Verdades Ocultas (Destino Sellado 1) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Galen

Han pasado meses desde la caída de Callon y, aun así, algunas noches sigo despertándome escuchando la voz de Khione.

Durante unos segundos, olvido que está muerta. Al abrir los ojos desearía no haberlo hecho, porque vuelvo a perderla.

El viento atraviesa los balcones de Eros mientras observo el amanecer junto a lo que queda del bosque de Munea.

Desde aquí puedo ver cómo ha avanzado parte de la reconstrucción. Everen que se mueven entre los restos de la Academia, intentando volver a la normalidad.

Aunque algunos días me parece algo imposible.

Mientras camino hacia el comedor, noto como todos parecen avanzar menos yo.

Sin Khione en mi vida todo se siente más vacío, y, sin poder evitarlo, aprieto los dedos alrededor de la taza caliente entre mis manos.

Bajo la mirada hacia la última cicatriz que me hice en el brazo y recuerdo sus manos curándome en aquella celda.

Hay heridas que no desaparecen aunque el cuerpo las sane.

Son de esas que a cada paso que das es como si te faltara el aire, pero aun así aprendes a vivir con ello .

Reconozco unas pisadas detrás de mí, y no necesito girarme para saber quién es.

Neal .

—No has dormido —dice una vez ha llegado a mi lado.

Sigo mirando la taza y el calor de ella empieza a disminuir, igual que todo últimamente.

—He dormido —respondo, aunque no suena convincente ni para mí.

Neal se acerca un poco más, lo suficiente como para que su sombra caiga sobre la mesa.

—No estás aquí —susurra y se sienta a mi lado.

Aprieto la mandíbula porque sé que tiene razón. Desde que ella no está, me limito a existir. No la nombra, pero no hace falta hacerlo.

—Lo estoy intentando —digo al final.

Odio lo débil que suena. Debería poder pensar en ella sin derrumbarme, pero no lo consigo.

Sus ojos se quedan fijos en mi brazo más de lo necesario. En la cicatriz.

Me negué a curarla porque una parte de mí creía que si no lo hacía tal vez ella volvería para sanarme.

—¿Y qué quieres que haga? —Levanto la vista por primera vez desde que ha llegado.

El silencio nos rodea y se vuelve pesado.

No hay enfado ni juicios, sólo comprensión, porque yo no he sido el único que la ha perdido.

—No quiero que la olvides, ni mucho menos. —Su mano se sitúa encima de mi muñeca—. Pero tampoco quiero que te conviertas en lo que has estado siendo estos últimos meses .

El viento ruge con fuerza contra los ventanales del comedor como si quisiera decirme algo.

Todo a mi alrededor avanza. Munea sigue ahí, Eros está casi reconstruido y en cambio para mí, todo parece un escenario incompleto.

Vuelvo a centrar mi vista en mis dedos jugueteando con la taza.

—A veces la siento cerca —susurro tan bajo que no sé si me ha escuchado—. Es como si ella estuviera conmigo…

Me detengo negando varias veces con la cabeza. Neal no me interrumpe, solo espera.

Y mientras ese silencio nos rodea, casi puedo oírla reír. Justo como si estuviera detrás de mí. Trago saliva y hago un gran esfuerzo por no girarme. Porque sé que no estará aunque mi mente siga buscándola.

Entonces Neal se levanta.

—Hoy nos necesitan en el invernadero.

No es una sugerencia. Es una forma de mantenerte anclado aquí, a Eros y a la vida.

—Galen. —Se detiene un segundo antes de irse—. Ella no querría que estuvieras así.

—Tres años —digo de golpe y detiene sus pasos.

Me quedo mirando la taza fría como si pudiera encontrar en ella una versión distinta de mí mismo. Una que no estuviera rota en capas, porque hay cosas que no se dicen en voz alta hasta que no caben dentro.

Y él se merece saber la verdad.

—Cuando llegué aquí… —empiezo y mi amigo se sienta a mi lado, nuevamente—. Al principio solo era aprender, informar y seguir con mi misión.

El recuerdo de todo lo que pasé antes de venir llega como una oleada de sensaciones: órdenes, entrenamientos, sangre y silencio impuesto.

Algo que yo nunca pedí, pero había aprendido a vivir con ello.

Después de la muerte de Khione tuve cosas que explicarle a Neal pero no llegué a contarle esta parte.

—Ryo me decía que el mundo no perdona a los que dudan. Que si no lo obedecía, no duraría mucho en este mundo. —Hago una pausa—. Yo le creí. Era muy pequeño como para cuestionarlo. Él me salvó y me crió, se lo debía todo.

Neal me mira en silencio, con una atención absoluta. No hay juicio en sus ojos, solo la espera paciente de quien sabe que estoy a punto de confesarle parte de mi pasado. De todo lo que he mantenido guardado en mi interior hasta ahora.

—Entonces os conocí a vosotros. Y fue raro —admito, con una risa sin una pizca de humor—. Porque no erais como pensaba, como él me había hecho creer que eran todos los everen. Es lo que tiene criarse solo.

Las palabras salen más rápido de lo que pretendo, sintiendo un poco menos de opresión en el pecho.

—Micah hablaba mucho y era demasiado bueno con todos. Y tú… tú hacías preguntas que no tenían respuesta, pero aun así, nunca me juzgaste.

Suspiro y aparto la taza de mis manos .

—Y sin darme cuenta me uní a vosotros. —Mi mirada baja de nuevo a la cicatriz y la acaricio—. Por primera vez estaba viviendo mi vida. No la que me habían enseñado, la que yo había elegido.

Y entonces llegó ella.

Mis pulsaciones se disparan al volver a sentir lo mismo que el día que me curo en la enfermería.

—Justo cuando iba a marcharme de Eros a hacer un informe más detallado a Ryo apareció Khione.

Se me forma un nudo en la garganta y pese a que lo he conseguido decir en voz alta sigue doliendo de la misma forma.

—La maldita misión… —Siento como las lágrimas se me acumulan pero las retengo inhalando una bocada de aire antes de continuar—. Él me mandó a buscarla por toda Theyra y venir a Eros era una cosa pasajera. Después de tres años mintiendo a Ryo, diciéndole que no daba con ella, apareció.

Neal coloca su mano sobre mi brazo y pese a que pasan unos segundos en el que ninguno dice nada, no me suelta.

Su mano sigue ahí. Anclándome.

El comedor empieza a llenarse poco a poco de iniciados y profesores, pero el ruido llega amortiguado, como si perteneciera a otro lugar.

Tras un largo silencio en el que Neal no se aparta de mi lado, decido continuar:

—Callon mató a mis padres y a la familia de Ryo.

—Mis ojos conectan con los suyos y puedo ver asombro en ellos—.

Ellos estaban metidos en la Facción Escarlata antes de que fuera lo que es ahora.

Allí, mis padres experimentaron conmigo, aunque no tengo recuerdos de eso.

Y cuando Ryo me acogió con apenas un año, ya tenía los dos dones.

Cosa que es muy raro para un everen tan pequeño.

Las palabras caen más pesadas de lo que esperaba, y mi amigo presta atención sin ninguna intención de interrumpirme.

—Me inculcó desde pequeño que para vengar a mis padres la única forma era a través de Khio…

—No consigo terminar de pronunciar, pero continúo—.

O de Kohen. Uno de ellos pagaría por los actos de Callon, pero tenía que llevarlos ante él para así hacer sufrir a su madre, a través de los mellizos.

Al principio era buscar a cualquiera de los dos, pero yo nunca los había visto juntos, solo a ella y a escondidas.

Respiro hondo y cierro los ojos cuando la imagen de su cara aparece ante mí. Al abrirlos desaparece de nuevo.

—Ella era la que más se dejaba ver, a Kohen ni siquiera le había llegado a poner cara.

Pensaba que ambos tenían el pelo blanco, pero eran exactamente al contrario.

Por eso me costó dar con ellos cuando empecé con esta misión —suelto a toda velocidad y mis manos empiezan a temblar. Cierro los puños con fuerza.

—Cuando la vi, su perfil me encajó. Más todavía al ver cómo se llamaba, porque Micah nunca pronunció su nombre. Siempre se refería a ella como mi hermanita.

Sin esperarlo Neal me abraza y yo me derrumbo en sus brazos.

—Me enamoré de ella porque era todo lo contrario a lo que me había imaginado.

Era valiente; incluso aunque le doliera curarnos, lo hacía sin vacilar ni un segundo —digo al fin, sintiendo cómo mi cuerpo pesa un poco menos que esta mañana—.

Al principio me dejé llevar por el odio ciego que Ryo me había inculcado, pero cuanto más seguía con mi misión, más perdía el control de mis sentimientos.

Es como si algo dentro de mí hubiera estado esperándola para dejar de obedecer a todo lo demás.

« Nadie más que yo te querrá, Galen. Debes tenerlo presente en todo momento ».

Las palabras de Ryo resuenan en mi cabeza como un eco lejano.

Cuando por fin me quedo en silencio, esperando a que mi amigo diga algo, se separa un poco y me sujeta por los hombros, obligándome a mirarlo.

—Sea lo que sea, sabes que no pienso dejarte solo. Todos tenemos un pasado, pero lo único que a mí me importa es el presente —dice él, y yo asiento, sintiéndome al fin liberado—. Todos merecemos una segunda oportunidad, Galen —añade, y yo asiento porque no soy capaz de decir ninguna palabra más.

*   *   *

Llevo un buen rato mirando el techo de mi habitación y ya no tengo ganas de seguir aquí.

Me levanto y abandono la zona de los dormitorios sin pensar demasiado hacia dónde me dirijo. Sin embargo, mi subconsciente sí que sabe a dónde quiero ir.

Mis pasos me llevan hasta la zona donde descansan los leorus. Reconozco a Icarus incluso antes de verlo por completo.

Kaia está junto a él, ofreciéndole comida con una paciencia que sólo ella parece tener.

El animal acepta lo que le da, aunque no tarda en levantar la cabeza al percibir mi presencia.

Sus ojos ambarinos se clavan en mí .

—Hola —murmura Kaia, cuando estoy a su lado.

—¿Cómo está? —Le devuelvo el saludo con un asentimiento.

Ella acaricia el cuello del leorus.

—Depende del día —dice, y sus ojos marrones voltean hacia mí—. ¿Y tú? ¿Cómo estás?

—Igual que Icarus, depende del día. —Me sale una sonrisa amarga y no hace falta que diga nada más.

Kaia termina de darle la zanahoria y sin previo aviso me abraza. Tardo un poco en asimilarlo y saco los brazos de los bolsillos, devolviéndoselo.

Ambos nos quedamos así hasta que Icarus emite un sonido grave y baja ligeramente la cabeza.

—Creo que quiere estar contigo —añade en voz baja y creo que lo dice más para mí que para él.

Porque últimamente cuando mi mente colapsa, acabo viniendo aquí.

Un nudo se forma en mi garganta y Kaia aguarda unos segundos antes de separarse.

—Tengo que irme. Si me necesitas a mí, o a Neal, estaremos en la biblioteca.

Asiento y cuando se aleja, me quedo solo con él. Solo con mis propios pensamientos.

Durante unos instantes ninguno de los dos se mueve. Entonces Icarus se acerca y apoya la cabeza contra mi hombro, restregándose suavemente.

Cierro los ojos.

Recuerdo a Micah riéndose mientras intentaba apartarlo cuando se ponía pesado .

Recuerdo a Khione sonriendo en los entrenos con Kaia.

Recuerdo demasiadas cosas y no tengo la suficiente fuerza para revivirlos sin derrumbarme.

Apoyo una mano sobre el cuello del leorus y dejo escapar el aire lentamente.

—Yo también los echo de menos.

Icarus emite un sonido bajo como si entendiera cada palabra.

Permanezco allí un rato más, sintiendo su peso apoyado contra mí. Por extraño que parezca, es lo más cerca que he estado de ellos en meses.

Y por primera vez en meses, el dolor no parece querer devorarme por completo.

Tal vez porque siguen aquí.

En los recuerdos.

En los everen que dejaron atrás.

En todo lo que construyeron.

—No se sana olvidando… —susurro mientras una lágrima recorre mi rostro—. Se sana recordando sin romperse.