Chapter 11
Al terminar de recitar el poema, levanté la vista y observé a Caronte. Sus ojos estaban cerrados, como si estuviera saboreando cada palabra que acababa de escuchar. Tras unos instantes, abrió los ojos y me miró con una expresión serena y sabia.
—Es un poema poderoso, chico. Refleja muy bien la verdad de los recuerdos y las experiencias. —dijo en voz baja—. Como dices, los sedimentos del pasado pueden arañar y frenar nuestra marcha, pero también nos enseñan y nos fortalecen.
—Supongo que sí. —le contesté, sintiendo el peso de mis propios lastres emocionales—. A veces es difícil ver el lado positivo cuando estás estancado en esos sedimentos.
—Por eso es tan importante tener a alguien que te ayude a limpiar esos sedimentos, que repare y mejore tu mecanismo, como dices en tu poema. —Caronte me sonrió cálidamente—. Esa persona puede ser un amigo, un mentor, o incluso tú mismo. Lo importante es no dejar que te detengan.
Asentí, sintiendo una chispa de esperanza en mi interior. Las palabras de Caronte y la reflexión sobre mis propios poemas me estaban ayudando a ver mis recuerdos y experiencias desde una nueva perspectiva.
—Gracias, Caronte. —le sonreí con complicidad—. Me has dado mucho en qué pensar.
—Para eso estamos aquí, chico. —respondió mientras me devolvía la sonrisa—. Este viaje es tanto físico como emocional. Cada remada, cada poema, nos lleva un poco más cerca de descubrir quién eres realmente y cómo puedes seguir adelante.
Me quedé en silencio, contemplando las aguas que fluían a nuestro alrededor.
El ruido del río era un recordatorio constante de que, como el agua, la vida sigue su curso.
Sentí que había dado un pequeño paso hacia la comprensión y la aceptación de mi propio flujo.
Y eso, ya valía por completo la experiencia.
Era extraño… A pesar del pánico que me generaba intentar entender que estaba «medio muerto», sentía que este viaje me iba a cambiar la vida.
No tenía muy claro si para bien o para mal, pero tenía claro que un cambio se iba a producir en mí.
Seguimos avanzando en silencio, con el eco de mis poemas y las palabras de Caronte resonando en mi mente.
Me di cuenta de que estaba listo para seguir explorando mis recuerdos, mis sentimientos y, sobre todo, para abrazar a la persona en la que me estaba convirtiendo.
Incluso sabiendo el dolor que podría sufrir intentándolo.
Como le dije a Caronte, mi vida tampoco había sido sencilla.
Y aunque a veces desearía volver atrás en el tiempo para cambiar ciertos eventos canónicos, a día de hoy me había convencido que parte de quien soy es gracias a todo lo que he vivido. Tanto bueno, como malo.
Aún así, en mi interior, sentía que todavía quedaban cosas pendientes por resolver. Y si ese viaje era la solución para aliviar ese tormento interior, estaba preparado para lo que fuera a venir. Cueste lo que cueste.