Capítulo 24 #2
—¿Qué? ¿Crees que yo soy el que puso el cianuro en su comida? —El acento de Victor sonaba de nuevo neoyorquino.
—¿Qué te hace pensar algo así? —Luke fingió ignorancia—. Solo me preguntaba si viste algo inusual durante la fiesta o a alguien acercándose a la comida de Travis.
—Como ya he mencionado, no recuerdo mucho de esa noche.
Conveniente. Además, eso no era exactamente lo que Victor Lago había dicho no recordar cuando habían empezado a hablar, pero Luke todavía quería preguntar por algo más. Por alguien más.
—¿Y estás seguro de que no sabes quién es Simon Smith?
—El nombre me suena. —Victor señaló hacia arriba, haciendo un movimiento circular con el dedo—. Pero nada más que eso.
—También hablamos de él durante la entrevista —le dijo Sol.
—Lo único que recuerdo de nuestra entrevista es a ti, querida. —Victor estaba incomodando claramente a Sol. Luke siempre se había considerado paciente y calmado, pero el director lo estaba irritando hasta el límite.
—¿Así que no conoces al hombre que escribió la crítica que destruyó tu película? —dijo Luke y, de nuevo, sabía que estaba enfocando la conversación de forma equivocada. Y, sin embargo, no podía evitar enfrentarse a Victor Lago.
—Mi película no está destruida —dijo Victor. Sus palabras sonaban hostiles y Luke sintió la emoción de la victoria. Finalmente había logrado exasperar al cineasta tanto como Victor Lago lo estaba exasperando a él.
—Lo que Luke quería decir es que Simon Smith era uno de los pocos periodistas que tuvo acceso a Haughty Horizons cuando nadie más lo tenía —dijo Sol.
—Como estoy seguro de haber mencionado antes, el equipo de relaciones públicas se encarga de ese tipo de cosas —dijo Victor, como si promocionar una película fuera un negocio sucio por debajo de su nivel—. Pero tal vez deberíais hablar con Claudia.
—¿Claudia? —dijo Sol.
—Claudia Hopkins. Creo que hizo algo de consultoría de medios externa para la película.
Asesoró al equipo sobre cómo promocionarla.
No es que tuviera ningún resultado positivo.
—Victor soltó una carcajada—. Si me disculpáis, mi copa está vacía, necesito que me la rellenen.
Y estoy realmente aburrido de esta conversación.
Dicho esto, hizo gestos exagerados para llamar la atención del camarero.
···
—Ese hombre es un mentiroso consumado —le dijo Sol a Luke diez minutos después, cuando ambos estaban cómodamente sentados en una zona más apartada del Roosevelt, repasando todo lo que Victor Lago les había dicho—.
Fingió que no sabía nada sobre cosas de las que ya le había hablado o preguntado en nuestra entrevista. Me dijo que nunca olvidaba una cara.
—O te estaba mintiendo a ti entonces o me estaba mintiendo a mí ahora. Pero claramente le estaba mintiendo a alguien —dijo Luke—. Abbie dijo que odiaba a Simon Smith. Sin embargo, ha fingido indiferencia e incluso ignorancia cuando ambos hemos preguntado por el crítico.
—¿Crees que lo hizo él? —le preguntó Sol—. ¿Todo?
—Creo que no me gusta ni un pelo.
—Ya, pero ¿es porque es un asesino potencial o porque no te ha hecho gracia cómo me ha mirado?
—Ambas cosas —declaró Luke.
—Tengo que decir que nunca me ha ido el rollo del alfa posesivo —dijo Sol, moviendo la mano en un amplio círculo frente al pecho de él—, pero en cierto modo —quizá— me está excitando un poco.
—¿Un poco? —Luke arqueó una de sus cejas.
—Bastante.
Sus labios se entreabrieron y ella se inclinó hacia él. Sus ojos estaban llenos de deseo. Y aquel habría sido el momento perfecto y casi el lugar perfecto para un beso.
Pero no lo fue.
—Mirad qué bien estáis, tan a gusto en un rincón privado. ¿Interrumpo algo? —La voz de Claudia llenó el espacio.
Esta maldita ciudad. Ni un puñetero momento a solas.
—En realidad no —dijo Sol, aunque él podía ver que ella estaba tan decepcionada como él—. De hecho, queríamos hablar contigo.
—¿Ah, sí? —dijo Claudia—. Yo habría dicho que me habéis estado evitando durante la última semana, ¿y ahora tú —y el galán— queréis hablar conmigo?
—Solo queríamos preguntarte sobre algo que mencionó Victor Lago —empezó Sol con cautela—. ¿Dijo que aconsejaste a Simon Smith para que hiciera la crítica de Haughty Horizons ? ¿Y que hiciste algo de consultoría de medios externa para la película?
Las facciones complacientes de Claudia flaquearon por el más breve de los instantes, pero la editora recuperó su fachada de manera eficiente.
—Sabes tan bien como yo que eso sería un conflicto de intereses, ya que mi empleo como editora ejecutiva en Performance Weekly me impide recibir pagos de los estudios de cine. Mi objetividad como periodista podría verse comprometida —dijo Claudia.
—Como periodista veterana y mujer inteligente y mayor que soy, también sé que esta ciudad es jodidamente cara y algunos trabajos de consultoría pagan bien —dijo Sol, sin que una actitud agradable abandonara en ningún momento su semblante.
—Puedo confiar en que seréis discretos —continuó Claudia.
—Sabes que lo soy —dijo Sol.
Parecía que se estaban entendiendo y Luke se dio cuenta una vez más de cuánto lo ayudaba Sol cada vez que se involucraba en un caso, interpretando el mundo del espectáculo para él. No obstante, seguía sin querer que se viera enredada.
—¡Oh, qué más da! —Claudia finalmente se dio por vencida y su actitud se relajó.
Hizo que Sol y Luke se hicieran a un lado y se sentó junto a ellos—.
Sabía que debería haber dicho que no, pero ¿puedes culparme?
¡Hay rumores constantes de recortes de plantilla y no puedo estar segura de si tendré trabajo la semana que viene!
Así que decidí hacerme un colchón un poco más cómodo sobre el que caer, por si acaso.
Vi Haughty Horizons , me di cuenta de que era un tostón que solo iba a atraer a un tipo muy molesto de hombre heterosexual que se cree intelectual y aconsejé enseñársela exactamente a ese tipo de periodista. Incluso les hice una lista.
—Estoy segura de que no fue una lista muy difícil de hacer —dijo Sol, con una sonrisa asomando a sus labios.
—No lo fue. Y sí, Simon “creo que las películas de Sofia Coppola son solo para mujeres” Smith estaba en lo más alto.
—¿Te importaría compartir la lista con nosotros? —le preguntó Luke a la editora.
—Si prometéis discreción y solo porque realmente no puedo decirle que no a alguien tan guapo como tú —dijo Claudia.
—No diremos ni una palabra, pero Claudia, tal vez deberías hablar con Victor Lago. Está borracho y no parece tan entregado al secretismo como nosotros —dijo Sol.
—¡Uf! —Claudia suspiró—. Dejadme ir a hablar con ese puñetero sabelotodo arrogante.
—¿Tuviste suerte? ¿Conseguiste a Ryan Gosling? —preguntó Luke antes de que Claudia se fuera. Tenía curiosidad genuina.
—Lo conseguí. Y ni siquiera Victor Lago va a arruinar mi subidón —dijo Claudia con la más triunfante de las sonrisas.
—¿Crees que nos ha dicho la verdad? —preguntó Luke mientras Claudia regresaba al vestíbulo del Roosevelt en busca de Victor Lago.
—Creo que si estaba irritable, podría ser porque sabe que esta información la hace vulnerable ante su empresa —dijo Sol—. ¿Tiene sentido ella como la envenenadora/asesina?
—No veo un móvil —admitió Luke—. Pero este caso se vuelve cada vez más complicado. No me gusta cuando las cosas no tienen sentido.
—Estaría de acuerdo contigo sobre la falta de móvil, pero necesito contarte algo que puede sumarse al montón de cosas que siguen complicando tu caso...
y tal vez arrojar algo de luz sobre ese móvil.
—¿Por qué sonaba como si las cosas estuvieran a punto de torcerse?
— No te he contado esto antes porque, sinceramente, no hemos tenido tiempo a solas para hablar.
No surgió la ocasión. Así que no te enfades todavía más conmigo.
—No estoy enfadado —dijo él, pero en cierto modo sonaba como si lo estuviera.
—El día que estuve hablando con Jason y Emily sobre Simon, cuando me fui, Emily me dio el manuscrito de Simon —dijo Sol.
¡Tiene el libro escrito por una de las personas cuya desaparición estoy investigando y se le ocurre decírmelo ahora!
—Ya veo —dijo él y pensó que estaba haciendo un excelente trabajo al no perder los estribos y no sonar exasperado, que era exactamente lo que estaba—. ¿Y?
—¡¿Cómo que “y”?! —Estaba claro que, si él estaba haciendo un esfuerzo por no escalar esa conversación y no seguir enfadado con ella, ella no le estaba devolviendo la misma cortesía.
—Lo siento. ¿Hay algo en el libro? —preguntó Luke, intentando sonar lo más civilizado posible dadas las circunstancias.
—Solo le he echado un vistazo por encima, pero Simon habla de Claudia en el libro y de sus hábitos menos éticos.
—¿Como hacer trabajos de consultoría para estudios aunque no deba?
—Sí. Si eso sale a la luz, no solo podría perder su trabajo, sino que su reputación como editora quedaría arruinada —explicó Sol.
Claudia Hopkins de repente no era solo una editora extremadamente exasperante con la capacidad de importunar siempre a Luke, sino que también tenía un motivo para querer la desaparición de Simon Smith.
—¿Alguna otra cosa que quieras compartir? —preguntó Luke.
—¡Todavía no he tenido tiempo de terminarlo!
—Claro —dijo él y sonó furioso, aunque no quisiera.
—Supongo que ahí se fueron nuestras dos horas completas de no estar a la que salta.
—¿Por qué no hacemos que sean tres horas de tregua mientras conducimos hasta Los Feliz? Y podemos volver a discutir una vez que estemos de nuevo en la incomodidad de nuestro viejo amigo, el colchón hinchable —dijo Luke. Esta vez sí sonó tan conciliador como intentaba ser.
—El problema es que allí no discutimos —dijo Sol, con tono derrotado—. Simplemente echamos humo el uno contra el otro en una frustración silenciosa. Además, ¡conducir de vuelta a Los Feliz debería ser rápido desde aquí, no una hora entera!
—Ya te gustaría, cara , ya te gustaría.