Capítulo 19 #2
—Más bien media docena entre una asistenta, dos limpiadores, una chef, una entrenadora y un jardinero —dijo el detective Owens.
—¿Y estaban todos en la casa? —preguntó Luke.
—Vamos, vamos, señor Contadino. Eso tendrá que averiguarlo usted. No puedo contárselo todo, ¿verdad? No cuando aún no ha cumplido su parte del trato. Quid pro quo .
—No es un trato —intervino Luke. El detective Owens le estaba sacando de quicio.
—¿Qué hacía usted en casa del señor Zit, señora Novo? —preguntó el detective Owens.
—Fui allí de parte de mi editora en Londres. Está preocupada por la desaparición de Simon Smith. Jason era el editor de Simon.
Luke temió que el policía se diera cuenta entonces de que Sol era la mujer que estaba en el edificio de apartamentos de Simon Smith unos días antes. Pero no lo hizo y Luke no sabía qué pensar al respecto. No decía mucho de la capacidad de investigación del hombre.
—¿Le ofreció el señor Zit alguna información útil?
—No mucha. Pensaba que Julie, mi editora, estaba exagerando y que Simon probablemente estaría bebiendo en algún bar.
—¿Era... es el señor Smith un bebedor empedernido? —preguntó el detective Owens—. Verá, también tengo el encargo de encontrar a ese otro compañero suyo.
—Emily dio a entender que bebía como cualquier otro periodista —Sol se encogió de hombros con las palmas hacia arriba.
—¿Lo cual, en su experiencia profesional, significa...?
—Desde ser capaz de aguantar el alcohol excepcionalmente bien en un entorno profesional hasta un alcoholismo funcional, supongo —dijo Sol—. Pero, por favor, no me cite en eso.
—Genial. Chiste de periodistas —oír y ver su intento de risa fingida fue un poco doloroso—. ¿Comieron algo usted o el señor Zit cuando estuvo hoy en la casa?
—Emily sirvió unas pastas de té deliciosas y té y todos probamos un bocado —explicó Sol.
—¿Estaba bueno el té? —Luke se las apañó para preguntarle.
—El mejor que he tomado en la ciudad hasta ahora —dijo Sol, girándose para mirarlo con una sonrisa pícara.
—Y tenías que ir allí sin mí, ¿verdad? —Luke le devolvió la sonrisa juguetona y por un momento logró olvidar dónde estaban y que no estaban solos.
—Ejem, ¡hola! ¿Quieren conseguir una habitación, tal vez? —interrumpió el detective Owens.
Si tú supieras.
—¿A qué hora se fue de la residencia del señor Zit?
—¿Un poco antes de las once? —respondió Sol.
—¿Y el señor Zit se encontraba bien cuando se fue?
—Por lo que pude ver, sí —dijo Sol.
—¿Y usted no se ha sentido mal?
—¿Mal? —Sol pareció entrar en pánico.
—La señora... esto, Emily, dijo que había sentido náuseas y se había sentido mareada toda la mañana —dijo el detective Owens—. Le hemos hecho un análisis de sangre y también podemos hacérselo a usted.
—Ahora mismo tengo un dolor de cabeza enorme. Pero estoy segura de que se debe todo al fastidio y a la hipocondría —dijo Sol.
—¿Entonces nada de análisis de sangre? —insistió el detective Owens.
—Definitivamente nada de análisis de sangre —dijo Sol—. No pueden obligarme, ¿verdad? —se giró hacia Luke y puso su mano sobre el antebrazo de él.
—En absoluto —le dijo él, intentando calmarla con la mirada. No tenía ni la más remota idea.
—Eso sería todo, por ahora, pero por favor llámeme si recuerda algo más —dijo el detective Owens mientras le entregaba una tarjeta a Sol—. Y ni se le ocurra salir del condado y mucho menos del país.
Luke giró la cabeza hacia el detective Owens de golpe.
—Perdone, ¿está diciendo que no puede irse? —preguntó Luke, moderadamente horrorizado.
—No mientras sigamos investigando. Puede que necesitemos hablar con ella de nuevo —dijo el detective Owens.
Luke pensó que el detective estaba disfrutando el hecho de ser difícil.
Pero la peor pesadilla de Luke parecía estar materializándose finalmente ante sus ojos.
El vuelo de regreso a Londres parecía posponerse aún más.
Sol
—Respira. El Agente de Maravilla ha dicho que yo no debería salir del país, pero tú puedes irte cuando quieras —le dijo Sol a Luke en cuanto salieron de la comisaría.
—¿De verdad crees que voy a dejarte aquí? —le soltó Luke, deteniéndose bruscamente en medio de la calle, con una frustración palpable.
—Pareces olvidar que este también es mi país. No es como si me estuvieras dejando abandonada en medio de la nada, Luca. He vivido aquí diez años —dijo Sol, intentando infundir algo de calma y humor.
—No tienes ropa. Estás durmiendo en un colchón hinchable. No tienes coche. ¡Te puedes quemar con este sol de enero! Y no hay ningún sitio donde encontrar un té decente —argumentó él—. ¿Y me estás diciendo que podría dejarte aquí?
—¿Y si te dijera que en realidad hay sitios para tomar un té decente? Es solo que aún no he tenido tiempo de llevarte porque este viaje ha ido al revés desde el principio.
—¿A qué esperas?
—¡Estoy en ello! Pero, antes de ir, déjame decirte algo —por fin se había acercado a él y había una oportunidad de hablar sobre lo que había pasado—. No puedo evitar pensar que no estaríamos en esta situación si no hubiera seguido adelante con la petición de Julie.
—¿Quieres decir si no hubieras ido a ver a Jason Zit a mis espaldas? —dijo Luke.
Era imposible confundir lo enfadado que estaba, aunque Sol sabía que estaba haciendo un esfuerzo por no alzar la voz.
—Sí, y lo siento. Volvería a hacerlo todo de nuevo, incluso conociendo las consecuencias —le dijo ella—. Pero odio que también te esté salpicando a ti.
—No estoy enfadado porque estuvieras allí ayudando a Julie. Estoy enfadado porque no me lo contaste —dijo Luke.
—Y ahora no puedo salir del país...
—Y ahora no puedes salir del maldito país... —se pellizcó el puente de la nariz y suspiró, un gesto que ella sabía que solo hacía cuando estaba nervioso.
El móvil de Luke vibró entonces y lo consultó exasperado.
—Parece que uno no puede ni discutir —dijo—. Lo siento. Es el cliente enviando un mensaje. Déjame leerlo rápido.
—¿Y luego podemos volver a discutir?
Él levantó la vista del teléfono, reconociendo el flirteo en su tono.
—Definitivamente vamos a volver a discutir —dijo, pero ya no sonaba tan cabreado—.
Quieren que siga investigando el envenenamiento de Travis Wise.
Quieren que investigue la muerte de Jason Zit...
e incluso han añadido la desaparición de Simon Smith al encargo.
Pero no lo entiendo. ¿No trabajaban Jason y Simon para una publicación diferente a la de Travis?
—Todos forman parte del mismo conglomerado de medios, Marquee Media —dijo Sol.
—Así que tiene sentido que pidan esta ampliación de la investigación, supongo. Me alegro de que estés aquí para ayudarme a desenredar estas cosas, cara .
Por un momento fue como si hubiera olvidado que se suponía que estaba enfadado con ella.
—¿Pero sigues sin querer que me involucre en el caso? —le preguntó ella, con una ceja arqueada.
—¿Quieres decir más de lo que ya lo estás?
—Ven, conozco el sitio perfecto donde podemos tomar un té como dios manda y comer algo. Podemos seguir hablando allí —dijo ella—. E incluso se puede ir andando desde aquí.
—No me lo puedo creer.
Ella sonrió mientras lo cogía de la mano y lo guiaba por las calles más transitadas por peatones —y más fotogénicas— de Beverly Hills hasta que terminaron en el Urth Caffé de South Beverly Drive.