Capítulo 39
Sol
—¿Lo tenemos todo? —le preguntó Luke cuando subieron al coche para que Divya los llevara al aeropuerto.
—Por fin lo tenemos todo —dijo Sol.
Su maleta había llegado al hotel veinte minutos antes de dejar la habitación y poner rumbo a LAX.
—¿Tienes ganas de volver a casa? —le preguntó Sol.
—No te lo puedes ni imaginar —dijo Luke con entusiasmo.
Tanto Divya como Sol se echaron a reír.
—Créeme, mate , lo sabemos.
—Aunque puede que me haya acostumbrado a que todo el mundo encuentre mi acento irresistible aquí —bromeó Luke—. Echaré de menos eso.
Sol puso los ojos en blanco.
—¡Por favor, como si la gente no te encontrara irresistible en Londres!
—Exacto —asintió Divya—. Sol sabe de lo que habla.
—¿Y seguro que estarás bien aquí? —le preguntó Luke a Divya por enésima vez, ignorando la broma.
—Moon llega esta noche. Y para hoy tengo un día lleno de actividades que Sol me ha ayudado a planear —le despachó Divya.
—Va a ir a entrenar al Gold’s Gym y luego conducirá por Mulholland Drive —dijo Sol.
—Sudar y conducir —replicó Luke—. Muy de Los Ángeles.
—Esa era la intención. Y estaré de vuelta en Londres en un par de días, así que no os dará tiempo ni de echarme de menos —continuó Divya. Sonaba a promesa.
—Estoy seguro de que te echaré de menos igual —dijo Luke—. Pero vuelve, por favor. No han parado de llamarnos para casos nuevos y parece que vamos a estar ocupados.
Divya los dejó en el aeropuerto media hora después. Se despidió de Luke y Sol con un abrazo y siguió su camino.
—Estará bien —le dijo Sol a Luke, que seguía con la mirada el coche de Divya mientras se alejaba de la terminal de salidas de LAX.
—Eso es lo que me preocupa —bromeó él.
—Venga, London Guy, vamos a casa —dijo Sol, cogiéndole de la mano mientras entraban en la terminal.
—Ahora que mencionas lo de casa, nunca hemos hablado de cómo nos vamos a organizar para vivir juntos —dijo Luke mientras hacían cola para facturar la maleta recién recuperada de Sol—. Eres consciente que esta propuesta tuya implica que vas a tener que pasar las Navidades conmigo.
—Soy perfectamente consciente y tengo muchas ganas.
Era verdad.
—Entonces, ¿cuál es el plan?
—Estoy dispuesta a que busquemos un sitio juntos al norte del Támesis si quieres —dijo Sol, girándose para buscar los ojos castaños de él—. O puedes venirte a Roupell Street.
—A tu casa —dijo Luke, con cautela.
—Hagamos que sea nuestra casa —dijo Sol.
—La idea de ponerme a buscar un sitio donde vivir en Londres me atrae tanto como que me saquen una muela —admitió Luke.
—O como cortarme con mil folios de papel —asintió Sol—. ¿Entonces nos quedamos en nuestra casa de Roupell Street?
—Te voy a pagar un alquiler —dijo Luke.
—La casa está pagada. No hay alquiler. Podemos compartir los otros gastos, pero viene bien ahorrar un poco, ¿no?
—¿Sabes que he andado un poco justo de dinero?
—¡Me lo dijiste! Así que sí. Yo también sé prestar atención y escuchar. Admitiré que la mitad del tiempo no tengo ni puta idea de nada. Pero me importas, Luca. No, te quiero. Así que sí, presto atención cuando se trata de ti. Probablemente sólo cuando se trata de ti, la verdad.
—En las últimas dos semanas has conseguido que me guste estar en Los Ángeles y ahora estoy aceptando vivir al sur del Támesis. —Luke suspiró—. Sol Novo, espero que te des cuenta de que soy un hombre nuevo.
—Oh, sé que he salido ganando con el cambio —dijo ella, pinchándole.
Él sonrió con arrogancia.
—No había mucho que mejorar.
—Soy perfectamente consciente —concedió ella—. Aun así, he salido ganando.
—Siguiente, por favor. Señorita —el empleado de la compañía aérea llamó a Sol cuando ella y Luke estaban al principio de la cola de facturación.
—¿Señorita, en serio? —protestó Sol—. ¡Tengo cuarenta y tres años!
···
—¿Nos has pasado a primera clase? —le preguntó Luke con suspicacia mientras embarcaban en el avión con destino a London Heathrow.
—Tengo un montón de millas —explicó ella—. Ha sido fácil y estaremos más cómodos.
—¿Quieres decir que podrás dormir todavía más? —preguntó él.
—Con un poco de suerte... —dijo Sol—. Tú también deberías intentar descansar.
—¡Si es casi mediodía! —se quejó él.
—Lo creas o no, tu cuerpo necesita volver al horario de Londres —dijo Sol—. ¿Deberíamos negociar las interacciones durante el vuelo ahora?
—¿A qué te refieres? —dijo Luke, sin saber a qué se refería.
—He traído una novela de vampiros de Ali Hazelwood que me va a tener entretenida. Y voy a intentar dormir todo lo posible porque, si no, los vuelos se hacen insoportablemente largos y no sé qué hacer conmigo misma.
Luke arqueó las cejas.
—¡Pensaba que te gustaba volar!
—¿Qué? ¡Claro que no me gusta volar! Se está apretujado. Huele mal. Te quedas tirado en ciudades aleatorias que no sabrías situar en un mapa. O peor, ¡te pierden la maleta! —Sol resopló—. Me encanta viajar, normalmente, una vez que la parte de volar ha terminado.
—Y si no te echan del hotel —añadió Luke.
—Tú sí que me entiendes. —Ella sonrió—. Entonces, ¿quieres que esta vez no esté completamente aislada todo el tiempo que esté despierta? Lo siento, si no fui mucha compañía de camino aquí. Hacía siglos que no viajaba con alguien que me gustara.
—Me gustaría que viéramos Anyone but You a la vez —dijo Luke.
—Una comedia romántica, ¿eh? —dijo Sol, arqueando una ceja.
—Ya sabes que me gusta el romance cuando viajamos juntos.
Alguien detrás de ellos soltó un suspiro dramático.
—La temporada de premios más pesada de la historia.
Cuando se giraron, vieron a la cineasta Greta Gerwig sentada en la fila de atrás, sumergida en una conversación telefónica.
—No podría estar más de acuerdo —dijo Sol, lanzándole una mirada de reojo a Luke mientras se acercaba a él—. Pero hemos sabido aprovecharla, ¿no?
Gracias por leer Venenosamente tuyo .