Verdades Ocultas (Destino Sellado 1)
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Prólogo
Los primeros rayos del sol se cuelan a través de la ventana.
Me incorporo con brusquedad y comienzo a dar vueltas por la habitación, incapaz de quedarme quieta. Tropiezo con mis propios pasos, desorientada. La madera cruje bajo mis pies descalzos, y siento algo húmedo y pegajoso adherirse a mi piel.
Bajo la mirada hacia el charco de sangre que cubre parte de la sala. El olor a metal inunda la habitación y mis manos tiemblan de manera incontrolable. No puedo apartar la vista del cuerpo que yace frente a mí, inerte.
Mi madre.
Sus facciones empiezan a desfigurarse.
Con el corazón acelerado, todo empieza a volverse difuso. Es entonces cuando vuelvo a enfocar la vista y descubro que no es ella quien está en el suelo, sino yo misma.
Soy yo quien descansa fría sobre el suelo, con los labios morados y la mirada perdida. Vacía .
Una presión insoportable me oprime el pecho, y todo se nubla a mi alrededor por las lágrimas que caen sin control por mi rostro. Me arrodillo y gateo hasta llegar al cuerpo. Lo sacudo con desesperación, obligándolo a moverse. A respirar.
—¡Despierta! —mi voz se desgarra, mi garganta arde, pero sigo gritando—. ¡Levántate, por favor!
Aunque reconozco ese rostro como el mío, sé con certeza que pertenece a mi madre y no quiero alejarme de ella.
De pronto, unos brazos fuertes tiran de mí hacia atrás, arrancándome de su lado. Me resisto para no separarme de ella, y me aferro al suelo resbaladizo con tanta fuerza que dejo un rastro de sangre por donde pasan mis dedos.
—¡No! —mi grito rasga la habitación con tanta violencia que me deja sin aire.
El forcejeo se alarga de una forma interminable y cada segundo que me alejo siento que la pierdo más.
La fuerza me abandona, mis brazos se vuelven pesados y mi respiración se reduce a jadeos cortos.
Al final, cedo, dejándome arrastrar hacia atrás con la vista fija en ella.
Ojalá pudiera acercarme y tocarla, devolverle el brillo en los ojos, la vida.
Pero en el fondo sé que eso nunca será posible.