CAPÍTULO 11
El Kettou
L oan cumplió su parte de la amenaza el resto de la semana. Todos los días estuvo esperando en la parte trasera del jardín a que llegaran Rian y Aiden al entrenamiento. Apenas se molestaba en dirigirles la palabra, quizás porque tampoco tuviera mucho que decirles.
Solo tenían que correr. En cuanto conseguía que los dos magos salieran en dirección a la colina, se centraba en el resto del equipo. Para ellos, no existía peor castigo.
Aquel día, en mitad del camino, Aiden se había tropezado, torciéndose un tobillo en el proceso.
Dejó a Rian seguir y él emprendió el camino de vuelta a la escuela.
Probablemente podría haber seguido, casi no se había hecho daño, pero le intrigaba saber qué estarían haciendo sus compañeros mientras tanto.
Cuando llegó, el entrenamiento del Kettou todavía no había terminado.
Decidió sentarse debajo de un árbol algo alejado para observarlos.
Thiago estaba practicando la concentración, haciendo levitar piedras de diferentes tamaños. Stella tenía un escudo desplegado, protegiéndolo y Eire no paraba de lanzarle hechizos de forma constante. Yuki por el contrario estaba entrenando cuerpo a cuerpo con Loan.
Aiden los miraba lleno de emoción. No había nada que le apeteciera más que entrenar y por desgracia no parecía que fuera a hacerlo por el momento.
Por este motivo, empezó a fijarse en los movimientos de sus compañeros.
Los ataques de Eire no eran muy potentes, pero eran certeros.
El escudo de Stella era fuerte y Aiden pensaba que le costaría echarlo abajo.
Y, aunque la concentración de Thiago no era increíble, seguía siendo mucho mejor que él.
Al rato, cuando Loan dio por finalizada la práctica del día, Yuki se acercó a él y se dejó caer a su lado. Apoyó la cabeza contra el árbol que tenía a la espalda, cerrando los ojos unos instantes.
—Te cansaste de correr —afirmó el chico.
—Bueno, más o menos. Podría decirse que sí —contestó Aiden, algo preocupado de que fuera a reprender por aquel hecho.
—¿Rian te lo ha puesto especialmente difícil hoy?
—No más de lo habitual —se limitó a decir con un encogimiento de hombros.
Lo cierto era que, la mayor parte del tiempo, Rian ni siquiera se molestaba en dirigirle la palabra.
—Bueno, algo es algo.
—Supongo…
Yuki se echó un poco hacia delante, rodeando las rodillas con los brazos, y lo miró directamente. Con aquella luz, sus ojos se veían un poco más verdes.
—¿Cómo te va todo? ¿Qué tal las clases? —le preguntó con curiosidad.
—Bueno, me estoy adaptando poco a poco, aunque está siendo difícil.
—Seguro que sí. Si necesitas que te eche una mano con cualquier cosa, sabes que me lo puedes pedir, ¿verdad? Y creo que hablo por todos los miembros del equipo. Bueno, casi todos —sonrió.
Aiden lo hizo de vuelta.
—Gracias. —Se lo pensó un rato sin saber si sería adecuado preguntar. Tras dudarlo, decidió arriesgarse—. Aceptaría algún consejo para tratar con Rian, si tienes…
Yuki suspiró y se pasó las manos por el pelo.
—Creo que sobre ese tema no puedo serte de ayuda. Quizás deberías hablar con Thiago. Imagino que sabes que formaron equipo durante un par de semanas. —Aiden asintió como respuesta—. Pues no hay mucho más que te pueda decir.
En aquel momento, Eire se acercó a donde estaban y se dejó caer sobre la hierba, justo en frente de Yuki.
—Me duelen los brazos —se quejó mientras se daba un pequeño masaje en la zona de los hombros—. Loan se está pasando con los ejercicios. Como el dúo principal se pasa los entrenamientos corriendo, sin hacer nada, se centra en nosotros. Prefería los entrenamientos de bajo nivel de la semana pasada.
—Si Loan hubiera llegado el otro día un segundo más tarde, el dúo principal habría llegado completamente a las manos. ¿Verdad, Aiden? —bromeó Yuki, levantando una ceja.
—No hace falta que me lo recuerdes. Yo llegué antes que vosotros y lo vi todo —se quejó Eire.
Aiden se tapó la cara con las manos. Estaba bastante avergonzado..
Siguieron hablando sobre otros temas durante quince minutos, hasta que empezó a anochecer y las temperaturas descendieron.
Después fueron hasta el comedor, donde se les unió Stella y los cuatro estuvieron hablando de todo.
Le explicaron a Aiden cómo habían sido las anteriores temporadas en el Kettou, las mejores asignaturas que había durante toda la escuela superior e, incluso, le ofrecieron una lista con las mejores comidas de la cafetería.
Al final, dejaron los temas académicos y se centraron en hablar de la música, las redes sociales y los videojuegos.
Cuando Aiden llegó a la habitación, era bastante tarde.
Todavía tenía pendientes un par de ejercicios de Física Mágica y tenía que empezar a redactar un trabajo sobre las plantas medicinales cultivadas en agua, de las cuales no tenía ni la más remota idea, por lo que se sentó en el escritorio e hizo un par de consultas por internet.
Thiago salió del baño unos minutos después.
—Vaya forma de escaquearse de los entrenamientos de hoy, ¿no? —comentó pasándose una toalla por el pelo, eliminando el exceso de humedad.
—Quería saber cómo entrenabais vosotros —se excusó inclinándose hacia atrás, poniendo la silla en equilibrio.
—Entrenamos como cualquier duelista —señaló Thiago. Aiden supuso que había puesto una cara rara porque lo miró extrañado—. ¿Qué pasa? ¿Nunca has estado en un equipo?
—Mmmm. —Se llevó el lápiz que tenía en la mano a los labios, dándose toquecitos de forma inconsciente—. Técnicamente, no. He entrenado de forma individual los últimos dos años y medio.
Thiago levantó las cejas, sorprendido.
—No tienes experiencia como duelista. —Parecía más una afirmación que una pregunta.
—Eso es —reconoció. Él mejor que nadie sabía cuáles eran sus debilidades. No le importaba reconocer en voz alta que estaba trabajando duro para mejorar.
Thiago soltó una risita.
—Ahora entiendo la actitud de la eminencia —comentó refiriéndose a Rian—. Si yo tuviera su talento, igual también me molestaría que me pusieran de compañero a un principiante.
—Al menos yo quiero ser su compañero.
—Eso lo dices ahora —sonrió dolido—. Te doy un mes. A ver si eres capaz de mantener esa afirmación.
Aiden no contestó y se volvió a centrar en sus ejercicios. No pensaba darse por vencido. Todos sus sueños estaban en juego.