Chapter 31
Cuando terminé de leer el poema, levanté la vista y vi a los sirvientes secándose las lágrimas; era evidente que los había conmovido.
Sin embargo, Lady Sire sonreía de una forma perturbadora.
Su mirada no irradiaba la ternura que cabría esperar tras escuchar algo tan personal; más bien, su expresión era una mezcla de burla y desdén.
—Qué… dulzura, pequeño bardo. He de decir que esperaba más de ti como escritor —dijo, conteniendo una risa—. Seamos honestos, ¿de verdad crees que el «amor verdadero» existe?
Me quedé rígido. Me sorprendió que finalmente hubiera sacado a la luz ese lado cruel.
Su tono era agudo e hiriente, como si disfrutara contradiciéndome y criticándome.
Era evidente que había esperado este momento, deleitándose con cada palabra que salía de su boca.
Al ver que no fui capaz de contestarle, suspiró y volvió a dirigirse a mí.
—¿Damos un paseo por los jardines y seguimos hablando, pequeño bardo? —preguntó con su tono alegre habitual, mientras por fin ordenaba a los demás sirvientes que retiraran el cuerpo—. Estoy segura de que un poco de aire fresco te vendrá bien.