había una pequeña altura donde había dos sillas separadas por una mesa, donde la autora se sentaría para hacer la charla.

Enfrente, unas cuarenta sillas dispuestas en filas estaban a disposición de los más rápidos.

Por otro lado, las estanterías perfectamente ordenadas por géneros ocupaban el resto del local.

—Sentémonos antes de que nos quedemos sin sitio. —Axel señaló unos asientos que quedaban disponibles.

Al final no tuvieron más remedio que sentarse separados.

Nadya y Axel ocuparon las más alejadas del escenario, ya que ellos estaban allí por acompañar a Aiden.

Thiago se colocó en un lateral, al lado de Eire y unas amigas que también habían ido a la firma.

Aiden visualizó una de las pocas sillas libres que quedaban en segunda fila y se encaminó hacia ella.

Cuando estaba a menos de dos metros, un chico se adelantó y le robó el sitio.

—¡Eh! —protestó Aiden, frustrado, sin poder contenerse. En cuanto el chico lo miró, ambos se sorprendieron—. Rian, hola.

—¿Qué haces aquí? —preguntó sin mucho entusiasmo.

—Lo mismo que tú, supongo.

Aiden se fijó en la pequeña cicatriz que le había quedado en la ceja por su encuentro del otro día. Al final parecía que iba a ser algo permanente.

—¿Te vas a quedar ahí? Estás molestando a todo el mundo.

Era cierto. Aiden se encontraba de pie en la segunda fila, tapando la visión de las personas que se encontraban detrás. La única silla que quedaba libre estaba en la esquina del todo y, aunque no tendría muy buena visión, era mejor que quedarse de pie. Suspiró triste.

—Siéntate aquí —dijo un señor de mediana edad, cediéndole la silla contigua a la de Rian—. Yo he venido por mi hija y me puedo sentar en la esquina.

—No hace falta…

El hombre se levantó.

—Insisto. Además, así puedes comentar cualquier cosa con tu amigo. —Ladeó la cabeza hacia Rian—. Siéntate, anda.

Aiden le dio las gracias repetidas veces antes de sentarse al lado de su compañero, ligeramente incómodo. Aquel sitio era muy bueno, pero…

—No sé qué habré hecho mal en la vida para tener que aguantarte en absolutamente todos los lados —protestó éste unos segundos después.

—Igual si te resignaras sería más fácil.

—¿Resignarme? ¿A qué, exactamente? ¿A hacer el ridículo a tu lado?

Aiden suspiró. La misma conversación de siempre. Llevaban más de una semana siguiendo la misma dinámica. Debía de estar poniendo el cien por cien de sus esfuerzos para estar a la defensiva en todo momento.

—El año pasado ya lo hiciste tú solo. —Si su relación se iba a basar en un juego de tira y afloja, él no tenía ningún problema. También sabía jugar.

—No eres más imbécil porque no entrenas…

Ni Rian ni Aiden pudieron seguir discutiendo porque Kari Kaus apareció y todo el público estalló en aplausos. Después de un recibimiento por todo lo alto, Kaus hizo la presentación de su novela.

Durante las siguientes dos horas, Aiden no pudo apartar los ojos de ella.

No se perdió ni una de sus palabras, se rio con los chistes que hizo y se emocionó cuando a ella se le cayeron un par de lágrimas al hablar de las dificultades por las que había pasado.

Estaba claro que era un ejemplo a seguir.

En mitad del evento, Aiden desvió la mirada hacia Rian y lo vio absorto.

Sus ojos azules intentaban captar todo lo que estaba pasando, mientras se mordía el labio inferior, nervioso.

Incluso vio a su compañero esbozar una ligera sonrisa en más de una ocasión.

Aiden no pudo evitar pensar que no parecían tan diferentes.

Al final, a los dos los movía el mismo objetivo.

Cuando la charla terminó y comenzaron las firmas, la gente se fue acercando con su ejemplar.

Nadya y Axel se dirigieron hacia Aiden, que estaba sacando su libro de la mochila.

Lo había leído dos veces en aquellas tres semanas, pero lo cuidaba con tanto esmero que parecía nuevo.

Por el contrario, el ejemplar que Rian acababa de apoyar sobre su silla estaba totalmente marcado.

De los márgenes, sobresalían cientos de post-it de todos los colores, que parecían estar colocados de forma aleatoria.

Además, se podía apreciar que tenía varias esquinas dobladas, seguramente por ser capítulos especiales.

—¿Para qué usas los post-it? —preguntó Aiden, incapaz de mantener la curiosidad controlada.

Rian, como no podía ser de otra manera, lo fulminó con la mirada.

—No creo que sea de tu incumbencia.

Era cierto. No lo era. No obstante, quería saberlo.

—No creo que debas hablarle así —dijo Nadya de repente, dirigiéndose enfadada a Rian.

—¿Y quién eres tú para decirme lo que debo o no debo hacer?

—Soy su amiga.

—¿Y qué tendrá eso que ver?

—Pues todo. Si fueras un poco más agradable, sabrías lo que significa tener alguno.

Aquellas palabras salieron de los labios de Nadya como puñales.

Aiden abrió la boca, sorprendido, tanto de las palabras hirientes de su amiga como del efecto que habían tenido.

Los ojos de Rian mostraron completo estupor, convirtiendo su gesto era una mezcla de sorpresa y desagrado.

Apenas duró una décima de segundo, antes de recuperar su expresión seria habitual.

Aiden no supo reaccionar cuando lo vio darse media vuelta y abandonar la librería, sin decir nada ni mirar atrás.

—Joder, Nadya, igual te pasaste un poco —susurró Aiden, girándose para mirar a su amiga—. ¿Viste qué cara puso? Si se dejó su libro aquí y todo… —No pudo evitar percatarse de que el ejemplar todavía descansaba sobre la silla.

Nadya miró al suelo, ligeramente avergonzada.

—¿Fui muy dura?

—Bastante —contestó Axel.

—Quizás no debí decirle eso, pero no dije ninguna mentira.

Axel asintió, dándole la razón.

—Sí, aunque creo que él es perfectamente consciente de la situación en la que se encuentra. Que sea imbécil no justifica que tengamos que serlo nosotros también. Además, no deja de ser el compañero de Aiden. Al menos así es como lo veo yo —comentó poco convencido.

Aiden se pasó la mano por el pelo, incómodo. Recordaba perfectamente lo que era sentirse solo, sin amigos. Él había pasado por eso muchas veces, más de las que le gustaba admitir y aquella situación le había dejado con un nudo en el estómago.

—Mi amigo Lev comparte cuarto con él —soltó Thiago, que al parecer había estado escuchando la conversación desde un par de metros de distancia—.

Parece que tiene algún problema familiar porque discute mucho por teléfono.

Quieren que vuelva a casa y deje el equipo.

Por lo que me ha dicho, el tema de que en el Bhainn Daiocht está solo se lo sacan bastante a menudo para presionarlo.

Aiden se pasó las manos por el pantalón, intentando secarse el sudor de las manos. Aquella conversación le parecía tan personal que hasta se estaba empezando a encontrar mal.

—Bueno, vamos a conseguir un par de firmas—declaró.Agarró el libro de Rian con la mano y se acercó a Kari Kaus con los dos ejemplares.