Victoria colateral (Victoria 1) CAPÍTULO 7 #2
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CAPÍTULO 7 #2

—Y en cuanto a la sala… bueno, un mal día lo tenemos todos, ¿no?

Digamos que se perdieron un poco los papeles, por eso no te preocupes.

—Loan no estaba diciendo nombres, y aun así estaba seguro de que hablaba de Rian—.

Ya lo he hablado con el equipo y no volverá a pasar.

—Su gesto cansado dio paso a una sonrisa despreocupada—. No tienes por qué pensar en ello.

Aiden tuvo claro que le estaba quitando importancia delante de él.

Asintió, no muy convencido. Se despidió del entrenador y salió del despacho.

Al volver a pasar por la sala de entrenamientos, fue vagamente consciente de los sentimientos que debía de tener Rian en el momento en el que dejó que todo se destrozase a su alrededor.

Él solo había perdido el control una vez, cuando descubrió que tenía magia.

Si lo pensaba, todavía recordaba los golpes y la tristeza.

Esa sensación de impotencia, de frustración e inferioridad que le llevaba persiguiendo toda la vida.

Quizás ellos tenían más cosas en común de lo que pensaba aunque, sin saber bien por qué, no podía empatizar con él.

Rian tenía todo lo que Aiden siempre había querido: talento, magia y una oportunidad y a la vez parecía convencido en no aprovecharla y dejarla ir.

Cuando estaba de camino a su habitación, se cruzó con Nadya, que mostró una gran alegría al verlo.

—¡Aiden! Te estuve buscando en la hora de la comida, pero no te encontré. Thiago me dijo que decidiste saltarte todas tus obligaciones y echarte una siesta.

—Eso no es exactamente lo que pasó… —susurró Aiden contrariado.

—No te has perdido gran cosa. Voy a ir a cenar con un amigo, ¿te apetece unirte?

—Claro. Dejo estos papeles en la habitación y voy.

—Genial, te esperamos allí. —Se despidió con la mano—. Si no apareces en diez minutos entenderé que te has vuelto a dormir —bromeó.

Aiden resopló y fue corriendo hasta la habitación.

Nada más entrar dejó los horarios de los entrenamientos debajo de la cama.

Sabía que no era un sitio reglamentario, pero no quería que Thiago le pusiera problemas por un falso desorden.

Después, fue hasta el comedor donde buscó a Nadya.

Estaba sentada en una de las múltiples mesas con una persona más.

Aiden se acercó y se sentó en la silla en frente de ella.

—Hola, Aiden. Te presento a Axel. Va a primero, como nosotros —dijo Nadya.

Axel estaba sentado al lado de Nadya y miraba al recién llegado sin mucho entusiasmo.

Llevaba parte del pelo recogido con una goma en la parte alta de la cabeza, mientras que el resto le caía de forma desordenada hasta la barbilla.

Llevaba las puntas del pelo de color rubio en contraste con su color de pelo natural, castaño.

Tenía los ojos oscuros y triangulares y, cuando se puso de pie, Aiden se fijó en que era algo más bajo que él.

—¿Quieres algo de comer? Si me dices lo que te gusta puedo traértelo —se ofreció Axel.

—Te acompaño y elijo algo, que aún no sé qué opciones hay.

A diferencia de muchos de los alumnos, que ya se habían quitado el uniforme escolar y vestían de chándal, Axel todavía lo llevaba puesto. Llevaba la falda negra y la camisa blanca, remangada hasta los codos.

—Puedes elegir cualquier cosa que te llame la atención, la comida está bastante rica en general.

En la mesa del fondo tienes la carne y el pescado y en la otra todos los platos vegetarianos y veganos.

Fíjate en las etiquetas que te ponen los ingredientes.

Y si quieres otra cosa solo tienes que avisar a los cocineros —le explicó antes de acercarse a la barra donde esperaban sus bandejas.

Aiden no tardó demasiado en elegir lo que quería y volver a su mesa. Estaba acostumbrado a tener que prepararse la comida todas las noches y tenía ya maña para saber lo que le gustaba.

—¡Qué buena pinta, Aiden! Yo tomé eso mismo ayer y está riquísimo —dijo Nadya al ver su plato.

—Lo cierto es que huele bastante bien —confirmó Aiden.

—¿Qué tal tu primer día? ¿Emocionado?

—Sí, tengo ganas de empezar las clases mañana. —Clavó el tenedor en los macarrones.Su amiga estaba en lo cierto, estaban muy ricos.

—¿Ya hablaste con Loan?

Axel lo miró fijamente antes de preguntar.

—¿Conoces ya a tu compañero? —al ver que Aiden lo negaba, señaló con la cabeza a un punto situado a su espalda—. Es ese chico.

Se giró sin pensarlo y lo buscó con la mirada. No sabía cómo era físicamente, nadie se lo había descrito y, sin embargo, cuando lo vio supo que era él.

No podían ser más diferentes. Aiden tenía el pelo corto, castaño claro y los ojos de color miel, los labios gruesos y la nariz respingona.

Sus facciones eran suaves y tenía los mofletes redondeados, dándole un aspecto ligeramente infantil.

Rian, por el contrario, tenía el pelo negro, lo suficientemente largo para que le cayera sobre la frente sin control, los ojos azules, los labios finos y la nariz recta.

A simple vista, uno podría pensar que se llevaban un par de años de diferencia, pero, por lo que le habían dicho, solamente tenía un año más que él.

Caminaba solo por el pasillo, sin desviar la mirada del suelo. A pesar de su actitud, poseía un aura de poder sorprendente. Fue hasta el mostrador y pidió la cena para llevar.

Aiden no podía apartar los ojos de él. Tenía tantas preguntas sin respuesta que le resultaba extrañamente fascinante.

De repente, como si lo hubiera sentido, los ojos de ambos se encontraron.

La mirada de Rian era de pura indiferencia y parecía apagada, sin vida.

Se la sostuvo a Aiden hasta que la camarera lo llamó, indicándole que lo suyo estaba listo.

Después de cogerla, se encaminó hacia la salida y, antes de salir por la puerta, se dieron un último vistazo.

Aiden lo observó con curiosidad mientras salía del comedor.

Cuando volvió a centrarse en sus compañeros, se encontró a Axel mirándolo con una pequeña sonrisa en la cara.

—Tiene una energía muy peculiar. ¿Siempre es así?

—No has visto nada aún —respondió y Nadya sonrió, dándole la razón.

Durante el resto de la cena, Aiden no pudo evitar pensar en Rian y en su mirada perdida.